El recorrido débil de un personaje entrañable

Carlos Pacheco
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28 de mayo de 2018  

120 KILOS DE JAZZ. A utor, intérprete y director: César Brié. Técnico: Vera Dalla Pascua. Tráiler y video: Juan Barone. Sala: La Carpintería, Jean Jaurès 858. Funciones: miércoles, a las 20.30. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: regular

Escrita en 2007, la pieza 120 kilos de jazz tiene una segunda versión, que se publicó con el título La jam session de Méndez, en el volumen Dramaturgos argentinos en el exterior, una compilación de la investigadora Ana Seoane, publicada por el Instituto Nacional del Teatro. Este original posee varios personajes que en la adaptación actual, que se presenta en la sala La Carpintería, han sido reducidos a un único protagonista, el Gordo Méndez. Un narrador exclusivo que se ve obligado a dibujar sobre el escenario un universo cargado de múltiples significados.

El Gordo es un ser muy singular. Afecto a la comida, al jazz y a algo tal vez más peligroso, un amor no correspondido que lo lleva a introducirse en una coyuntura tan inesperada como grotesca. Él salta todos los obstáculos y logra que sus tres pasiones confluyan en una noche de fiesta. Solo en unos pequeños momentos, que se transformarán en inolvidables, el Gordo Méndez tendrá la posibilidad de mostrar sus aristas más sensibles y, también, las más desprejuiciadas.

La historia es verdaderamente atractiva. El mundo interno del personaje, la relación con sus amigos, la difícil realidad que debe atravesar para lograr eso que tanto ansía convierten a este hombre en un ser extremadamente afable al que el espectador aceptará de inmediato. El Gordo Méndez sabe muy bien cómo ganar la atención de un mundo que, en apariencia, le resulta hostil.

La puesta que concibe el autor, actor y director César Brié es sumamente despojada. Solo en escena da vida al relato. En algunos momentos se relaciona directamente con algunos espectadores y los hace partícipes de ciertas desventuras o aciertos del personaje. No queda claro por qué necesita introducir algunos comentarios sobre la realidad argentina actual: hace referencia a ciertos dichos de Lilita Carrió, expresa su opinión sobre los aumentos tarifarios. Cuestiones que, seguramente, el Gordo Méndez nunca hubiera explicitado porque no forman parte de su necesidad en esa noche tan especial en la que se desarrolla el argumento.

Una bella dramaturgia, con simpáticos personajes, da forma a esta aventura conmovedora que, lamentablemente, llega con poca intensidad a la platea. César Brié toma cierta distancia del relato. Observa desde afuera esas ricas situaciones que debe enfrentar ese hombre para llegar a un objetivo que no está dispuesto a perder.

El recorrido que realiza el intérprete, aun así, acapara la atención de los espectadores. Las desventuras del Gordo Méndez no pasan desapercibidas. Muchas pequeñas sutilezas se pierden en pos de mantener un ritmo creciente que le de mayor agilidad al espectáculo.

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