El susto y el desamparo originario

José Nesis
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11 de julio de 2019  

¿Por qué alguien elige voluntariamente ir a un espectáculo para asustarse?

La respuesta más obvia para un analista tiene que ver con que los seres humanos nacemos muy indefensos: a comparación del resto de los mamíferos, nacemos con el sistema nervioso totalmente inmaduro y un cuerpo que no tiene ninguna capacidad de supervivencia por sí mismo. Ese desamparo, que Freud llama "desamparo originario", es algo que nos acompaña desde siempre como especie y que aumenta en determinados momentos, cuando nos sentimos más vulnerables ante los riesgos. Históricamente, existieron sonidos, oscuridades y peligros a los que tenerles miedo.

A medida que crecemos, empezamos a desarrollar mecanismos para sobrellevar los miedos y no pasarla tan mal. La angustia, un sistema sofisticado que funciona aquí como una señal frente a algo malo que puede pasar, es uno de ellos.

Y dentro de todo ese escenario, los seres humanos tenemos otros modos de elaborar lo traumático. Ir a ver un espectáculo donde nos asustamos es generar un contexto donde somos un poco dueños de la decisión: nos vamos a sorprender... pero no tanto. Desde chiquitos vivimos tratando de conjugar y elaborar la escena humana de ese desamparo y ver una obra o película de terror es, de algún modo, como la fantasía de poder triunfar sobre aquello ante lo que no podemos triunfar.

El autor es psicoanalista

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