FIBA: vender teatro en una especie de reality

Pablo Maritano contando a programadores internacionales de su puesta de Siglo de Oro trans
Pablo Maritano contando a programadores internacionales de su puesta de Siglo de Oro trans Crédito: Santiago Cichero/AFV
Alejandro Cruz
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1 de febrero de 2020  • 17:15

De un lado dos representantes de cada uno de los 49 montajes que se están presentando en el FIBA (mayoritariamente son locales y algunos pocos de países vecinos). Del otro lado, más de 160 programadores, productores o directores de festivales del mundo mundial. Unos 130 extranjeros fueron invitados por el Festival Internacional de Buenos Aires (más que el total de artistas extranjeros en escena) De un lado, los artistas "venden" sus obras. De otro lado, están los potenciales compradores. No hay mesas de gran barata. Sí un rígido protocolo que tiene sus estrictas reglas que el FIBA pone en práctica desde el año pasado. El resultado es una especie de reality regido por tiempos televisivos.

La cosa se puede explicar así. En una gran sala de un gran hotel céntrico están dispuestas 8 mesas. Alrededor de ellas están sentados los programadores locales y extanjeros (desde Paraguay a Suiza, desde Costa Rica a Alemania). Los artistas locales van entrando por tandas. Ahora, la del martes a las 10 de la mañana, es la segunda de este encuentro. Esperan su turno los creadores de obras como Precarizada, de la coreógrafa Josefina Gorostiza; y Ojalá las paredes gritaran, de Paola Lusardi. Cada uno se sienta alrededor de una de las ocho mesas sin mucho tiempo para presentaciones formales. Suena una campanita desde la mesa central de coordinación. A partir de ese momento los creadores explican de la obra, muestran fotos, videos y todo lo que puedan en esos 5 minutos. Cumplido ese lapso vuelve a sonar la campanita. Ese segundo ring indica que hay otros dos minutos de intercambio entre unos y otros de esa misma mesa. Cumplido ese tiempo, otra vez la campanita que indica que hay que cambiar de mesa y volver a empezar. Esa rutina regida por nervios y adrenalina tendrá una tercera ronda. Cumplido ese protocolo, a tomar un café en el hall en donde se mezclan unos y otros hasta empezar una nueva ronda.

Un cronómetro y una campana, dos elementos fundantes para el vertiginoso ritmo de esta ronda de mercado de artes escénicas
Un cronómetro y una campana, dos elementos fundantes para el vertiginoso ritmo de esta ronda de mercado de artes escénicas Crédito: Santiago Cichero/AFV

En la tercer tanda de esta mañana en una mesa la actriz Monina Bonelli de Siglo de Oro Trans y su director, Pablo Maritano intentan seducir a los escuchas de la mesa 4. Cuando Pablo habla del elenco dice al pasar: "también hay actores heterosexuales y debo reconocer que son muy exóticos". En otro mesa, el director Juan Coulasso y su productora Débora Staiff muestras imágenes de la obra Una obra más real que la del mundo que tiene lugar en el Cementario de Chacarita, una propuesta site specific. En una mesa vecina el cantante, actor, director y dramaturgo Dennis Smith intenta captar la atención de otros señoras y señoras. En un momento dado, uno de ellos le pide que cante algo. Él, obvio, lo hace,

A los minutos, en esa especie de break entre una ronda de mesa examinadora y otra, cuenta a este cronista: "Me encanta todo esto. Me siento como cuando hice las audiciones de American Idol y de La voz [en los dos realitys Dennis quedó elegido]. Claro que esta vez estoy rodeado de teatristas. Es muy raro todo esto. Ya había participado de otra reunión de este tipo medio de canuto, ahora entre legalmente. Pero yo soy muy caótico, no sé que habrá pensado esta gente de mí....".

