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La belleza no necesita palabras

Gabriel Isod
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3 de octubre de 2015  

Humanidad S.A / Libro: Jorge Costa, Esteban Parola, Julia Muzio, Sergio Misuraca, Luisina Di Chenna / Intérpretes: Jorge Costa, Julia Muzio, Esteban Parola / Música: Aníbal Zorrilla / Vestuario y escenografía: Katya Assis / Iluminación: Federico Marchi / Dirección: Jorge Costa / Sala: Pan y Arte, Boedo 876 / Funciones: domingos, a las 19 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Son raros los procesos de investigación en el teatro independiente. Para llevarlos a cabo, se necesita un grupo que tenga un objetivo común, una estética definida y la capacidad de producir algo cuyos resultados no serán inmediatos. Entre tantas obras hechas a las apuradas, Humanidad S.A. ofrece otra cosa, un trabajo de minuciosa reconstrucción sobre Charlot, el vagabundo chaplinesco, y su poética.

El espacio que se propone consta de dos paneles. De un lado será un supermercado y, del otro, un callejón, un hospital o lo que haga falta para las múltiples locaciones de la obra. El peso de la puesta está cargado en el cuerpo de los actores. Así, el vestuario de los personajes, los objetos con los que interactúan y las formas de armar y desarmar desde la propuesta física son el soporte que vehiculiza la historia. Si bien hay, por momentos, una reconstrucción casi arqueológica de los gags chaplinescos, es interesante notar también las reformulaciones que se proponen. Porque, por caso, la repetición y el sinsentido alienante de la explotación laboral no está aquí tematizado con el trabajo en una fábrica, sino por una changa que el vagabundo consigue como limpiador de eternos pasillos. El revés de la fantasía liberal muestra ahora un trabajador que ya no produce nada, sino que se limita a limpiar lo que los consumidores ensucian. También hay una escena con un enorme globo que recuerda al juego que Chaplin hacía en El gran dictador. Los espectadores entienden que el globo representa al mundo sin que nadie lo diga y se sorprenden por la resolución distinta de esta escena con respecto a su referente. En esta ocasión, no se le explota el sueño al tirano, sino que el mundo termina por fagocitar al vagabundo. Como esos, hay muchos otros momentos bellos, de enorme poesía, en Humanidad S.A.

Jorge Costa, que le pone la piel al vagabundo, muestra su enorme destreza física y amplitud de registro. Como en Tamorto, otra obra que este grupo tiene en cartel, se mueve con gran versatilidad entre lo soez, lo tierno y lo refinado. El trabajo de Julia Muzio, más que nada en su rol de Mendiga, transmite todo desde la mirada, con unos ojos que se cargan de potencia y comicidad. La escena en que ella se reconoce como progenitora del protagonista es una joyita justamente por cómo consiguen expresar tanto diciendo tan poco. Esteban Parola hace, principalmente, de Policía y es el contrapunto autoritario y "serio", indispensable para que mejor se luzca lo cómico. Si la obra no resulta una constante carcajada, como quizá tampoco lo sean las películas de Chaplin para el espectador actual, es porque se ha perdido cierta relación con el código. Pero, despojada de la necesidad primordial de hacer reír sin pausa, la obra permite que fluya mejor el espacio de reflexión y de admiración ante la destreza de sus intérpretes.

Más allá de las críticas sociales que la obra enfatiza, sobre el consumo, sobre lo que queda de lado en el discurso del progreso y, también, más allá de su base cinematográfica, Humanidad S.A. parece recordar algo intrínseco del teatro. Es volver a ver el teatro como esa unión sacra entre el actor y el espectador, ese momento compartido entre cuerpos que emocionan y que son emocionados. Para transmitir eso, a veces, sobran las palabras.

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