Magia, emoción y esperanza: cómo vivieron los actores volver a escena

Alejandra Flechner y Julio Chavez en Después de nosotros. "Estoy muy contento de haber vuelto . Es lo que me apasiona, es mi lugar de militancia", reconoce el actor.
Alejandra Flechner y Julio Chavez en Después de nosotros. "Estoy muy contento de haber vuelto . Es lo que me apasiona, es mi lugar de militancia", reconoce el actor. Fuente: Archivo - Crédito: Gerardo Viercovich.
Alejandro Cruz
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25 de noviembre de 2020  • 10:36

El mismo viernes 13 de este mes en el que fue aprobado al protocolo sanitario para la actividad de los teatros con público abrieron dos salas: el Broadway y el Multiteatro Comafi. Lo hicieron casi sin prensa, sin promociones en las entradas ni nada de esos (¿viejos?) protocolos de los estrenos comerciales. Fue necesidad. Fue urgencia de hacerlo. Con el correr de los días se le sumaron el Teatro San Martín, el Paseo La Plaza, el Picadero y Chacarerean Teatre. Esta semana, se agrega a ese selecto grupo de una temporada verdaderamente única Espacio Callejón, del circuito alternativo, el sector más castigado por la pandemia. En cada una de esas noches cada vez que una actriz o un actor salió a escena estaba claro que ese pequeño desplazamiento estaba cargado de simbologías, de una energía contenida que desplegaba sus formas en medio de plateas milimétricamente pautadas para que se cumpla el 30 por ciento de aforo y con espectadores con barbijos como escondiendo reacciones. En medio de esta foto de una nueva normalidad inimaginable en marzo todo parecía estar ahí: agazapado, atravesado por una ardiente paciencia, como el título de una novela de Antonio Skármeta que Juan Carlos Genés llevó a escena.

Aquel viernes Luis Brandoni estrenó El acompañamiento, el texto de Carlos Gorostiza, en el Multiteatro. No fue, en nada, un debut de esos que conoce el experimentado actor. "En principio todo comenzó con una gran frustración -cuenta a LA NACION-. Con David di Nápoli deberíamos haber estrenado el 20 de marzo, pero llegó la pandemia. En aquel momento nunca imaginamos que íbamos a tener que esperar casi 8 meses. Entonces vino lo que sabemos: nos guardamos, tuvimos paciencia, nos deprimimos. Cuando parecía que se abrían los teatros nos pusimos de acuerdo con mi amigo Carlos Rottemberg, dueño de la sala, y el mismo día que salió publicado la información en el Boletín Oficial que habilitaba la actividad escénica con público estrenamos a la noche. Por supuesto, nadie sabía nada. Si hasta las páginas con las carteleras de cines y de teatros desparecieron de los diarios. La noche del viernes 13 en la sala hubo varios invitados amigos y 4 personas que pagaron la entrada. Fue como empezar de cero con la avenida Corrientes muy entristecida, con poca gente y con muchas librerías y restaurantes cerrados. Con el correr de los días empezamos a crecer de público reconociendo que estamos muuuuy lejos de otros tiempos".

Noche de estreno de El acompañamiento, con Luis Brandoni. "Hasta el momento lo que tenemos es el valor y el coraje del público que sigue apostando por el teatro", cuenta el actor.
Noche de estreno de El acompañamiento, con Luis Brandoni. "Hasta el momento lo que tenemos es el valor y el coraje del público que sigue apostando por el teatro", cuenta el actor.

Brandoni reconoce que es un tanto extraño hacer funciones con poco público y desparramado por la platea para preservar el distanciamiento social. Lo hace recordar a tiempos de giras en las que llegaba con una obra a un alguna cuidad chica del interior. Sabe que en lo inmediata se vienen las fiestas navideñas y que eso implicará un parate hasta el 6 de enero cuando repongan el texto que él mismo dirige. "Igualmente, yo tengo confianza en que vamos a llegar a una cosa casi normal porque la curva de contagio está bajando. Tenemos la suerte de estar haciendo una obra que genera mucha empatía con la gente. Ya en la función del domingo tuvimos una función bastante parecida a lo que era antes", se entusiasma. En medio de estas nuevos usos y costumbres hay uno que no dejó de lado: la noche del estreno se fueron a cenar a un restaurante cercano. "Es lo que corresponde. Teníamos que festejar, teníamos que brindar y el ir a comer luego de una función es una de las cosas más lindas que tiene nuestra profesión", apunta el intérprete.

A la noche siguiente del debut de Brandoni, el Teatro San Martín hizo una función para invitados y funcionarios de Happyland, el texto de Gonzalo Demaría que dirige Alfredo Arias basado en momentos de la vida (y de sus trances) de Isabel Perón. En la primera escena la talentosa actriz Alejandra Radano sale a escena y presenta una obra que quedó detenida por 246 días. Ese mismo rito esa noche tuvo otras resonancias. "Cuando dije mirando al público 'buenas noches, bienvenido' no esperaba ese aplauso. Fue como una especie de catarsis por parte del público que verdaderamente me descolocó. Fue emocionante, liberador. Fue como si nos hubieran abierto la jaula. La situación me superó, no sabía en qué parte de la obra estaba, no sabía cómo seguir", reconoce. Pero, conocedora del oficio, Radano salió de esa confusión en cuestión de segundos.