Dennis Smith intercambiando información entre pares y productores diversos
Dennis Smith intercambiando información entre pares y productores diversos Crédito: Santiago Cichero/AFV

El expansivo de Dennis se saluda con Juan Coulasso. Débora Staiff, productora de Coulasso como de Lisandro Rodríguez con sus acción performática arriba de una moto, reconoce que en estos últimos años el formato de este tipo de mercado que organiza el FIBA ha crecido. Maria Joäo Machado, del equipo Mercado y quien desde hace 10 años trabajo en esto, explica algo del proceso: "Había quejas porque el formato era más libre: un desayuno entre programadores y artistas muy freestyle. Desde el año pasado desarrollamos este formato en el que cada uno de los dos representantes del colectivo artístico tiene un tiempo más específico. Para que no se sientan abrumados hicimos una capacitación para ayudar a saber qué decir en 5 minutos. O sea, presentar a la obra y exponer las condiciones técnicas. Y luego están esos dos minutos para que los programadores puedan preguntar". Las mesas de los programadores están definidas por lenguas (inglés, castellano) y también por afinidades de tipo de lenguaje artístico. "Es una especie de Tetris permanente", agrega Rodrigo González Alvarado, otro de los tres integrantes de Mercado.

Quien viene ahora de pasar por las distintas mesas examinadoras es Elisa Carricajo, una de las cuatros actrices, directoras y autoras de Petróleo. "El mecanismo es más amable con muchos que con uno solo porque siendo muchos con alguno conectás. Y el fordismo de la campanita que suena organiza para que no quedes girando en falso, o te corten ellos", reconoce. Pero, claro, de este lado del mostrador las percepciones son tan diversas como las mismas búsquedas artística de los 49 montajes, agrega otro aspecto interno de este mercado de artes escénicas: "Nosotros estamos muy poco involucradas al FIBA, es como una programación medio perfiferica, De hecho, no cobramos por estar programadas pero estamos aportamos porque dejamos que parte de nuestras entradas [a 900 pesos] sean al precio del festival [150 pesos]. Claro que las que hacemos este aporte somos nosotras y eso no está claro en la programación. La devolución del festival debe ser formar parte de este mercado".

La bailarina y coreógrafa Josefina Gorostiza "vende" Precarizada, su última obra
La bailarina y coreógrafa Josefina Gorostiza "vende" Precarizada, su última obra Crédito: Santiago Cichero/AFV

Más temprano, entre medialunas y jugo de naranja, Josefina Gorostiza confesaba que se sentía medio zapo de otro pozo. "Es que nosotros, como creadores de danza contemporánea independiente, no estamos acostumbrados al mercado del arte. No tenemos herramientas para defendernos. Yo defiendo y vendo todo el tiempo mi trabajo para convencerme a mí misma que vale la pena lo que hago", reconoce. Acaba de intentar "vender" Precarizada mientras tiene en cartel Coreomanía. La primera, el titulo lo dice todo, es un critica sobre las condiciones de trabajo en su sector. "Desde hace 15 años trato de trabajar de manera profesional en las artes del movimiento sin estar profesionalizada, Mi obra tiene que ver con eso. Entiendo que los programadores vienen a ver lo pluralidad de búsqueda estéticas pero también hay que decirles que estamos trabajando gratis para ello. Y digo esto siendo yo mi peor explotadora de mi misma".

Quien está por entrar a la gran sala es el actor, director y dramaturgo Juan Gabriel Miño, el creador de De vez en cuando me derrumbo. Recién bajado del taxi, uno de los performer de Gala, apunta: "Llegar y encontrarme con todas las personas que conozco hace que se me vayan los nervios. Para preparar mi speach lo que más me costó fue pensar al teatro o qué me pasa a mí con el teatro. Es volver a reflexionar sobre eso que en el mismo hacer te lo olvidás. También pensaba qué tengo de particular yo que no tiene, por ejemplo Juan Coulasso. En la previa fue pensar en mí para tratar de ser más genuino y no decir algo que no soy. Lo más importante es ser genuino".

Ya pasaron por acá Margarita Bali y Rakhal Herrero. Están por entran Gustavo Lesgart y Carlos Casellas. Mañana habrá otra ronda de negociación. Hace un año aquella mesa de mercado del arte escénica cosechó algunos frutos. Lisandro Rodríguez hizo una residencia en Brasil y viene de estar en el festival de Santiago de Chile. Josefina Gorostiza presentó Coreomanía en esa misma ciudad. O Millones de segundos, de Diego Casado Rubio, estuvo en el Festival de Chicago. Dentro de un año, con suerte, se podrá evaluar el resultado de esta especie de reality en que los creadores se sientan alrededor de diversas mesas con la ilusión de conocer un paisaje exótico, coquetear con la idea del reconocimiento internacional y/o tener un cachet en euros (no importa el orden, todo es posible en el mercado del arte).

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