Las chicas sub-30 del teatro

Belén Brito, Paula Kohan, Vanesa González, Julieta Zylberberg, Pilar Gamboa y Florencia Otero, representantes de una generación de actrices que apuntan alto
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14 de diciembre de 2009  

¿Quién es esa chica?, pregunta un espectador de Baraka , la obra dirigida por Javier Daulte, en la que Darío Grandinetti, Hugo Arana, Jorge Marrale y Juan Leyrado transitan todos los estados de la amistad masculina. Sobre el escenario, Leyrado, en su personaje de egocéntrico y ambicioso político, hilvana un sentido mea culpa, mientras Paula Kohan, como la inesperada prostituta, lo mira en un inquietante silencio.

Su cara, a boca cerrada, llama la atención del público durante los más de diez minutos que dura el parlamento del actor. Luego, explota en una catarata de palabras en ruso, que explica el gesto impávido y el mutismo de su personaje. "Hay que sobresalir entre esos cuatro actores", le dice una señora, a la salida del teatro. Ahora, mientras cruza la avenida Cabildo con un colorido vestido que deja ver sus torneadas piernas, captura todas las miradas, como cuando aparece en un infartante striptease en Baraka , que próximamente se trasladará a la arena marplatense.

¿Cuándo comienza, realmente, la vida de una gran actriz? Antes del salto a las ligas mayores, hay un brillo delator que despabila a los menos enterados y que las distingue del resto. Apuntando alto, pero con los pies en la tierra y los cinco sentidos alertas están Vanesa González, Julieta Zylberberg, Paula Kohan, Florencia Otero, Belén Brito y Pilar Gamboa.

Ellas refrescan los escenarios porteños riéndose de las voces impostadas y rechazando toda pomposidad, dejando una estela que promete madurar con el tiempo. Algunas recién pasan la veintena, pero en estas artistas la frase "veinte años no es nada" no se aplica porque lograron que cada uno cuente. Son intérpretes que acumulan experiencia, pero, sobre todo, múltiples y variados proyectos. Pasión, juego, entrega, sacrificio son las palabras que eligen para definir su contacto con las tablas. Si se les pregunta por sus referentes en el nivel actoral, los nombres de Norma Aleandro y Meryl Streep se repiten sin falta. A los 24 años, Kohan dice que no se equivocaba cuando le pedía a su padre "de rodillas" estudiar teatro y asume que "tantos años de estudio, de llevar currículum y correr tras los colectivos" valieron la pena.

"De repente, todo se empezó a materializar. Vengo de hacer teatro tan off , tan under , que fue muy fuerte pasar a estar rodeada por cuatro grandes", distingue la actriz que, luego de dos años en Baraka , evalúa su próximo desafío. "Aprendí y aprendo mucho porque es impresionante ver el código, la amistad y el profesionalismo que hay entre ellos. Pueden tentarse y al segundo están los cuatro con cara de póquer", describe Kohan.

La lección de jugar entre los grandes también les llegó a Vanesa González (22 años) y a Julieta Zylberberg (26 años), a partir de la oportunidad de actuar junto con Norma Aleandro y Mercedes Morán en Agosto. Condado Osage , dirigidas por Claudio Tolcachir.

A Zylberberg, que dejó el elenco por unos meses y retoma en marzo, lo que más le sorprendió es la variedad de generaciones que conviven en el grupo. "Me gustó ver a grandes actores que siguen teniendo esas ganas de divertirse y de sorprender al otro en cada una de las funciones. Siguen con ganas", repite la actriz de 26 años, que a los ocho empezó a estudiar teatro. Quien la reemplaza en su rol de insufrible adolescente e hija malcriada de Morán es Vanesa González, que ya compuso un personaje muy similar para la TV en Socias . Aunque quizá su más recordada interpretación, además de su primer protagónico, fue el retrato que compuso para El diario de Anna Frank , en el que conmovió como la famosa víctima del Holocausto, dirigida por Helena Tritek.

"La verdad que estoy nerviosa", dice González, que vio Agosto diez veces, ocho sin saber que ella subiría a ese mismo escenario para formar parte de la obra escrita por Tracy Letts. Como actriz, se reconoce demasiado exigente consigo misma. "A veces me gusta, a veces lo detesto. No puedo cortar; me voy a dormir y sigo pensando. Quizás es parte de la inexperiencia de ser chica", analiza la intérprete, que confiesa un proyecto teatral entre manos, aunque no quiere dar detalles.

