Ingenio y entrega

Laura Ventura
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29 de junio de 2014  

El crédito/ Autor: Jordi Galcerán/ Intérpretes: Jorge Marrale y Jorge Suárez/ Dirección: Daniel Veronese/ Diseño de vestuario: Laura Singh/ Diseño de escenografía: Alberto Negrín/ Diseño de luces: Marcelo Cuervo/ Producción general: Sebastián Blutrach/ Sala: El Picadero, Pasaje Santos Discépolo 1857)/ Funciones: de miércoles a domingos, a las 20.30; sábados, a las 20.30 y a las 22.30/ Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Un hombre llega a la oficina del gerente de un banco para solicitar un crédito. El primero asegura ser poseedor de un don magnético de seducción y que, en caso de no obtener el préstamo, se acostará con la mujer del ejecutivo. Tras esta amenaza, realizada en los primeros minutos de la acción, la obra cobrará un ritmo y una dinámica atroz. Pocas veces ocurre que una comedia y producción de esta clase (por la calidad y prestigio de sus intérpretes y realizador) arranque tantas risas -e incluso aplausos- durante la obra, un código quizá propio de otro tipo de teatro. El crédito es una comedia popular de cabo a rabo.

Jorge Suárez es un actor superior. Pasan los años, pasan los personajes, y pareciera que cada criatura que interpreta hubiese sido escrita para él (sea Freud, Homero Manzi o un hombrecito gris). Despliega una batería de recursos con sus tics, titubeos, posturas e inflexiones y logra sostener el enigma y la tensión: ¿Es cierto que posee tal don? Marrale impone solidez con su sola presencia y muestra una faceta suya no tan conocida en teatro: la comedia. Hay una escena imperdible de este actor: el momento en el que, acorralado en un rincón del sillón, es tal su pánico y ansiedad que queda suspendido en el aire durante algunos segundos, como evitando tomar contacto con la realidad. No hay ni morcilleo ni improvisación -ni micrófonos- y este respeto al texto y esta exigencia interpretativa y vocal, sumada a la cercanía física con el público que celebra cada gag, exige de los actores una gran entrega.

Daniel Veronese -el mismo que realiza magníficos palimpsestos con las obras de Chejov- dirige esta comedia sobre el encuentro azaroso de dos seres desesperados. Apostó por una adaptación bien argentina del texto (desde el léxico y con otras menciones), un acierto que aporta comicidad a una pieza que es un auténtico duelo retórico. Veronese logra mostrar el contrapeso del poder entre estos seres de modo sutil (por ejemplo, quien tenga el mando de la situación colgará su saco en el perchero) en una obra que marca su regreso al universo de Jordi Galcerán, el mismo de El método Grönholm, sobre los recursos (in) humanos. Ahora, el catalán se sumerge de modo desopilante en el mundo de la negociación (disciplina que se estudia de modo académico) y, a su vez, y con microscopio, los abusos que cometen quienes detentan el poder, no importa cuál sea su dimensión.

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