La rubia que volaba por Callao

Como ella, muchos jóvenes se dejan ganar por la adrenalina
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24 de agosto de 2001  

"Villa Villa" ya tiene algo de leyenda, de objeto de culto que se transmite de boca en boca. Será por eso que antes de la función de invitados y críticos del martes último, la adrenalina estaba en su mejor punto de ebullición. Mucho más para aquellos que sabían del espectáculo, pero que no lo habían visto.

Justamente fue el caso de una tal Eugenia, una blonda de aquéllas, que llegó a Recoleta con todas las antenas paradas. "No me la quiero perder", decía antes de que comenzara el show mientras se tomaba un trago entre caras famosas que poco le importaban. Ella estaba allí para jugar otro juego. Y lo tenía tan claro que apenas comenzó el show se mandó ahí, al centro de la acción, con todas las energías puestas para hacer suya la fiesta que propone De la Guarda.

Por eso, cuando advirtió que uno de los actores (justamente el que aparece en la foto) se acercó a ella con la intención de sumarla a su vuelo, no lo dudó y aceptó. Medio minuto después, Eugenia fue la primera en mirar a las casi 700 personas desde la altura. "¡Mirá si me lo iba a perder!", decía eufórica. El show continuó, pero a ella no había manera de hacerla bajar. De hecho no se fue rodando por Callao, se fue volando por Callao sin que nadie la parara.

Como pocos grupos teatrales, De la Guarda genera este tipo de adeptos casi incondicionales. Un magnetismo que, por elevación, sirve para fortalecer la relación entre la escena local y el público joven, generalmente esquivo para el teatro.

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