Por su parte, Belén Brito, de 23 años, confiesa un similar nivel de obsesión con su vocación actoral que la lleva a estar todo el tiempo atenta a lo que ve alrededor para poder imitarlo. "Voy caminando por la calle y me imagino cómo lo haría mi personaje. Me defino desde la pasión y sólo quiero seguir creciendo", dice, en un alto del ensayo de Kalbkött, carne de ternera , que la vuelve a poner en manos de Corina Fiorillo, quien la dirigió en Desdichado deleite del destino . "Cuando me iba a Bariloche de viaje de egresados, sólo pensaba que iba a faltar a las clases de teatro", rescata Brito, que sigue aprendiendo, ahora, con el actor y director Marcelo Savignone.

Una de las características que más destacan es la autogestión. El caso más ilustrativo es el de Pilar Gamboa, que hace ocho años forma parte del grupo teatral Piel de Lava junto con Elisa Carricajo, Valeria Correa y Laura Paredes, gracias al cual el año pasado ganaron el premio "S" y el MacStation a las nuevas tecnologías aplicadas en las obras. Cuando dio el examen de ingreso para el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, no fue aceptada. "No bajé los brazos, comencé a entrenarme con otros actores en el Centro Cultural Rojas. Como soy vasca, insistí", recuerda la inquieta artista, que en el mismo año, 2007, recibió el galardón a mejor actriz del Teatro del Mundo y un María Guerrero por su trabajo en Automáticos , dirigida por Javier Daulte.

Es muy difícil comunicarse con Gamboa: siempre está ensayando. Ahora, su agenda se reparte entre un viaje al Sur para actuar en la primera película de Delfina Castagnino, y sus ensayos en la nueva obra de Romina Paula, El tiempo todo entero , que ya la dirigió en Algo de ruido hace . Además, repondrá en marzo Tren , de su grupo Piel de Lava, en la que también participó como autora. Nombra a Daulte, a Rafael Spregelburd (que la dirigió en Acassuso ), a Héctor Díaz ( Neblina ) y a Mariano Pensotti, con quien ensaya en el San Martín, como sus referentes.

Todas estas intérpretes tuvieron un momento clave en sus carreras que las hizo superarse a sí mismas y distinguirse del resto. Para Florencia Otero, ese desafío llegó de la mano de Rent , en 2008, tiempo después de haber encarnado a la pequeña Cosette en Los miserables , y a la Flor, de El P rincipito. No quería quedar encasillada como la chica Disney por haber sido una de las conductoras del segmento Zapping z one del canal para chicos, así que pasó de rubia a morocha, se calzó botas de cuero y se sumergió en la oscura bohemia que dibuja el musical de Jonathan Larson, como la bailarina exótica Mimi, en Rent . "La voz es muy Disney; tiene que sonar más oscura. Estás muy nena", le criticaban en los ensayos, según recuerda, aún hoy, con el gesto fruncido. "Hasta que lo logré, imitando los movimiento de una pantera", dice, moviendo sus manos, como pedaleando una lenta bicicleta.

Claro que la actriz, de 20 años, también tiene una pila de proyectos en mente: el musical Despertar de primavera , dirigido por Ariel del Mastro y producido por Cris Morena, que se podrá ver recién en marzo, en el que junto con Fernando Dente retratan la incomunicación entre padres e hijos que existía en la Alemania de 1800. A su vez, seguirá en enero en Con? fusión, en la que, junto con su novio Germán Tripel, juega con sus cuerdas vocales con la seguridad de una experta y con su cuerpo, con el glamour de una diva. A su vez, se destacó en un papel masculino en Hedwig and the Angry Inch . Al igual que la mayoría de las nombradas, Otero aparecerá en la pantalla grande como una mujer que enfrenta a dos hombres en un film de Rodolfo Mórtola.

Nadie sabe hasta dónde llegarán estas seis jóvenes, pero por lo que ellas dicen y sus proyectos delatan están cada vez más cerca de lograrlo.

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