Norma Aleandro: Quince años después, vuelve a ser Callas

Mañana a la noche estrena en el Maipo Master Class, la obra de Terrence McNally que ya la tuvo como protagonista
Laura Ventura
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20 de marzo de 2012  

Corre la cortina de terciopelo negro, aquella que custodia el ingreso a su camarín. Cuando lo hace, suena un llamador de ángeles, aquel aplique de metal que arrulla con su sonido de cascabeles. Norma Aleandro oficia de anfitriona y se sienta con las piernas cruzadas como indio en el medio de un sillón de tres cuerpos. Se prueba unos guantes y unos anteojos de marco enorme. Son los últimos detalles que le quedan a esta actriz para regresar a un personaje que conoce bien.

Hace 15 años, Aleandro se puso en la piel de Maria Callas, en Master Class, del norteamericano Terrence McNally, dirigida por Agustín Alezzo. Por entonces, el autor pudo ver su interpretación y quedó impactado con su trabajo. Dijo que aquella era la mejor composición que había visto de ese personaje. Esta labor le mereció en 1996 el ACE de Oro. Desde hace cuatro años quería volver a esta obra, pero su agenda tenía ya varios compromisos firmados. Por ejemplo, en el presente, ya sabe que el año próximo dirigirá a Ricardo Darín en Escenas de la vida conyugal , con otra actriz, cuya participación aún no se ha confirmado.

-Volvés a interpretar a María Callas, 15 años después. ¿En qué cambió la composición de este personaje? ¿En qué cambiaste vos?

-No soy la misma. Empecemos por ahí (risas). Crecí, seguí aprendiendo. Lo que queda de entonces es el bello recuerdo de haber conocido a Callas, a través de sus videos y biografías. Hoy puedo volver a esta obra por dos motivos. Uno, vale la pena. Dos, todavía tengo edad para hacerla. Me ofrecieron los videos, pero no quise ver el trabajo que hice por entonces. Me resuena la obra, pero nunca traté de hacer algo parecido a lo que hice antes.

-¿Cómo fue la investigación que hiciste?

-Leí de todo, vi todos los videos que hay con sus presentaciones. Hablé con gente que la conoció, que trabajó y tomó clases con ella. He recibido información por todos lados, porque la gente se acercaba a mí cuando sabían que iba a hacer Master Class .

-¿Te fue más fácil interpretar a un personaje que realmente existió en lugar de crear a alguien de la nada?

-Es exactamente lo mismo. El autor siempre pone datos de aquella persona, que es de carne y hueso, aunque esté escrita como un personaje. Entonces, como un Sherlock Holmes busco todos los datos de lo que dice o hace esta criatura. Siempre completar a esa persona es complejo porque nadie puede saber exactamente cómo era.

DIVAS

"Me resuena la obra, pero nunca traté de hacer algo parecido a lo que hice antes"

Una vida trágica

McNally ubica la acción de esta obra en los últimos años de Callas, en una clase magistral ante profesionales destacados del canto lírico. Susana Naidich está a cargo de la dirección musical de esta obra, donde Lucila Gandolfo y Carolina Gómez alternan los roles de las dos sopranos, mientras que Marcelo Gómez le da vida al tenor, acompañados por el piano de Santiago Rosso, y de Hugo Argüello, Lucía Silva y Felipe Forastieri. Y durante aquellos momentos de la lección, aparecen -a modo de flashbacks- recuerdos de la vida de Callas.

"McNally no se propuso hacer una biografía teatralizada. Pero sí entender la vida desdichada de una mujer, una vida trágicamente griega. Una mujer con sobrepeso, con esos anteojos gruesos, el cutis grasoso. La exigencia que tiene ella con sus alumnos es la misma que tenía ella consigo misma. Y te da un panorama de lo complejo que es el trabajo de un profesional del arte. Hay algunos que nacen con una pincelada de genialidad, pero eso no se mantiene en el tiempo si no hay un trabajo detrás", explica.

-¿Qué despierta esta mujer en vos?

-La admiro mucho y al mismo tiempo me da mucha pena. No logró tener ningún momento de felicidad, porque en aquella relación con Onassis era ella quien profesaba el amor y la pasión más grande. Tiene un genio muy atrevido, pero es implacable. No siente pena por el otro, pero tampoco la siente por ella misma.

-¿Qué tenés en común con Callas?

-El rigor del trabajo. No me conformo. No me gusta que me digan que está todo bien. Siempre se puede mejorar algo. Y en eso me siento absolutamente identificada con ella.

