La realidad argentina desde una pista de baile

Carlos Pacheco
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25 de noviembre de 2013  

Mau mau o la tercera parte de la noche / Autor: Santiago Loza / Dirección: Juan Parodi / Elenco: Eugenia Alonso, Gaby Ferrero, Juan Manuel Casavelos / Coreografía: Mayra Bonard / Diseño de iluminación: Matías Sendón / Diseño de vestuario y escenografía: Gabriela Fernández / Asistencia de dirección: Gustavo Armando / Sala: El Extranjero (Valentín Gómez 3378) / Funciones: lunes, a las 20:30 / Duración: 70 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Entre 1964 y 1994 una boîte, Mau Mau, fue un ícono de la noche porteña. Centro de reunión de importantes personalidades pertenecientes a la alta sociedad y al que además asistían ciertos referentes del mundo del espectáculo y el deporte nacional. Por allí desfilaron, también, reconocidas figuras del jet set internacional.

El autor Santiago Loza construye una intensa y muy atractiva dramaturgia en la que cruza la realidad de dos mujeres, habitués del lugar, con trazos de la historia argentina de esos años. Mecha y Rita, los personajes, buscan en ese espacio un escape posible para sus vidas insignificantes. En la pista, mientras bailan, se sienten brillar. Ingresan a un mundo de fantasía que les posibilita hasta colocarse fuera de la historia del país. Observan los acontecimientos sociopolíticos con una distancia irreverente y los analizan con una frivolidad que, verdaderamente, resulta dolorosa, aunque dramáticamente se torne muy potente.

"Bailá, Mecha, bailá", le repite Rita a su amiga mientras la dictadura militar, el Mundial 78 y la Guerra de Malvinas conmueven a un gran sector de los argentinos. También, claro, ellas celebran los nuevos aires democráticos que llegan a partir de 1983. Mecha y Rita son dos testigos casi despreciables de tres décadas del país y lo expresan sin ninguna culpa. Mau Mau es su Miami, así lo exponen. El gran escape.

Juan Parodi construye un espectáculo en el que posibilita, sobre todo, reconocer cómo viven esa época determinados sectores sociales. En este caso, el acento está puesto en esas mujeres "tilingas", como las define un agente policial que las detiene en la calle Arroyo en tiempos del gobierno dictatorial. Loza es un dramaturgo que a la hora de dirigirlo hay que tener el corazón abierto. Sus personajes son de una sensibilidad tan extrema que, de la única manera en que pueden llegar al espectador y conmocionarlo es mostrándolos en su verdadera carnadura. Parodi elige la línea política que expresa el autor en este texto y, entonces, opta por la anécdota. No está mal, es una posibilidad. Desde allí construye un espectáculo provocador y sólo se detiene, muy sensiblemente, en aquellos momentos en los que, a la hora de golpear la conciencia de quien observa, puede hacerlo. Como, por ejemplo, cuando estas mujeres terminan en un descampado después de pasar la noche en una comisaría o en ocasión de la celebración de un aniversario de la disco.

El director decide no mostrar a los personajes en sus dobleces de manera íntima. Prefiere sus historias de forma general porque sabe que desde allí, igualmente, van a conmocionar. La indiferencia de Mecha y Rita ante los acontecimientos del país desestructuran y promueven mucha reflexión. Y eso es lo importante.

Eugenia Alonso y Gaby Ferrero son dos actrices magníficas que se juegan a fondo en esta apuesta. Transmiten de manera notable esa realidad y lo hacen con todos los tics, la desmesura, la violencia y hasta algo de ternura. La misma que caracteriza a algunas mujeres de la condición social a la que pertenecen. Resultan muy destacados también los trabajos de Bonard (coreografía), Sendón (iluminación) y Fernández (escenografía y vestuario). Cada uno aporta hasta pequeños detalles que dan profundidad a la historia.

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