La escena internacional pasó por Timbre 4

Timbre 4 colmado de espectadores por el Festival Temporada Alta (TABA)
Timbre 4 colmado de espectadores por el Festival Temporada Alta (TABA) Crédito: Laura Mastrocello
Mercedes Méndez
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22 de febrero de 2019  • 17:23

Más de dos mil personas participaron de la séptima edición del Festival Temporada Alta en Buenos Aires, un encuentro internacional que desde 2013 se realiza todos los años en Timbre 4 y que pareciera volverse invencible a las crisis económicas, la sobreoferta de espectáculos y el ánimo oscilante de un público cada vez más difícil de conquistar en Buenos Aires.

Durante diez días de verano -el festival se hizo en las dos salas de Boedo- existió una comunión mágica y sorprendente entre varios aspectos del teatro que en Buenos Aires suelen estar disociados. Por ejemplo, que el público sub 25 pueda disfrutar y compartir espectáculos junto con personas mayores de 50 años; que obras que subsisten en los márgenes del teatro, como el clown, la danza y el teatro de objetos, tengan un lugar central en la programación y resulten propuestas atractivas y convocantes para espectadores diversos y que se encienda la llama para la experimentación y las creaciones en vivo, como un punto de partida para nuevas obras de arte que pueden probarse con el público y los actores.

En esta edición de TABA (así se define a este festival que es una coproducción con el Festival de Temporada Alta de Girona) se programaron nueve espectáculos internacionales, vinieron obras desde España, Perú, Uruguay, Colombia, Suiza, Alemania, Finlandia y Chile y el clima festivalero continuó después en charlas, conferencias y workshops. Además, se hizo el famoso torneo de dramaturgia transatlántico, un concurso literario en el que los textos se leen e interpretan por actores en un ring de box y el público, mediante votación popular, determina cuál es el texto ganador. "La gente espera este torneo, ya saben cómo son las reglas, que son dos textos que se leen, de media hora aproximadamente cada uno y que después se vota. Al público le gusta participar y debatir sobre las cualidades de cada obra. En este torneo se han leído por primera vez textos como El crédito, que después fue una obra con una temporada en el teatro comercial. Para los autores es una oportunidad para probar sus obras con el público y con los actores. Se arma algo muy divertido y si fuera una mera presentación de teatro leído no tendríamos esta convocatoria", dice Maxime Seugé, uno de los productores artísticos de Timbre 4.

La obra catalana Calma, con Guillem Albà
La obra catalana Calma, con Guillem Albà Crédito: ANNA

Con un criterio muy focalizado en las producciones de teatro independiente y en obras de teatro que circulan por fuera de los circuitos tradicionales, los espectáculos que se presentaron en esta edición también tuvieron un diálogo muy contemporáneo con los problemas, angustias y vidas de las personas de esta época. Así fue el caso de la pieza catalana Calma, en la que Guillem Albà interpretó a un clown que carga en su cuerpo más de 20 celulares, que ya no puede ni atender, que no para de correr, que no puede esperar a que una planta crezca o que un plato de comida se prepare, que para poder vivir según las necesidades de estos tiempos necesita sacarse los ojos, las orejas y hasta el corazón. Durante un poco más de una hora, esta propuesta interactiva logró que el público comience a gritar que están apurados, que se pudieran conmover con la poesía visual de sombras que se encuentran y se abrazan, que la gente empezara a compartir entre todos un mate y hasta abrazarse mientras se tarareaba una canción. Dice su protagonista: "Es una obra con la que busco parar y mirar lo que hacemos. Que cada espectador pueda plantearse si ésto es lo que quiere, si es la manera en la que desea seguir viviendo. Y tal vez darse cuenta que podría cambiar algo, que estamos acá de paso, solo por un tiempo y nadie sabe cuánto".

Vida, con el titiritero aragonés Javier Aranda
Vida, con el titiritero aragonés Javier Aranda Crédito: ana Jimenez

En esa misma sintonía estuvo la obra Vida, también catalana, en la que el titiritero aragonés Javier Aranda se valió de sus dos manos y algunos sutiles accesorios para construir a los personajes de su infancia. De la canasta de su madre, aparecían seres que referían al amor de los primeros encuentros, la llegada de un hijo, la tristeza a quedarse solo y el miedo a la muerte. Dos manos, una canasta y algunos objetos dejaban obnubilados a los espectadores que veíamos las capacidades poderosas y metafóricas de su imaginación.

Lluis Homar
Lluis Homar Crédito: David Ruano

Además, una de las estrellas de este festival fue la presencia del actor catalán Lluís Homar, muy conocido en España por sus personajes en películas como La mala educación y Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, quien fue el encargado de abrir TABA con el espectáculo Tierra baja, un unipersonal sobre el universo del dramaturgo y poeta Àngel Guimerà, uno de los máximos exponentes de las letras catalanas a finales del siglo XIX.

Entre las charlas gratuitas y abiertas a público, más de cien personas se acercaron a escuchar la conferencia "Creadoras en la escena contemporánea", en la que participaron las artistas Paula Ransenberg, Maruja Bustamante y Pilar Gamboa. "Cada una de ellas fue dando su punto de vista sobre cómo es trabajar desde la singularidad de género las artes escénicas, la actuación, la dramaturgia y la docencia. Se pasaron por todos los temas, desde la igualdad de sueldo en el teatro oficial y la actuación, a la necesidad de tener una perspectiva de género en el trabajo de la docencia. Fue muy productivo, quedó en evidencia una fuerte necesidad de escucharnos e ir ocupando espacios para reconocernos. La gente rescataba la necesidad de que existan estos encuentros, de escuchar a mujeres que armaron sus carreras y vocaciones en estado permanente de lucha", contó Mariana Mazover, dramaturga y moderadora de la mesa.

Tanto las obras como las charlas y conferencias de TABA se acercaron bien al presente de los artistas y gestores que todos los días sostienen ese fenómeno complejo y descomunal que es el teatro independiente en Buenos Aires, se concretaron intercambios reales con artistas de otros países y, una vez más, se levantó la bandera poderosa de la gestión independiente como un espacio de lucha tanto artístico como social.

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