Mío (de mí): dos historias en una, recorrer universos nunca fue tan fácil

Yanina Gaggino y Nicolás Palma
Yanina Gaggino y Nicolás Palma
Juan Garff
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26 de abril de 2019  

Autores: versión libre de Carla Rodríguez sobre cuentos de Malena Blanco y Laura Devetach / Dirección: Carla Rodríguez / Música: Javier Collet / Intérpretes: Yanina Gaggino y Nicolás Palma / Escenografía: Silvina Maroni / Vestuario: Ivana Armond Ugón y Soledad Yranzo / Sala: Nün Teatro Bar, Ramírez de Velasco 419 / Funciones: mañana, a las 16; viernes 15 y 29 de mayo, a las 18; sábados 15 y 29 de junio, a las 16 / Duración: 50 minutos / Nuestra opinión: bueno

Pequeños o lejanos elementos que se cruzan a la mirada infantil se pueden transformar en entrañables compañeros de juego, que nacen con el impulso de la imaginación. El acto transformador que convierte una nube en un conejo o cositos en lo que fuere va acompañado por un toque de poesía.

Es lo que reflejan los relatos Pedazo de nube, de Manuela Blanco, y Cositos, de Laura Devetach, que componen Mío (de mí), el espectáculo del grupo rosarino Vamos que Vamos dirigido por Carla Rodríguez. La obra se presenta en Nün Teatro, parte del dinámico circuito teatral de Villa Crespo, en una novedosa y saludable incursión en la escena porteña del teatro para chicos de otras ciudades del país. Curiosamente -¿o señal de una apertura?- coincide con la presencia de dos compañías de titiriteros cordobeses -Ilusiones Animadas y Ulularia- con seis obras en varias salas de la Capital durante todo abril.

La obra se divide claramente en dos capítulos a partir de los relatos en que se basa. Mientras que el correspondiente a Pedazo de nube se desarrolla en un espacio interior y es protagonizado por Yanina Gaggino, el que se basa en Cositos se vuelca mediante una sencilla inversión de la escenografía hacia el exterior, con Nicolás Palma interpretando a Guille, el chico que descubre un mundo en cada cosito. El primer cuento presenta alguna dificultad en seguir el hilo conductor en ese sentido de llevar a ese pedazo de realidad que es una nube a un compañero de juegos subjetivo. Es que instala materialmente el conejo como peluche antes de que se plantee su origen en el cielo. Decir después que esa mascota podría haber sido previamente una nube suena un tanto abstracto, de relevancia menor frente a la presencia fuerte que es para todo niño un muñeco de peluche. La impostación de una voz excesivamente aniñada para representar a una niña, un recurso habitual en los dibujos animados, pero ya poco utilizado en el teatro de los chicos, le resta por otra parte fuerza a la interpretación de Yanina Gaggino en ese primer relato.

Los cositos de Guille, en tanto, reunidos en sus bolsillos a partir de su actividad de pequeño explorador, mueven a la imaginación a partir de ser en buena medida invisibles a los ojos o irrelevantes a la mirada común. Nicolás Palma les da presencia, tanto es así que en algún momento corre el riesgo de que los chicos avancen sobre el escenario a ras del suelo para alcanzarle interesantes cositos dispersos por doquier. La persecución de cositos lleva a Guille incluso a toparse con Violeta, el objeto del juego hace de puente para descubrir la amistad. Juntos armarán nuevas historias; en el gran mundo al que salen los pequeños, el hallazgo de un cosito lleva al encuentro con el otro.

Por: Juan Garff
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