La expresión de una clase social

Carlos Pacheco
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6 de abril de 2013  

Ceremonia de hombres solos / De: Humberto Riva/ Dirección: Eva Halac/ Con: Hernán Márquez, Marcos Horrisberger, Aníbal Brito, Darío Bonheur/ Escenografía y vestuario: Micaela Sleigh/ Luces: Miguel Solowej/ Sala: Andamio 90/ Funciones: Sáb, a las 20:30/ Duración: 60.

Nuestra opinión: buena

"Nosotros hicimos de la vida una pavada y la padecemos", escribió el narrador, dramaturgo y guionista cinematográfico Humberto Riva. Y esa frase es una buena síntesis para definir su pieza Ceremonia de hombres solos , escrita en la década del 60. Riva nació en Córdoba, se formó en La Plata y desarrolló una fuerte actividad literaria en el partido de San Miguel. Falleció en Buenos Aires, en 2000.

En Ceremonia... el autor muestra a cuatro jóvenes de muy buena posición económica que se han refugiado en una quinta de las afueras de Buenos Aires, dispuestos a pasar unos días de descanso. La acción está ubicada en los años 30. Ellos hablan de sus familias, de sus necesidades de ascenso social, posicionamientos económicos, de sus amoríos y, luego de la cena, participan de un juego que les genera una fuerte tensión: la ruleta rusa.

Pero como nada los contiene verdaderamente, excepto fantasear con aquello a lo que aspiran: el poder, el juego se transforma en una mentira que llega a tener visos de escándalo. Antes de que esto suceda, cada uno dejará caer su verdadera máscara y así esta pintura de época se transformará en una patética expresión de clase. Buscan exponerse a una situación extrema, pero ni siquiera tienen el valor de llevar eso a fondo. Pobres desgraciados, aburridos, para quienes la vida ni siquiera tiene un sentido real.

Eva Halac se compromete con un texto de cualidades dramáticas imperfectas, en el que vale mucho la idea, aunque sus situaciones no siempre tienen una profunda riqueza. Es un drama que necesita de cuatro intérpretes fuertes que puedan superar con sus conductas, sus reacciones y la solidez de las relaciones que entablen entre ellos, un clima que alcance verdadera oscuridad.

Sobre el escenario de Andamio 90, si bien se nota una rigurosa conducción actoral y un elaborado trabajo espacial, no siempre la tensión se adueña de esa trama con la intensidad necesaria. Los cuatro actores demuestran corrección, pero a cada uno de ellos les falta adueñarse verdaderamente de su personaje. Comprender el sentido de esas vidas intrincadas que formalmente son casi exquisitas, pero que, en lo más hondo de sus existencias, no cargan más que con una grave insatisfacción.

Aun así, el proyecto mantiene un ritmo creciente e interesa, sobre todo, porque delata un mundo que se mueve a contrapelo de una sociedad que, aun hoy, no puede menos que observar esto con una dolorosa sonrisa. El mismo Humberto Riva hubiera dicho: "Pobres tipos".

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