Los chicos se merecen un premio

La terna al María Guerrero: "Cosas de payasos", "Quijote" y "Teatro Chupete"
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24 de abril de 2004  

Diego Reinhold, director junto con Gastón Cerana de "Teatro Chupete", la creación de Pipo Pescador para los más pequeños, es un entusiasta del teatro musical. "En primer lugar, soy coreógrafo y, claro, bailarín y actor. Pienso que la comedia musical es potente, la música es la expresión por excelencia, es directa, va a la sensibilidad de cada uno sin intermediarios. Pipo también es poeta, sus canciones cuentan historias con la letra y con la música."

Diego afirma que disfrutó mucho la oportunidad de dirigir que le dio "Teatro Chupete". "Me gusta --comenta entusiasmado-- dirigir comedia musical, y más si es para los niños. Con esta obra sentí que estábamos haciendo un cuento estético, no sólo para los más chiquitos. El material es muy poético, con muchas imágenes y puntas para el juego. Importa lo visual, el ritmo, una actitud pareja que se va armando entre todos, como un tejido. Lo trabajé para mí, para lo que está en un rincón de mí que nunca deja de ser niño. Voy a lo simple, a la síntesis. Trabajamos mucho con asociaciones libres a partir de las canciones, que además son divertidas. Así vamos pasando de un momento a otro, sin detenernos. En este espectáculo hay varios pilares fundamentales: la actuación, las canciones que introducen los temas, el juego y los cambios. El trabajo de Alejandro Goldstein hizo un aporte sustancial con la escenografía y los objetos. Tienen una imagen y una textura que te hacen pensar en cosas hechas por una abuela. El espectáculo es cálido, suave, pero a la vez alegre y divertido, para que todos los nenes chiquitos, los que lo son en edad y los que lo son en un rincón de su recuerdo, se sientan bien y protegidos. Funciona muy bien."

Y reflexionando sobre su experiencia en teatro para niños, Reinhold concluye: "Estoy harto de que se clasifiquen los espectáculos para chicos en forma aparte de los de adultos. Se trata de teatro, y se hace para uno, como siempre que se trabaja sobre el escenario. Lo importante es que lo que se presenta sea coherente, que se cuente la historia y que tenga sentido, aunque no sea todo didáctica y moralina. A veces el público no se anima a no entender... Hay muchas maneras de entender. A veces se tarda... Te lo llevás a casa y lo seguís procesando... Los chicos pueden crecer con un cuento del que comprendieron poco pero que igual les gustó y recuerdan. Personalmente, a mí lo peor que me puede pasar es que el espectador "piense". Si se pone a querer entender todo, ¿para qué estamos usando todos los códigos del teatro? Es algo más grande que dos palabras de resumen. El público se tiene que dejar llevar por todas las cosas que hemos puesto en marcha, dejarse tocar por ellas. Si no lo hace, es que en algo no nos conectamos."

"Teatro Chupete" se presenta, en su segunda temporada, en el Auditorium San Isidro, Avenida del Libertador 16.138, los sábados y domingos, a las 15.30 y 17.

El arte del clown

Enrique Federman y Claudio Martínez Bel son los intérpretes de "Cosas de payasos". Acaban de regresar de Singapur y harán una temporada en Buenos Aires, en el Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062 (sábados y domingos, a las 17).

"Estamos en una segunda etapa --dicen--; primero trabajamos con el Teatro San Martín, ahora debemos movernos en forma independiente. Tenemos que ganarnos el público, convocarlo nosotros. Lo de Singapur fue un comienzo auspicioso de este nuevo año y nos interesa continuar con este proyecto."

"Mi intención con esta obra --acota Claudio-- fue construir el cuento a partir del vínculo padre/hijo. Estudié mucho sobre esta relación, me documenté, consulté a expertos y literatura. Porque quería partir de algo muy real, algo indiscutible, para que se pusieran de manifiesto esos conflictos que hacen que el lazo que une deba cortarse, y lo difícil y doloroso que puede ser. Todo, desde el código del clown, del payaso."

"Fue notable la respuesta del público de todas las edades --agrega Federman--, porque cada generación se identifica con uno de los personajes, y con la profundidad de los sentimientos y emociones puestos en juego. Los adultos se identifican con el padre, pero también con el chico recordando su infancia o adolescencia... Para algunos, hay una ruptura fresca, y se conmueven mucho, los adolescentes se sienten representados en la rebeldía del que quiere ser diferente. Los niños disfrutan de los payasos, sus rutinas, y a la vez perciben los conflictos a un nivel muy real, muy primitivo."

"Pero nosotros no trabajamos esto pensando cómo o qué les iba a gustar a los otros" --dice Claudio--. No le pusimos efectos ni juegos ni trucos que podrían estar de moda. Lo hicimos, lo hacemos, como lo sentimos nosotros. Es más, buscamos utilizar sólo materiales anteriores a la tecnología: no hay nada de plástico, sólo madera, metal, tela. Los colores también buscan referirse a lo que es personal, a los sentimientos, tienen que ser suaves, sin contrastes, para que nadie se quede en la superficie. Y nos gusta mucho cómo se conecta. Al final se trata simplemente de dos actores, con algunos objetos y la iluminación adecuada, contando una historia, la mayor parte del tiempo sin palabras. Pero pasan cosas. Seguimos descubriéndolo cada día. Eso es lo maravilloso del teatro: siempre hay una nueva significación en cada gesto."

Los molinos de viento

Después del notable éxito, no solamente de público sino de crítica y distinciones, de "Quijote", versión en títeres y actores de la novela de Cervantes, el Grupo Libertablas se concentra actualmente en próximas giras. El espectáculo fue adaptado por Luis Rivera López, con producción ejecutiva de Sergio Rower.

"Todavía nuestras bibliotecas están llenas de libros que los niños (y muchos adultos) deberían conocer", dice Rower, aludiendo a uno de los objetivos del conjunto que es realizar versiones teatrales de textos clásicos para acercarlos a su público.

"Nosotros sentimos que era necesario aggiornar el formato para superar un poco los prejuicios iniciales de un público que no ve teatro frecuentemente. La proliferación de las grandes producciones musicales ha instalado en los adultos ciertos temas de producción a la hora de elegir. Muchos adultos piensan que el espectáculo tiene que tener efectos, luces, bailarines. Plantean su necesidad. Y quizá sea la única vez que muchos adultos vayan al teatro. Nosotros tenemos espectáculos de formato pequeño, monólogos, diálogos, unipersonales, pero ésos los hacemos en las escuelas; en las salas hay que impactar para poder vender. Hay un nuevo espectador determinado por videoclips y dibujos animados, que pide imágenes, cambios visuales, efectos. Nosotros buscamos atraparlo entregándole además una historia que lo va a conmover y que posiblemente lo lleve a buscar el libro y redescubrir (¿o descubrir?) el placer de la lectura." En estos días, Libertablas está de gira por Trelew y Puerto Madryn, y luego atenderá otros compromisos en el interior, para volver a estar con el público porteño en vacaciones de invierno. "Estoy sintiendo --concluye Rower-- que ahora hay menos improvisados, que los que encaran proyectos se dan cuenta de que un necesita varios meses de trabajo, como cualquier proyecto serio. El público es más exigente. Eso es bueno".

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