Encuentro de maestro y alumno

La dupla de director y actor estrenarán pasado mañana Yo soy mi propia mujer
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4 de enero de 2007  

Ellos se conocen hace años, pero pocas veces trabajaron juntos. Agustín Alezzo, el maestro y director, y Julio Chávez, el actor, preparan un espectáculo muy singular. La pieza se llama Yo soy mi propia mujer y pertenece al norteamericano Doug Wright. Este encuentro entre los creadores parece muy efectivo. Chávez no bien leyó el material decidió que sería Alezzo quien lo dirigiera, y cuando le envió la obra al director éste aceptó inmediatamente. Los dos vienen de realizar experiencias muy opuestas. Julio Chávez cumplió una exitosa temporada con Ella en mi cabeza, de Oscar Martínez, y Agustín Alezzo concretó en España, el año pasado, el estreno de El zoo de cristal, de Tennessee Williams.

Desde hace aproximadamente un año y medio Chávez carga con este proyecto -que estrenará pasado mañana en el Multiteatro- que muestra aspectos de la vida de Lothar Bernfeide, un hombre que desde muy joven decidió travestirse y a quien toda Alemania conoció como Charlotte von Mahlsdorf. Para muchos, tal vez, un ser extravagante de Berlín del Este, pero de una interioridad sumamente atractiva. Eso lo descubrió el autor Doug Wright, quien se interesó por esa particular travesti y, durante los años 90, realizó numerosas entrevistas con ella tratando de descubrir aspectos de su vida íntima, aunque no pudo dejar de lado el contexto social y político -el nazismo y el comunismo- que la fueron determinando, moldeando o a los que tuvo que adaptarse.

Charlotte von Mahlsdorf, que nació en 1928 y murió en 2002, decidió a los 14 años travestirse pero siguiendo un modelo muy particular, porque de continuo mostraba también sus rasgos masculinos, lo que promovía un juego con su sexualidad que resultaba muy provocador, a veces, muy desorientador, otras, y siempre muy inquietante.

Durante años coleccionó muebles y objetos de la época de Guillermo II y hasta fundó un museo en Berlín que hasta hoy permanece abierto. Por este aporte al patrimonio cultural germano recibió la Orden Alemana del Mérito, luego de la caída del Muro.

Pero algo oscureció la vida de Charlotte en el último tiempo. En 1992, cuando se abrieron los archivos de la Stassi, se descubrió que había sido informante y colaboradora del servicio secreto alemán.

La ambigüedad

Después de varios años de no dirigir en Buenos Aires a causa de un problema de salud, Agustín Alezzo retoma su camino de director, ahora en el circuito comercial. La aclaración vale porque en los últimos tiempos siguió formando alumnos y dirigiendo en su escuela, donde montó piezas de Harold Pinter, Tennessee Williams y Woody Allen. Pero lo une a Julio Chávez una profunda amistad y no pudo resistirse a dirigirlo en esta experiencia -el primer unipersonal del intérprete-, también fascinado por esta pieza.

"Me ha interesado muchísimo cómo el autor toma contacto con esta mujer y cómo se fue apasionando con su historia -comenta el director-. Charlotte es un ser humano que ha pasado por todo. Por momentos aparecen aspectos de su comportamiento y de su personalidad que no son femeninos, sino de un hombre. Es un personaje muy ambiguo y no sólo desde el punto de vista de su sexualidad. Es interesantísimo, también, reconocer su responsabilidad en cuanto a lo que vivió. Lo importante es que el autor no toma partido, no la juzga, la muestra para que el espectador la descubra y él tome partido, si quiere."

Pero no sólo el creador se detiene en lo formal de este personaje alemán. Le importan ciertos relatos que asoman en la pieza y hablan severamente de las condiciones sociales y políticas que debió enfrentar Charlotte von Mahlsdorf. "Ella se refiere al nazismo e inevitablemente uno encuentra referencias a aquel momento en la actualidad, cuando aparecen los neonazis, cuando vuelve la homofobia. Ahí sus reflexiones adquieren una gran agudeza y revelan a ese personaje de una profunda vitalidad y, también, de una gran vulnerabilidad."

Una decisión

El actor Julio Chávez siente que este proyecto le impone un fuerte riesgo. No sólo está apasionado por este personaje sobre el que ha leído muchísimo, sino también por su autor, porque ha logrado darle trascendencia a esa travesti de una manera inusitada. "Sobre lo que hay que hablar -destaca- es sobre el autor porque es él quien en escena presenta a Charlotte. Doug Wright conoció a Charlotte y quiere volver a experimentar esa sensación y, a la vez, hacértela experimentar a vos, espectador. El conoció a esa mujer y necesita que vos la imagines y comprendas la naturaleza de ese objeto que él encontró y que es fascinante."

- ¿Qué es lo que más te fascina de ella?

-Es un ser que vivió, que existió y que tuvo que sobrevivir a dos épocas muy particulares, con manchas dudosas acerca de su comportamiento, y finalmente la pregunta que se hace el autor, y traslada al público, es: cómo podemos conocer a ciencia cierta la existencia del ser humano, cómo se la puede juzgar.

- Hay algo muy particular en ese ser que no era netamente una mujer, pero tampoco un hombre, que no se jactaba de su condición sexual, sino de ser coleccionista de muebles, por ejemplo.

-Para un actor es bien interesante. De pronto usaba tacos altos; de pronto, pantalones de cuero. De joven salía por las calles de Berlín con las batas de su madre y con tacos, pero también mató a su padre en defensa de su madre. Este personaje es sumamente atrapante de leer y es muy inquietante poder articular esa personalidad. Sus características son muy especiales y uno debe tomar decisiones y eso conlleva riesgos. Estamos frente a la existencia humana, entonces, se debe ser muy respetuoso y al mismo tiempo muy libre, porque ella lo era. Decidió marcar su propio rumbo y, al hacerlo, olvidar algunas cosas y recordar otras, para poder sobrevivir. Ahí es donde más me siento relacionado e identificado. Creo que nuestra personalidad está formada de recuerdos y olvidos.

- Pero aquí también hay una decisión que enfrenta a toda una época.

-Su decisión acerca de su vida es muy poderosa por las circunstancias. No sólo se trata de una decisión individual, aquí hay unas circunstancias que pasaban por la mirada de la tribu y la tribu estaba feroz en ese momento, aunque la decisión o la inclinación sexual o el gusto sexual de cada ser humano es mucho más personal de lo que nosotros suponemos. Esta mujer se abalanza sobre una decisión porque además la escoge como manera de sobrevivir. Fijate que ya el mismo título de la obra conlleva un enigma: Y o soy mi propia mujer.

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