Entre caviar y rabanitos

Jean-François Casanovas, el francés radicado aquí desde 1980, estrena su nuevo espectáculo
Jean-François Casanovas, el francés radicado aquí desde 1980, estrena su nuevo espectáculo
Alejandro Cruz
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26 de enero de 2002  

Desde Francia, su país natal, Jean-François Casanovas llegó a Buenos Aires el 29 de junio de 1980, día martes. El dato no es casual, porque esa noche aprendió la primera costumbre local: la de comer los tradicionales ñoquis del 29. Desde aquella primera comilona, con un billete bajo el plato, este francés de anteojos siempre llamativos recorrió un largo camino sobre las tablas. Allí, junto a su grupo Caviar, impuso un estilo de transformismo único que se convirtió en toda una marca.

"Para mantenerse hay que saber bien lo que uno quiere, porque si no vas cambiando según los vientos de moda. De todas formas, desde que llegué de Francia traté de conservar mi marca. No soy de hacer concesiones, lo que el público le gustaría ver. Ahora están de moda los "Monólogos de la vagina" y todas esas cosas, pero con Caviar no somos de hablar de esos temas. Tampoco somos de interactuar con el público con esos juegos en los que se termina escupiendo o molestando al espectador. Eso no me va. Tampoco hablo de política porque no sé lo suficiente".

Con estas líneas directrices, Casanovas sienta las bases de su estilo. Un estilo que vuelve a las tablas hoy, con el estreno de "Rábano", el espectáculo que todos los sábados, a las 23, y los domingos, a las 21.30, presentará en el Teatro de La Casona (Corrientes 1975). Allí tiene ocupado cada rincón de los camarines con los 50 vestidos que componen los 26 cuadros de este show que lleva la marca Caviar. Como le gusta decir, una marca que tiene que ver con un "lujo asquerosamente asiático".

"Teníamos ganas de llamarlo "Hambre" y no "Rábano", pero cuando llegué a Argentores el título estaba registrado. Y como los afiches ya los tenía diseñados y la niña de la foto tiene un rábano en la mano -en verdad no sé si es un rábano, una mandioca o un nabo-, optamos por "Rábano". De todos modos, la idea siempre fue conservar el lujo de Caviar para hablar del hambre."

Casanovas llega al teatro con una sospechosa bolsa de supermercado en la mano, que contrasta con su fina estampa. Pero para todo tiene una explicación: "Es que todos los jueves leo los destinos de la gente en las arenas del desierto", se justifica, mostrando la arena que lleva en la bolsita. Claro que habría que aclarar que no se trata de míticas arenas de un desierto africano. Nada que ver. Con su cuerpito gentil y su particular manera de arrastrar las "eses", Casanovas llega a la entrevista luego de pasar por una obra en construcción ubicada frente al teatro. Allí, con todo desparpajo, pidió ese vital elemento adivinatorio que se convierte en uno de los números que conforman el espectáculo que presenta todos los jueves en la librería-bar Truman (Serrano casi esquina Córdoba).

Y como no hay dos sin tres, entre la serie de actividades que lo ocupan estos días de cacerolas y calor, a partir del 2 de febrero comenzará con los ensayos de "Cabalgata", un espectáculo con producción del Complejo Teatral de Buenos Aires que se estrenará el 21 de marzo en el Teatro Alvear.

Es un proyecto que lo tiene sumamente entusiasmado. No es para menos, porque "Cabalgata" significará un nuevo encuentro con Oscar Araiz, "mi maestro", que ya lo dirigió en otras oportunidades. La primera de ellas fue en 1984, cuando montaron aquel magnífico espec- táculo llamado "Fénix". Luego se volvieron a juntar en "Los siete pecados capitales" y en "La dama de Montecarlo".

De todos modos, sus energías ahora están puestas en "Rábano". "Las escenas cuentan algo, pero no hay un hilo conductor. Yo cuento sensaciones que, cuando te vas, puede ser que te quede la sensación de haber visto una película romántica, de acción, de terror, o una película francesa lenta y aburrida", acota mientras repasa cada número que conforma este vertiginoso show, en el que comparte las tablas con Marcelo Iglesias, Eduardo Solá, Pamela Lago y Víctor Godoy.

