El más transgresor de todos

Pasó por Buenos Aires para elegir al elenco de su versión de La vida es sueño, de Calderón de la Barca
(0)
11 de diciembre de 2009  

Dentro de lo que serán las producciones de 2010 del Complejo Teatral de Buenos Aires, una de las que más expectativas ha despertado es sin lugar a dudas la versión que un director de origen catalán, Calixto Bieito, hará del clásico del Siglo de Oro La vida es sueño . Una rápida búsqueda por Internet acerca de este director permite enterarnos que es considerado el más internacional de los directores españoles, que ha desarrollado una prolífica carrera no únicamente en el campo del teatro dramático sino que en los últimos años viene desarrollando una labor muy prolífica en el campo del teatro lírico, y que sus puestas han sido, por lo menos, controversiales. Y si bien el trabajo de Bieito que veremos en Buenos Aires es, según sus propias palabras, de lo más conservador que ha hecho, la crítica española más tradicionalista no ha visto con buenos ojos que la aparición del rey en escena -el padre del mismísimo Segismundo- sea realizada a través de un desnudo. "No entiendo por qué, cuenta Bieito a LA NACION, la gente de teatro tiene tanto prurito con el desnudo, que es parte ineludible de la historia del arte. Nadie se horroriza cuando va a un museo y se encuentra con mujeres desnudas amamantando niños, pero se asusta cuando un actor se desnuda. Pero puedo garantizaros que, por fuera de eso, la puesta en escena es de las más tranquilas que he hecho puesto que cuando la estrené estaba necesitando llevar a cabo un trabajo de tipo existencialista, apoyado para ello fuertemente en la filosofía de Pedro Calderón de la Barca".

Esta versión que veremos aquí con actores locales que están siendo seleccionados por estos días, fue estrenada en 1998 en el Festival de Edimburgo, y en inglés. Luego realizó funciones en Londres, Dublín y Nueva York, para finalmente ser estrenada en su idioma original y recorrer toda España. "Lamento mucho no haberme podido quedar más días, confiesa en su paso por Buenos Aires, puesto que tengo que resolver al elenco a través de audiciones. Hubiera preferido ir a ver a cada actor en su hábitat, es decir en el escenario, pero no puedo y las pruebas resultan ser la manera más sencilla". Es que además de las giras, las reposiciones y los montajes de ópera, Bieito es director artístico del Teatro Romea, uno de los más importantes de Barcelona. Afirma el propio Bieito que "es uno de los más antiguos de España y el teatro catalán por excelencia. Allí nació toda la autoría catalana y todos los autores han pasado por ese escenario. En un tiempo fue de la Generalitat, luego salió a concurso y lo tomó una empresa privada, Focus, siendo hoy un teatro mixto".

-¿Cuál es tu criterio de programación, teniendo en cuenta que esa sala tiene tanta historia?

-Soy el primer director de una nueva generación que se incorpora a un teatro grande de Barcelona, y esto generó lógicamente un gran cambio en la institución. Y como me gusta el teatro contemporáneo trato de presentar textos de las nuevas generaciones, o clásicos atravesados por una estética más actual.

-¿Cómo serían esos criterios de actualización?

-No soy una persona que se alimenta únicamente de teatro. La música, la pintura, la fotografía son lenguajes que me constituyen como persona. Entonces trato de establecer permanentemente cruces entre el teatro y esos otros lenguajes. De ese modo gano en belleza y también en dinamismo.

La materialidad de la lengua

El hecho de haberla estrenado en inglés lo ayudó a despojarse de cualquier preconcepto. "No hay que olvidarse que esta obra es el Hamlet español, y que desde muy pequeño la lees e interpretas en la escuela. Eso hace que la cultura te señale un modo de leerla y pensarla. Por eso, al haberla estrenado en inglés, ninguna de esas interpretaciones me funcionó. Porque de pronto me encontré escuchando, en otro idioma, los versos que Calderón había escrito y pude descubrir la musicalidad de su trabajo. Pude darme cuenta que más importante que capturar el sentido es dejarse atravesar por ese ritmo de los versos y hacer que lleguen al estómago antes que a la cabeza. Siguiendo esta lógica, mi objetivo primordial es que el espectador pueda enfrentarse a un actor que funciona más como un encantador de serpientes que como un recitador"

-¿Cómo definirías tu lectura?

-La obra es un cuento filosófico, que trata muchos temas como la realidad, la ficción, la representación, entre otros. Pero yo estaba muy influenciado por los dos textos de Calderón, puesto que él primero escribe lo que se conoce como -aunque muy pocos sepan de su existencia- "la versión de Zaragoza", y luego, más de una década después, produce la que todos conocemos que es la versión de Madrid, que es la que circula y la que es leída. La de Zaragoza es prácticamente inexistente en el mercado editorial, y tiene diferencias substanciales. Es más nihilista, más existencial. Se corresponde más con un Calderón joven. Y yo, en aquel entonces, tenía ganas de hacer una cosa muy existencial y nihilista también. La versión original termina con una frase que dice "todo es viento, todo es nada". Y mi versión finalmente acabó siendo evocativa de la historia de España, con homenajes a Velázquez, a Goya. Alguien de hecho dijo que este prisionero evocaba a todos los prisioneros de los campos de concentración de la Europa del siglo XX. Y si bien no lo hice pensando en eso, lo reconozco.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.