El sabor especial de una tarde de domingo en cualquier barrio

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31 de enero de 2002  

“Doméstico”. Dramaturgia y dirección: Guillermo Cacace. Intérprete: Jorgelina Aruzzi. Música original: Fernando Sayago. Escenografía y vestuario: Verónica Segal. Asistencia: María García Guerreiro. En el Callejón.

Nuestra opinión: bueno.

Los domingos por la tarde tienen un sabor más que especial, sobre todo en ciertas barriadas en las que parecería que se detiene la vida. Esas radios –de distintos vecinos– que transmiten diferentes partidos de fútbol parecieran ser los únicos sonidos admisibles.

Y quienes no participan de eso, de seguir con pasión las alternativas de un encuentro futbolero, quizá no tengan más opciones que detenerse en sí mismos, reflexionar sobre su propia condición, mientras, por ejemplo, se plancha un guardapolvo que al otro día, al colocarse, determinará sencillamente que la semana comenzó. Pero hasta que ese acto suceda los recuerdos pueden resultar muy duros. “Domésticos”, busca captar ese momento, esa tarde de domingo, sombría y estéril, angustiante, demoledora. Una mujer, una vecina común, profesional, que vive sola y casi recluida, intenta planchar. Cada vez que está dispuesta a iniciar esa acción, se detiene y habla. ¿Con quién? Con ella misma, o con cuanto personaje le permita su fantasía. Cuenta su historia, habla de su familia, de sus vecinos, de sus compañeros de escuela. Y habla de un perro que la acompañó. Un perro familiar, un perro-hijo, un perro-amigo, un perro-padre-madre-hermano. Otro que le abrió ciertas puertas de ¿una vida mejor?

Ella es patética, agresiva, perversa, mentirosamente angelical. Pero también hay algo de sublime en ese personaje. Y es que esa soledad, vivida así, la torna entera. No tiene escapatoria. Ella vive y eso es lo más verdadero.

“Domésticos” es un trabajo en el que todos los roles artísticos están dispuestos en un único objetivo, el espectáculo. Queda muy claro que hay allí un proceso de creación en el que el autor y director y la actriz se dieron el tiempo necesario para dar forma a ese mundo y a esa criatura con una gran minuciosidad.

Descubriendo el interior

En su corporalidad, en su voz, en las pequeñas transiciones, Jorgelina Aruzzi consigue una interpretación sumamente destacable. La actriz relata a partir de imágenes muy fuertes que todo el tiempo atraen la atención del espectador. El verdadero interior de ese personaje va asomando lentamente, y en más de una oportunidad, la sorpresa se impone con fuerza. Desde la dirección está claro que a Cacace le importa sobremanera ese personaje y no está mal. Su labor es intensa. Pero como autor descuida, quizá, potenciar su dramaturgia. A medida que avanza la representación no asoman novedades que dramáticamente hagan crecer al espectáculo. Es demasiado apretado ese círculo en el que encierra la historia. Escenográficamente Verónica Segal, con cuatro objetos, logra definir con gran intensidad el espacio que habita ese sombrío ser.

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