En utilería, mejor lo auténtico

Ernesto Schoo
(0)
19 de mayo de 2012  

En el blog de la sección Teatro del Guardian de Manchester, en la edición del pasado martes 15, la lectora Bella Todd se pregunta: ¿qué sería de la historia de Otelo sin el pañuelo de Desdémona, de Macbeth sin su daga, o de Hamlet sin el cráneo de Yorick?

Cuenta que acaba de ver, en el Festival de Brighton, una obra del iraní Nassim Soleimanpour, Conejo blanco, conejo rojo , en uno de cuyos tramos entra en escena un actor llevando en una mano un frasquito con un líquido indeterminado y en la otra dos copas. Le pide a un espectador que vuelque el líquido en las copas y anuncia que él va a beber, informando, de paso, que en una de ellas - no se sabe cuál - se ha vertido previamente un poderoso veneno. Pero bien podría tratarse tan sólo de azúcar?

"Hasta ahora -escribe la señora Todd- no sé de nadie que haya muerto en estas circunstancias, pero el hecho me llevó a pensar en la importancia que en algunas obras adquieren los más pequeños objetos, el frasquito en este caso, que tiene el poder de afectar todo el curso del espectáculo." Y reflexiona: "Los mayores premios de teatro no toman en cuenta el rubro «mejor utilería», considerándola, acaso, incluida en la escenografía, pero es algo muy diferente". Formulando a continuación aquellas preguntas sobre el uso de los objetos en las tragedias de Shakespeare.

* * *

Basta pensar en las ocasiones (y no han sido pocas) en que un descuido del utilero deja al actor en una situación incómoda, cuando el revólver que tiene una importancia capital no está en el cajón del escritorio, o la carta fatal tampoco aparece donde debiera. Parece ser auténtica la anécdota, mil veces citada, del actor que, desesperado al no encontrar el revólver con que debía defenderse del villano que lo acosaba, le apuntó a éste, como hacen los chicos cuando juegan, con el dedo índice, el pulgar en alto y los otros tres replegados sobre la palma, y le gritó: "¡Pum!" También es famosa (y verídica) la ya legendaria historia de cómo Luchino Visconti demoró varios días el estreno de su versión de El jardín de los cerezos , porque en una mesa del decorado debía estar, entre otros objetos, una cajita rusa de plata, del siglo XIX, inhallable momentáneamente en las tiendas romanas de antigüedades. Cuando le preguntaron por qué no usaba otra caja, dado que el espectador no la vería, contestó: "No se trata del espectador sino del actor: la necesito para crearle una atmósfera en la que pueda creer".

Pero lo realmente notable del texto de la señora Todd es la referencia a un hecho tan insólito como macabro. La lectora recuerda que la Royal Shakespeare Company usa en sus puestas, para la escena de Hamlet con la calavera de Yorick, el cráneo auténtico de un pianista polaco apreciado por el público británico, André Tchaikowsky, tan ferviente admirador de la RSC que le legó su cráneo, a fin de compartir, aunque fuese después de muerto, el escenario con sus actores favoritos. "Ninguna calavera de utilería tiene tal presencia escénica", asegura un directivo de la compañía. Para confirmarlo, el Guardian publica una fotografía del actor David Tenant en plena conversación con "el pobre Yorick".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.