El musical que contagia alegría y hermandad

Laura Ventura
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24 de noviembre de 2013  

El loco de Asís / Libro, letras y dirección general: Manuel González Gil/ Música: Martín Bianchedi/ Coreografía: Rubén Cuello/ Intérpretes: Francisco Ruiz Barlett, Anahí Core, Sergio Paglini, Elis García, Ana de Vicentiis, Antonela Fucci, Francisco González Gil, José García Alcázar, Ezequiel Fernanz, Julián Sierra, Iän Casas Paoloni, Matías Prieto Peccia, Anabella Simonetti, Alexia Martinovich y Melisa Fucci/ Arreglos musicales: Gerardo Gardelín/ Vestuario: Anahí Core y Sofía González Gil/ Escenografía: Jorge Ferrari/ Funciones: viernes y sábados, a las 21/ Sala: Margarita Xirgu (Chacabuco 875)/ Duración: 80 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Soy el juglar del Señor", comienza El loco de Asís, el musical argentino que cumple 30 años de vida. Obra conceptual, alejada de una narración cronológica, a través de distintas escenas, el espectador va construyendo el recorrido físico y espiritual que realizó el líder medieval Francisco de Asís, luego canonizado, cuya figura inspiró al actual Sumo Pontífice y recobra hoy una gran vigencia. Manuel González Gil repone esta obra con un elenco muy joven. Componer a Francisco no es tarea sencilla y para eso se convocó a un intérprete que está a la altura del desafío: Francisco Ruiz Barlett. Con su conmovedora actuación e impecable voz (también baila y lo hace muy bien, incluso descalzo, a diferencia de los demás artistas, requisito de su personaje). El loco de Asís contagia alegría y hermandad, no sólo desde su mensaje. Si bien hay un protagonista indiscutible, González Gil dotó al resto del elenco del mismo nivel de protagonismo y distribuyó salomónicamente las incursiones de todos ellos. Anahí Core, Elis García, Sergio Paglini y Ana de Vincentiis tienen sus momentos de brillo.

Martín Bianchedi, socio musical de González Gil, creó mucho más que las canciones de El loco de Asís, ya que compuso una banda de sonido. Son pocos los minutos de silencio o de pleno texto en esta pieza. Bianchedi logra un collage donde se combinan recursos operísticos con el lenguaje del rock. En esta reposición se estrenan dos nuevas canciones, que fieles al estilo de El loco…, poseen partituras tan bellas como complejas y atraviesan muchos estados de ánimo, siempre con la guitarra eléctrica como instrumento destacado. Al ritmo de la danza contemporánea y con un ínfimo diseño escenográfico la mayor parte de la acción cuenta con numerosos intérpretes sobre el escenario. Virtud de la dramaturgia, el mensaje de San Francisco aparece dosificado y se transmite en cada escena, con el cuerpo, con la voz y con la actuación, y no a modo de sermón intermitente y sordo.

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