Prima donna de la escena; reconocida internacionalmente; premiada, admirada y elogiada. Su presencia en los escenarios genera siempre expectativa. Y detrás de tanto talento, el esfuerzo y la disciplina juegan un rol crucial. Norma Aleandro y María Callas se parecen mucho. Pero cuando la primera interpreta a la segunda algo nuevo sucede: la baja del Olimpo, le quita el halo divino, y la convierte en inmortal.

PROYECTO

El año que viene dirigirá a Ricardo Darín en la obra Escenas de la vida conyugal

Una estudiante bien rebelde

-¿Vos también fuiste maestra de actuación? ¿Cómo era tu método de enseñanza?

-Estoy en contra de "la letra con sangre entra", porque les hace mal a la letra y a la sangre. Hay que ir buscando con la persona cuáles son las dificultades de cada uno, porque a mí me costó mucho superar las mías. Salir de la timidez, afrontar el ridículo, expresarse totalmente. Es mi manera de trabajar, que es complicado de explicar técnicamente.

-¿Y como alumna?

-Empecé a los 13 años; además de ir a las clases de teatro, miraba siempre en bambalinas a los actores. Aprendía de los buenos, pero también de los malos, porque esa gente te dice que el camino no es así. Me crié en un ambiente de teatro puro. Allí no había espacio para otro arte, como la ópera. A mí me gustaba mucho la danza, así que me preparé para estudiar en el Colón e ingresé, pero mi padre no me dejó.

-¿Y te rebelaste?

-Siempre fui rebelde. Fui a un mal colegio, el Normal N° 9. Así que me hice echar. En cuarto grado me uní a las chicas judías, que eran ubicadas en una habitación, casi como castigo, cuando teníamos catequesis. Le dije a mi abuela -quien me crió porque mis padres se la pasaban de gira- y ella, que era una libertaria, una anarquista de alma, me firmó una carta diciendo que me eximía de asistir a esa clase. Tenía en contra a los directivos y a mis compañeros, que les daba asco que mis padres fuesen artistas.

-¿Y como madre? ¿Qué educación le quisiste dar a tu hijo [Oscar Ferrigno]?

-No tenía dinero, así que lo mandé a un colegio público, pero excepcional. Me preocupé de que no padeciera lo que yo. Tenía doble escolaridad, y un comedor, donde éramos las madres las que servíamos. A veces salía corriendo de una grabación, servía la comida, y volvía. Pero mi hijo fue muy distinto a mí. El fue muy aplicado (risas).

-¿Vos también fuiste maestra de actuación? ¿Cómo era tu método de enseñanza?

-Estoy en contra de "la letra con sangre entra", porque les hace mal a la letra y a la sangre. Hay que ir buscando con la persona cuáles son las dificultades de cada uno, porque a mí me costó mucho superar las mías. Salir de la timidez, afrontar el ridículo, expresarse totalmente. Es mi manera de trabajar, que es complicado de explicar técnicamente.

-¿Y como alumna?

-Empecé a los 13 años; además de ir a las clases de teatro, miraba siempre en bambalinas a los actores. Aprendía de los buenos, pero también de los malos, porque esa gente te dice que el camino no es así. Me crié en un ambiente de teatro puro. Allí no había espacio para otro arte, como la ópera. A mí me gustaba mucho la danza, así que me preparé para estudiar en el Colón e ingresé, pero mi padre no me dejó.

-¿Y te rebelaste?

-Siempre fui rebelde. Fui a un mal colegio, el Normal N° 9. Así que me hice echar. En cuarto grado me uní a las chicas judías, que eran ubicadas en una habitación, casi como castigo, cuando teníamos catequesis. Le dije a mi abuela -quien me crió porque mis padres se la pasaban de gira- y ella, que era una libertaria, una anarquista de alma, me firmó una carta diciendo que me eximía de asistir a esa clase. Tenía en contra a los directivos y a mis compañeros, que les daba asco que mis padres fuesen artistas.

-¿Y como madre? ¿Qué educación le quisiste dar a tu hijo [Oscar Ferrigno]?

-No tenía dinero, así que lo mandé a un colegio público, pero excepcional. Me preocupé de que no padeciera lo que yo. Tenía doble escolaridad, y un comedor, donde éramos las madres las que servíamos. A veces salía corriendo de una grabación, servía la comida, y volvía. Pero mi hijo fue muy distinto a mí. El fue muy aplicado (risas).

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