Alejandra Radano en Happyland. "Yo me siento una privilegiada y me gustaría que mis colegas también puedan volver al escenario", se ilusiona la actriz y cantante.
Alejandra Radano en Happyland. "Yo me siento una privilegiada y me gustaría que mis colegas también puedan volver al escenario", se ilusiona la actriz y cantante. Fuente: Archivo - Crédito: Carlos Furman / CTBA

En marzo estaba haciendo una nota. Cuando terminó se fue para el camarín para prepararse para la función, pero la rutina no se cumplió: le avisaron que la OMS había declarado la pandemia y que las actividades en el San Martín quedaban suspendidas. Ella agarró sus cosas ("cada vez llevo menos") y se fue para su casa. "En todo este tiempo pensé que no íbamos a volver a hacer funciones de Happyland, por eso mismo cuando se anunció que volvíamos fue una sorpresa. Me queda claro que tenemos que convivir con el virus, esto continúa. Yo me siento una privilegiada y me gustaría que mis colegas también puedan volver al escenario. Lo bueno que percibo es la avidez del público por retornar a las salas. La función del sábado fue una fiesta".

A una cuadra del emblemático teatro público el miércoles pasado quien volvió a la actividad fue el Paseo La Plaza. Repuso Después de nosotros, la obra que protagonizan Julio Chavez y Alejandra Flechner y que dirige Daniel Barone. Esa noche, entre tantos invitados y amigos, sucedió algo mágico: cuando se apagaron las luces de la sala y antes de que se encendieran las de escena se produjo un espontáneo aplauso por fuera de los usos y la costumbres de la vieja normalidad. "Yo estoy muy contento de haber vuelto a la actividad, de haber vuelto al trabajo. El aforo es ahora del 30 por ciento, pero luego será del 50 y más adelante del 80; es así. Yo entendía que no había ningún motivo en dejar de participar de este porcentaje. El 30 por ciento de aforo no impide el hecho teatral. No impide mi amor al teatro, mi amor a hacer la función, mi amor a Después de nosotros, al camarín, al entrenamiento. Es lo que me apasiona, es el lugar en donde hago mi militancia. Y mi militancia tiene que ver con el cuerpo y con poner el cuerpo en la lucha. Por eso estoy feliz", apunta Chavez a LA NACION.

La noche que Después de nosotros se reencontró con los aplausos. "El 30 por ciento de aforo no impide el hecho teatral", señala Julio Chavez
La noche que Después de nosotros se reencontró con los aplausos. "El 30 por ciento de aforo no impide el hecho teatral", señala Julio Chavez Crédito: Gerardo Viercovich

Casi en Corrientes y Callao, en el pasaje Santos Discépolo, está El Picadero. Ellos volvieron a levantar el telón el jueves. Dentro de la programación se presenta Yo, Encarnación Ezcurra, el texto de Cristina Escofet que protagoniza Lorena Vega. "La noche del debut pasó algo que estuvo buenísimo: salí con una fuerza y una decisión inesperada -admite sobre esta obra que viene presentando desde hace tres temporadas-. Fue algo que me tomó, que me trascendió. Empecé a actuar y me sentí con un aplomo, una determinación, como con una puntería que supongo, lejos de querer hablar bien sobre mi trabajo, era como una fuerza que estaba operando. Intuyo que tiene que ver con el disfrutar cada instante. O sea: disfrutar de eso que estuvo ausente, que no fue posible; pero que, de golpe, apareció", dijo Vega a LA NACION.

Para la vuelta de esta obra basada en la vida de la mujer de Juan Manuel de Rosas salen a la venta 80 butacas. En la primera función del sábado arrancaron con 45 ocupadas. "Yo creo que es un muy buen arranque", apunta ella. En la primera parte, cuando la obra transita su zona más cómica, escucha las risas disimuladas por los barbijos. "Eran las risas que conocía desde antes, las que extrañé las veces que hice la versión en streaming. En ese momento sentí que habíamos recuperado el rito del encuentro. Los aplausos fueron largos, con gritos, vitoreado. Eran más de cancha, de recital que de un lugar con butacas de terciopelo. A mí me devolvió la cosa de trance mágico. Que me haya sucedido algo así me hace pensar en esos lugres todavía desconocidos de la actuación, en esos territorio misterioso en los cuales siempre aparece algo nuevo. Y el trío musical tocó con una polenta única, yo los observaba, así está marcado por la dirección de Andrés Bazzalo, era como si estuvieran rockeándola", asegura con un entusiasmo que no puede ni quiere disimular.

Planta escenográfica de Yo, Encarnación Ezcurra. "Los aplausos fueron más de cancha, de recital que de un lugar con butacas de terciopelo", recuerda Lorena Vega su reencuentro con los suyos en El Picadero
Planta escenográfica de Yo, Encarnación Ezcurra. "Los aplausos fueron más de cancha, de recital que de un lugar con butacas de terciopelo", recuerda Lorena Vega su reencuentro con los suyos en El Picadero Fuente: Archivo

Al terminar la función solamente la esperó un matrimonio que se había fanatizado con Imprenteros, un maravilloso espectáculo que hará funciones en Timbre 4 y, luego, en el Metropolitan. Le regalaron una medalla. "Fue como si hubieran estado en representación de la platea", cuenta al pasar. Luego de ese mimo se fue caminando sola por la avenida Corrientes hasta el Obelisco mirando a la gente, a los teatros; filmando su propio travelling de esa calle icónica ligada a la actividad teatral en estos tiempos de lenta reapropiación de un hábito cultural tan necesario como esencial. De a poco, esta temporada tan atípica irá sumando nuevos relatos de aquellos que, después de tanto tiempo, vuelven a actuar, vuelven a ser público.

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