El largo camino de encontrarse a sí mismo

Leni González
(0)
24 de septiembre de 2017  

Mario Mahler y Teresita Galimany
Mario Mahler y Teresita Galimany Fuente: LA NACION

Vagamundos / Dramaturgia: Blanca Doménech / Dirección: Carlos Ianni / Elenco: Enrique Cabaud, Teresita Galimany, Mario Mahler, Juan Olmos y Magalí Sánchez Alleno / Iluminación: Soledad Ianni / Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo / Música: Osvaldo Aguilar / Asistente: Mariana Arrupe / Sala: Celcit, Moreno 431 / Funciones: domingos, a las 19 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

No calculó bien Max cuando se puso el traje para viajar a esa lejana isla. Desconocía con qué iba a encontrarse ni imaginó que sería un lugar tan inhóspito, al que se accedía con dificultad, sin otro alojamiento más que un refugio rudimentario y apenas cuatro habitantes. El motivo por el que este hombre de abultada billetera y aspecto empresario del primer mundo llega a esa playa en invierno es la búsqueda de su hermano al que no ve desde hace una década. Con una vieja foto comenzará a hacer preguntas pero las respuestas no serán las que esperaba.

Vagamundos , la obra de la española Blanca Doménech (ganadora del premio nacional de teatro Calderón de la Barca 2009 a los dramaturgo noveles), no se había estrenado en su país. Es el director del Celcit, Carlos Ianni, quien la lleva a escena por primera vez después de "argentinizar" los diálogos de estos hippies pasados de época que reciben a su pesar a un burgués perdido. El camino de Max (Mario Mahler) está obstaculizado por Diana y Oliver (Teresita Galimany y Enrique Cabaud), un par de anfitriones al principio muy poco hospitalarios pero que, de alguna manera, acompañarán el alumbramiento de Max a una nueva etapa. Los otros dos personajes son Jimena (Magalí Sánchez Alleno), una chica a la que le gusta contar historias, y Samuel (Juan Olmos), un buscador de pedacitos de ser: aparecen cuando Max está solo y aportan, también, a su confusión existencial. Porque Vagamundos habla del recorrido personal hacia el autoconocimiento, encarnado en este viaje al pasado y al despojamiento del bagaje inútil.

La atmósfera de la obra, esa incertidumbre del que va a tientas, está muy bien lograda: la música y las luces, la escenografía de tonos ocres, nos ubican en un más allá de angustia, donde la espera es infinita. Los actores sostienen con profesionalismo esa vaguedad que genera el choque de dos mundos, el de una realidad pragmática y el de un sueño misterioso. En ese contexto, la presencia de un gran espejo frente al que los protagonistas se sientan "para conocerse" parece un dato que suma una obviedad innecesaria en una obra que pretende dejar puntos suspensivos a las elucubraciones filosóficas individuales.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.