Matrimonio en crisis, con el tercero incluido

Pablo Gorlero
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25 de septiembre de 2005  

"Acreedores", de August Strindberg. Dramaturgia y dirección general: Daniel H. Fernández. Elenco: Paula Lima, Fernando Martínez y Juan Carlos Mastrángelo. Chelo y música: Diana Griot. Escenografía y vestuario: Carlos Di Pasquo. Luces: Damián Benchetrit. En el Actors Studio Complex, Corrientes 3565/71. Los sábados, a las 22.30.

Nuestra opinión: Bueno

La crueldad inherente al matrimonio fue uno de los temas preferidos de August Strindberg. De su período naturalista data "Los acreedores", escrita en 1888, que toca la temática mencionada, en un argumento que hace foco en un triángulo y está imbuido de psicología y hasta de algo de misterio.

Además de actualizarla (es increíble pensar que fue escrita hace más de un siglo), Daniel H. Fernández fracturó la pieza en forma acertada para dotarla de mayor agilidad y poder quitarle algo de frialdad. Le quitó el artículo y la llamó "Acreedores".

Presenta el conflicto entre un matrimonio en crisis, el de Tekla y Adolfo. Los avatares cotidianos los abofetean y les refriegan frustraciones y aquellos anhelos archivados en pos del otro. Gustavo es el tercer personaje, siempre presente. Es el amigo y consejero del marido en cuestión y se convierte en una pieza clave en este conflicto. Los textos son circulares, pero Fernández tuvo la habilidad de ubicar a Adolfo en el centro de la acción y oficia de disparador de situaciones y escenas.

Asimismo, el dramaturgo fue muy hábil al montar su puesta en escena. Ubica y reubica personajes y dispuso el espacio no sólo en forma bella, sino también funcional. En ningún momento los actores salen de escena, simplemente se reinstalan. Asimismo, la presencia de una violonchelista aporta muchísimo a los climas y a la estética.

Buena puesta de luces

En el trabajo actoral es donde hay algunas fisuras. La conexión entre los tres intérpretes no es potente y se ve demasiado "actuada". A pesar de lo descontracturado de la versión, hay cierta solemnidad en el transitar la escena que no concuerda con lo moderno de la propuesta. Los personajes enuncian mucho más de lo que hacen y eso le sustrae agilidad al resultado final.

Juan Carlos Mastrángelo, como Adolfo, el marido confundido, tiene la dura tarea de ser el eje de la acción y el desarrollo de la pieza. Está en acción en forma permanente, resiste bien, pero se lo ve algo exigido por el rol. Por su parte, Paula Lima es muy convincente como su esposa, en un trabajo que combina bien la ironía y el dramatismo, mediante de un palpable trabajo interno. Entretanto, Fernando Martínez aporta presencia y seguridad en el rol del amigo.

El vestuario y el diseño escenográfico son correctos y guardan unidad. Mientras que la puesta de luces de Damián Benchetrit nutre la pieza y pone acentos en los momentos justos.

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