Ese amor que nunca muere

La tragedia de Shakespeare vuelve una y otra vez al escenario, al cine y a la TV por su siempre vigente proyección universal
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10 de mayo de 2003  

En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias rivales igualmente nobles habían derramado, por sus odios mutuos, inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor.

No se necesita mucho más que estas palabras para saber de qué se trata: "Romeo y Julieta", conocida como la primera tragedia romántica de Shakespeare -escrita probablemente en 1595-, que hoy se estrenará en el Teatro Regio, en una versión de Mauricio Kartun dirigida por Alicia Zanca y con un elenco encabezado por Laura Novoa y Pablo Rago, en los papeles protagónicos.

La obra, según algunos estudiosos, está basada en un poema de Arthur Brooke, "The tragicall history of Romeus and Juliet" (1562), una traducción de la Novelle de Bandello.

Otra fuente ubica sus orígenes en la novela griega "Anthia y Abrocomas", de Jenofonte Efesio, que el napolitano Masuccio de Salerna reelaboró en su Novellino de 1476. Allí dos jóvenes amantes, Mariotto Magnanelli y Gianozza Saraceni, contraen secreto matrimonio ante un fraile agustino. El luego es desterrado por matar a un ciudadano, y ella, comprometida por su padre a otro hombre, obtiene del monje un licor que la hundirá en un letargo de tres días. Como en la obra de Shakespeare, dicha estratagema no se desarrolla del modo esperado y ambos mueren: él decapitado por regresar al lugar donde había sido proscripto y ella, de pena, en un convento.

Estos son los orígenes del drama lírico que también inaugura una leyenda: la del amor eterno, aquel que se nutre de la muerte para dejar una huella indeleble. La muerte lo vuelve perenne, transforma lo efímero de la pasión en una vocación infinita.

De esta manera se transforma en una obra de proyección universal. Aun sin haberla leído o sin haber asistido a una puesta escénica, cualquiera sabe quiénes son Romeo y Julieta, y en este conocimiento mucho tuvieron que ver las distintas disciplinas artísticas. Casi medio centenar de versiones cinematográficas, sin contar los telefilms, más de una docena, óperas, ballets y una cantidad infinita de puestas teatrales. De esta manera, la sola mención de sus nombres inmediatamente los coloca como los inocentes protagonistas de una historia de amor juvenil, rebelde e irreflexivo, apasionado e ingenuo, víctimas de la intolerancia y el odio.

En imágenes

Ya desde la aparición del cine fueron varios los directores que se vieron seducidos por esta historia de amor. Desde Maurice Clément (1900) en la primera versión muda, pasando por Ernst Lubitsch (1920), hasta la primera sonora de George Cukor (1936), con Norma Shearer y Leslie Howard, o la de Renato Castellani (1954), con Laurence Harvey y Susan Shentall, que reprodujeron con fidelidad el texto y la época originales.

Hay numerosas versiones y en la cantidad mucho tienen que ver las posibilidades que ofrece el tema para realizar variaciones genéricas. De la tragedia viró alternativamente al drama, a la comedia, al musical, a la ópera, al ballet, a la telenovela, al melodrama. Por eso, no extraña que se encuentre en el listado al cómico Cantinflas como protagonista de un film mexicano de 1943.

Pero cuando, en 1960, Arthur Laurents se dio cuenta de que la historia de Romeo y Julieta le permitía llevar a la escena el enfrentamiento entre dos comunidades neoyorquinas, ambientado en los años 60, todo cambió. A partir de ahí, el musical "Amor sin barreras" ("West Side Story", que también se llevó al cine, en 1961) demostró que esa tragedia del siglo XVI podía cobrar en cada década una significativa actualidad, tendencia que no impidió que Franco Zeffirelli (1968) realizara una estilizada y respetuosa versión con Leonard Whiting y Olivia Hussey. Pero, por lo común, a cada director el texto le servía para contar, por ejemplo, que "No somos ni Romeo ni Julieta" (1969), de Alfonso Paso, o "What Became of Jack and Jill?" (1971), de Bill Bain, o "Romeo + Juliet", de Baz Luhrmann, con Leonardo DiCaprio, que llevó el drama, en un clima de mucha violencia, a escenarios de Miami.

Pero, sobre todo, lo interesante es la posibilidad de apoyarse en los conflictos de la pareja para hablar de los prejuicios raciales, tal como sucedió con "Amor sin barreras" y con "Romeo Must Die" (2000), que dirigió Andrzej Bartkowiak, donde planteaba el enfrentamiento entre las comunidades china y afroamericana.

Lo más llamativo dentro de toda la variedad y cantidad es el origen de las propuestas. Lógicamente, en materia fílmica, los Estados Unidos y Gran Bretaña cuentan con el mayor número de versiones, pero también existen francesa, italianas, alemanas, españolas, egipcia, mexicanas, india, soviética, checas, rumana, cubana, singapurense.

Para la escena

No todo se limita al cine o al teatro. También el ballet encontró el tema ideal para desarrollarlo con bailarines, siendo la música de Sergei Prokofiev la más representada a través de distintos y prestigiosos coreógrafos. El argumento también sirvió a la ópera, siendo las más conocidas las de Charles Gounod ("Romeo et Juliette") y Vincenzo Bellini ("I Capuletti ei Montecchi") y en materia sinfónica, la dramática de Héctor Berlioz y la fantasía obertura de Tchaikovsky.

Lo más difícil de registrar son las puestas escénicas, que son incontables. En nuestro país, cabe recordar la versión de Rodolfo Graziano en el Taller de Garibaldi; la del Grupo Sanitario de Operaciones (TSO), que presentó "Mantua", inspirada en esta obra shakespeariana, pero en una versión más violenta; la de Ariel Bufano, que en los años 50 creó, con Sergio De Cecco, el Teatro Rodante de Marionetas, con el que puso en juego su visión especial de los títeres, probando suerte con muñecos de gran tamaño en una versión completa de "Romeo y Julieta".

La pieza de Julio Tahier "El romance del Romeo y la Julieta", con adaptación y dirección de Manuel González Gil y Rubén Pires, que interpretaron Florencia Peña y Guillermo Fernández. El submundo tanguero se adaptó como un guante a la historia de los amantes de Verona.

Emilia Mazer también realizó una versión, acompañada por Fabián Venna, y fue un éxito marplatense la puesta que realizaron Gustavo Bermúdez y Mara Bestelli. "Romeo y Julieta expulsados del paraíso", versión que realizó Claudio Nadie hace más de diez años, parte de la idea de que los dos amantes en realidad simularon su muerte y, detective mediante, posteriormente se los localiza en un conventillo, con una familia formada, donde Julieta lava ropa en un piletón mientras Romeo ostenta su haraganería y su abulia.

En la preferencia por esta tragedia entra en juego no sólo una historia de amor, sino también la juventud de sus protagonistas, los impedimentos externos para concretar su amor, la intolerancia, los odios familiares, etcétera. En una carrera desesperada que se corresponde con la sensibilidad adolescente, los dos jóvenes buscan hastiarse con su amor en unos pocos días. Tan veloz es el paso que la vida no les alcanza para saciarse. Deben morir para completar el periplo, no como dos personajes trágicos, sino como dos niños inocentes que no alcanzaron a comprender los resortes complejos que mueven al mundo.

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