Casanovas considera que una de las marcas del grupo consiste en el uso del playback. "Me gusta trabajar a partir de los desechos de la sociedad de consumo, a partir de viejas melodías, casi olvidadas. Recupero esas cosas que están pasadas de moda imponiendo una vuelta de tuerca. Como en "Caserón de tejas", un clásico de Libertad Lamarque que nos sirve para contar la historia de unas hermanas. Claro que una de ellas está en silla de ruedas y la llevan de un lado al otro. En esos casos, apelamos al humor negro, creando un clima entre romántico e inmunodepresivo", apunta.

-En estos 22 años, ¿te han robado mucho?

-Es la palabra justa. Diría que me han copiado mucho y robado bastante, pero no voy a dar nombres. De todos modos, me sorprende esto último. Por ejemplo, una vez hice un playback sobre un tema de Libertad Lamarque llamado "Andate, nomás, andate". Ese tema lo grabó la Lamarque hace 65 años y parece que fui el único que asoció el "andate" con un tipo con una valija en la mano yendo de un lado al otro sin saber si se tiene que quedar o si debe partir. Esa idea la copiaron cuatro o cinco veces usando los mismo elementos. La verdad es que no sé cuál es el beneficio de hacer una copia de este tipo, pero la hicieron...

-¿Sentís que en todo este tiempo te reiteraste?

-Uno tiene un estilo. Para unos, eso es reiterarse y para otros es seguir la senda. Entonces, no sé qué contestarte.

Del playback a la voz

Fuera de su trabajo de fonomímica con Caviar, en algunas realizaciones teatrales Jean-François Casanovas se largó como actor de texto.

"El primer espectáculo en el que tuve que hablar fue cuando hicimos "Las cuatro gemelas", de Copi, con dirección de Miguel Guerberoff. La segunda fue en el 99, con "La dama de Montecarlo", junto a Oscar Araiz. Luego Manuel Gonzalez Gil me llamó para "Orquesta de señoritas", un proyecto de teatro Corrientes. En ese caso tuve la suerte de trabajar con actores como Gabriel Goity, Gustavo Garzón y Horacio Fontova; tipos que tienen una cancha espectacular. Aprendí mucho. Sobre todo de Héctor Presa, mi compañero de escena, que conmigo se portó de una manera genial. Apenas me llamaron aclaré que de eso no sabía nada, una forma indirecta de pedir ayuda y paciencia. De esas obras diría que aprendí a manejar y a escuchar mi voz y, por otra parte, me saqué cierto autoritarismo, entendí que la gente no era perfecta porque yo tampoco lo soy. Esto último lo entendí claramente ensayando con Guerberoff y con Gonzalez Gil."

Autoritario o no, el papel de actor y director de la batuta de Caviar parece ser el que más le gusta. Y como darle vida a ese ser andrógino que sensualmente muestra sus piernas parece ser el juego que más lo apasiona, todas sus energías están puestas en "Rábano".

"Cada vez que hice temporada de verano en Buenos Aires me fue bien -apunta-. Obviamente, con todo lo que está pasando ahora, no tengo la más remota idea. De todos modos, hice las cuentas de cuánto iba a perder y ya lo tengo asumido. Quedarme en casa con todo ese roperío comiendo tortas fritas, no me daba... "

Los transformistas

  • Según Casanovas, uno de los secretos de Caviar tiene que ver con "esos personajes andróginos, con esas mujeres calvas, sin senos, de piernas bellas, pero que pertenecen a un hombre. Una especie de androginia alevosa".
  • Otra de las signos del grupo es el uso de un vestuario fastuoso que él mismo diseña y que, casi por arte de magia, los cinco actores se cambian en lapsos que van de los 40 segundos a los 2 minutos. "Ni tenemos tiempo de discutir", ironiza.

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