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Mil rostros y una gran fiesta

Mónica Berman
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6 de junio de 2017  

Un Bob Marley en la calle Corrientes
Un Bob Marley en la calle Corrientes

Bossi Master show / Autores: Emilio Tamer y Martín Bossi / Dirección general: Manuel Wirzt y Emilio Tamer / Dirección musical: Nito Mestre / Intérpretes: Martín Bossi, Jorge "Carna" Crivelli, Mariel Ballestrero, Sol Giuletti y Judith Cabral / Arreglos musicales: Ernesto Salgueiro / Luces: Ariel Ponce / Escenografía: Daniel Feijoo / Caracterización y maquillaje: Elena Sapino / Coreografía: María Laura Cattalini / Vestuario: Alejandra Robotti / Teatro: Astral / Duración: 110 minutos / Nuestra opinión: excelente

La sala está colmada de público. Se conjugan el entusiasmo y la espera. Martín Bossi ocupa el lugar de un fenómeno... ¿masivo o popular? ¿O ambas cosas? Los espectadores aguardan su llegada como se aguarda la llegada de un ídolo. En ocasiones, el deseo de la platea no tiene como correlato lo que sucede en el escenario. Esta vez, sin embargo, no habrá decepción.

Bossi Master Show está estructurado sobre el talento del protagonista. Sin duda es un comediante y un imitador de alto nivel, pero no está solo. La propuesta incluye un menú de variedades bien dosificadas y graduadas desde lo espectacular hasta la reproducción (ficcional, entiéndase, en una sala donde no cabe un alfiler es imposible) de lo íntimo.

En el principio son la música y la imitación de los músicos. A una pantalla que abandona su proyectado telón para dar paso a juegos de imágenes diversas que incluyen desde lo abstracto hasta los nombres propios, se suman las entradas y salidas de una orquesta, la aparición de un baterista y de coros. La velocidad de la transformación y la variedad de los recursos es definitivamente notable: puede aparecer como Mick Jagger, desaparecer como John Lennon, surgir como Prince, hacer mutis por el foro como Bob Marley, una serie innumerable de intérpretes en un mosaico homenaje de la música internacional. El ritmo se acelera para dejar latiendo la sala, sin respiro.

Luego abandonará los personajes y aparecerá Martín Bossi (o el personaje "Martín Bossi"). Con el escenario vacío se dedicará a instalar una reflexión sobre el uso de los celulares y la tecnología. Es necesario reconocer que ese mismo discurso sin el humor que lo atraviesa sería un panfleto. Pero es tan inteligente y divertido el modo de abordarlo que logra esquivar ese riesgo. Eludimos los detalles porque la sorpresa es una buena aliada. Sí puede decirse que no teme bajar del pedestal del escenario e interactuar con el público. Los espectadores nuevamente serán invitados a participar: habrá un tiempo para lo lúdico y otro para el canto colectivo.

Luego se propone un espacio para la mediatización. Los personajes/estatuas de la calle Corrientes: Juan Carlos Altavista, Juan Carlos Calabró, Jorge Porcel, Tato Bores aparecerán en la pantalla y dialogarán con Alberto Olmedo y Javier Portales. Es el espacio reservado a la emoción y al homenaje. Luego estos dos últimos saltarán de la pantalla a la escena para continuar con esa línea con algunos toques de humor, pero de rasgos nostálgicos.

Pero no cierra así el espectáculo, sino que vuelve a apostar a los músicos. Esta vez, nacionales. Un recorrido por Miguel Abuelo, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati pone bien arriba el ánimo colectivo. Y cierra como lo que es, una fiesta. Una de esas fiestas que se construyen con la maestría de la orquesta, de los bailarines y de quien los coreografía, de las responsables del vestuario, de quien hace la dirección musical, Nito Mestre, y de los que organizan la totalidad desde el rol de la dirección, Manuel Wirzt y Emilio Tamer. Y una mención aparte para quien diseña la dramaturgia de iluminación que deviene en elemento central de este universo tan cuidado para el goce de los espectadores que siguen a Martín Bossi.

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