Perturbadora puesta en escena, a la gorra

Juan Carlos Fontana
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17 de mayo de 2019  

Un joven de cabeza rapada, un skinhead, yace en un espacio vacío; solo lo acompaña una mochila. En la pared del fondo del escenario se proyecta la imagen de Joseph Goebbels, durante los juicios de Nuremberg. Como música de fondo se escuchan algunos acordes de Tanhäuser, de Wagner, el compositor admirado por Hitler. Nuremberg, del dramaturgo uruguayo Santiago Sanguinetti, es una pieza de una contemporaneidad extrema que sacude y despierta los más contradictorios sentimientos en el espectador, a partir de lo que dice y hace su único protagonista, y que le exige a Mateo Chiarino un gran despliegue físico y emocional. Alto, de ojos claros, con borceguíes, ese joven hijo de un militar que cree todavía poder conservar en algún lugar la ingenuidad del niño que fue integra las filas del Frente Nacional Socialista Obrero y considera a sus camaradas parte de su familia. Pablo Finamore en la dirección suma rigurosidad a esta polémica pieza, que transita sus últimas funciones: mañana y el próximo sábado, a las 20, en El Ópalo (Junín 380). A la gorra.

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