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En busca de la identidad nacional

Jazmín Carbonell
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22 de julio de 2017  

Fuente: LA NACION - Crédito: Alternativa Teatral

Remar (Un destino impropio) / Dramaturgia y dirección: Mariano Saba / Intérpretes: Mariano González, Hernán Melazzi, Gustavo Sacconi / Escenografía y vestuario: Paola Delgado / Diseño de luces: Ricardo Sica / Asesoría en movimiento: Laura Vago / Máscara: Gustavo Garavito / Asistencia de dirección: Mariela Selicki / Sala: Sportivo Teatral (Thames 1426) / Funciones: domingos, a las 20 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

El Sportivo Teatral es el espacio perfecto para Remar, la nueva propuesta de Marino Saba. Es que la sala-trinchera de Ricardo Bartís que desde su título refuerza la idea de la teatralidad ligada al entrenamiento, al cuerpo como instrumento ejercitado al servicio de su actividad, albergó ya unas cuantas obras que contenían algún deporte. Pasó la pesca, el boxeo y ahora llega el remo. Siempre prácticas deportivas un poco al margen, periféricas, nunca brillantes y que, entonces, marcan una melancolía de entrada.

A esto se le suma la huella Saba que ya contiene unos claros elementos que permiten identificarla: el repaso por los géneros populares, el interés por lo argentino en tanto entiende que es una cultura que se ha forjado a los tropezones, una buena cuota de humor con parodia incluida y, por qué no, la investigación de la historia y la literatura universal. Aquí todos esos elementos aparecen. Ni bien comienza la función, un hombre con un acordeón nos anuncia que veremos una opereta. No habrá baile cancán, pero sí una trama que por momentos tiene elementos algo disparatados. O si se prefiere elementos mitológicos que alejarán la pieza de un llano costumbrismo.

Dos remadores del club El Gallo Fiambre Boat Club emprenden una carrera clandestina contra los Canottieri Italiani, por el delta del Tigre, en busca de una redención de su alicaído club. En medio de este recorrido se enfrentarán con algo mucho más complicado que las aguas ya conocidas por ellos. El dios griego del mar, Poseidón, busca vengar la muerte de su hijo. Lleva largo tiempo esperando el momento y hoy decidió ponerle fin. Pagarán esa muerte estos remeros ingenuos que sin querer y sin saberlo pecan de hibris trágica cuando quieren a toda costa desafiar los designios de los dioses.

La construcción de la identidad nacional significa en sí misma una odisea, un viaje lleno de vaivenes, de incertidumbres. Por momentos se siente naufragar, perder el equilibrio. Así lo entiende Saba en esta nueva propuesta que mezcla géneros (como es su costumbre y su camino: así lo hizo hace unos años junto a Andrés Binetti cuando probaron suerte con nuestros primeros géneros como el sainete y el grotesco), pero sobre todo ilumina esa suerte de génesis de lo argentino, esa idiosincrasia un poco irregular que tiene como sello el mosaico inmigratorio de comienzos de siglo XX.

La odisea homérica narra la vuelta a casa de Ulises luego de la guerra de Troya. Acá no habrá Troya, no tendrán que volver a Itaca, pero sí a sus hogares, desearán hacerlo, de forma que el pretexto se vuelve marco ideal para narrar la travesía y conocer en profundidad a Boris y a Esteban.

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