
Momento de intimidad compartida
Ficha técnica: UNA RELACIÓN PORNOGRÁFICA . Autor : Philippe Blasband / Versión y producción general : Pablo Kompel / Intérpretes : Cecilia Roth y Darío Grandinetti / Escenografía : Alberto Negrín / Luces : Alberto Faura / Vestuario : Ana Markarian / Coreografía : Carlos Casella / Dirección : Javier Daulte / Sala : Paseo La Plaza / Duración 70 minutos.
Nuestra opinión: buena
En 1999 se estrenó una película franco-belga que pronto se convertiría en objeto de culto: Une Liaison Pornographique , que aquí se llamó Una relación particular , dirigida por Frédéric Fontayne, con Sergi López y Nathalie Baye. Simple, sencillísima, con dos personajes como único centro de atención, indudablemente iba a convertirse en obra teatral en algún momento. Hace dos años se estrenó en Madrid, dirigida por Manuel González Gil, con Pastora Vega y Juan Ribó. Por fin, esta gran historia llegó a Buenos Aires.
Los personajes no tienen nombre. Tampoco el público conocerá demasiado sobre sus vidas. Porque el espectador será invitado por ellos mismos a espiar esta relación furtiva que comienzan. Por lo tanto, mostrarán sólo lo que ellos quieren: suficiente como para fisgonear las emociones o sentimientos que despiertan una relación meramente sexual y supuestamente eventual. Se conocen a través de un aviso en el que ella propone cumplir una fantasía pornográfica. A partir de ahí la relación comenzará a fluir y a desarrollarse en vínculo. Ahí, cuando estalle el primer chispazo de amor, todo podrá cambiar.
La relación entre estos dos personajes, de quienes no se sabe mucho más de lo que ellos mismos cuentan, es tan especial y transgresora como inocente y emotiva. Son dos atrevidos que incorporan al espectador como un tercer personaje, como un interlocutor que analiza... con cierta distancia, sin involucrarse.
La adaptación de Pablo Kompel desarrolla esta historia por medio de relatos cruzados, surcados por diálogos y deliberados quiebres. Es una dramaturgia casi coreográfica y a través de ese entramado es que los actores deberán someterse a este difícil baile.
Una relación pornográfica convoca a un espectador voyeurista. No porque aquí haya escenas de sexo o desnudo alguno (cabe aclarar que nada de eso ocurre en el montaje de Daulte), sino porque activa otro tipo de morbo: el de cierta ansiedad por querer saber cómo continúa y se desarrolla esta relación ocasional, que se hace pornográfica sencillamente porque se corre el velo de una intimidad. Son los mismos personajes quienes corren ese velo y lo hacen visible para, de este modo, corromperlo. El problema es que faltan fuego e intensidad. No desde el contenido, sino desde la forma. Tal vez esa carencia sea deliberada para generar un mayor distanciamiento. Es válido, pero eso ablanda la propuesta. Hay una excelente musicalización que otorga y se hace potente en las transiciones, aunque esos momentos se rompen y ahí es cuando se manipulan las emociones.
Al margen de estas objeciones, el resultado es muy interesante. Hay un gran trabajo actoral de Cecilia Roth y de Darío Grandinetti. Ella se muestra en uno de sus mejores trabajos teatrales de los últimos tiempos, plantada con solidez y generando una empatía especial con su compañero de escena.
Por su parte, Grandinetti es quien aporta los únicos momentos de la puesta que emocionan verdaderamente. Su trabajo es delicado y su personaje conmueve incluso desde el pudor que refleja al revelar su historia. Es un gran actor.
Otros méritos por destacar son la delicada puesta de luces de Alberto Faura; la imponente escenografía hiperrealista de Alberto Negrín y la coreografía de Carlos Casella, que ayuda a construir uno de los momentos más bellos de la propuesta.
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