Pompeyo Audivert y el poder femenino

La pieza es de Griselda Gambaro
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23 de abril de 2004  

Pompeyo Audivert se deshace en elogios por el trabajo de Cristina Banegas: "Creo que está haciendo algo que es digno de verse, ella multiplica los signos de la obra por medio de su cuerpo, con su propia asociación físico-expresiva. Es una actuación colocada en otros términos, es muy difícil hablar sobre lo que hace, por la modernidad que alcanza en la asociación formal, la libertad que tiene, como entra en un estado superior de la actuación. Es una ventaja muy grande trabajar con Cristina, se conoce tanto a sí misma que su trabajo va madurando casi sin ayuda".

Audivert es sobre todas las cosas actor y se nota aún en su papel de director. Disfruta enormemente con lo que un actor puede dar desde el escenario. Es así que en "La señora Macbeth", la pieza de Griselda Gambaro que se estrena esta noche, protagonizada por Banegas y dirigida por el propio Pompeyo, se nota cómo "se privilegiaron las cuestiones de la actuación, trabajando la puesta de manera muy austera, despojada de todo". Y ahí están ellos, los actores actuando para placer no sólo de Pompeyo sino de los espectadores --hubo un par de funciones de preestreno-- que se dejan llevar por las palabras que Gambaro le puso a esta Lady Macbeth que "por momentos se vuelve extrañamente rioplatense" para revisitar la pieza de William Shakespeare y poner la mirada en la señora del sanguinario y efímero rey de una remota Escocia.

"El texto de Griselda es una multiplicación poética que toma como piedra de toque el texto de Shakespeare, pero lleva las cosas a otro lado, establece en la mujer el sujeto del conflicto y toda la materialidad discursiva se comporta de otra manera, es un texto muy poético pero tiene referencias nacionales, ya que pone al crimen como forma de dirimir cuestiones de poder, cosa que ha ocurrido y sigue ocurriendo en nuestro país", cuenta Audivert sobre el texto que recibió de mano de Banegas hace ya un año y con el que trabajó incansablemente hasta sentir que la investigación estaba concluida, cosa que ocurrió no hace más que una semana. Ningún trabajo teatral es lineal ni, mucho menos, sencillo. En el año de ensayos el grupo tuvo que salir de encrucijadas complicadas: "En un momento nos pusimos muy representativos; en otro se nos iba para el lado de los recursos escenográficos. Todo esto hizo interesante el desafío".

--¿Recurriste al texto original?

--No. Deliberadamente traté de no ocuparme más que del texto de Griselda y encontrar todo ahí. Decidí no ver nada, ceñirme a esa unidad.

--Considerando que la obra fue escrita por una mujer, protagonizada por otra a la que acompañan tres más (las brujas) y apenas el espectro de Banquo, ¿no te costó entrar en un mundo tan femenino?

--Nunca consideré el tema de la mujer en mi trabajo con las mujeres. El enfoque de la dirección estuvo puesto en cuestiones de forma y de contenido pero no desde la perspectiva de lo femenino, la cuestión del poder que aparece en la obra no pivotea en lo genérico, es mucho más amplia su resonancia. Pompeyo habla alto y claro, pero rápido. Las pocas pausas que hace en su narración sólo son un respiro para la próxima arremetida. No deja de moverse en su sillón, levanta la taza de café y la vuelve a dejar sin que ésta haya llegado a su boca que sonríe. Todo el tiempo sonríe. Sabe que lo que está por mostrar es contundente, por momentos arrasador y, si bien como actor y director ha tenido muy buenas propuestas (y resultados), ésta tiene ese no sé qué que marca una diferencia. Será el teatro, será el elenco, será la Gambaro garantizando el texto. De todas maneras, Pompeyo no se hace cargo (o al menos eso quiere dejar en claro): "Sabía que me metía en algo importante, pero eso nunca pesó en el trabajo creativo, no hubo especulación". Lo que hubo fueron meses y meses de trabajo intensivo. Allí donde fueron llegando a ese despojamiento casi como resultado de accidentes del juego teatral. "Al principio tuvimos algunas fantasías medio grandilocuentes, pero las abandonamos enseguida porque nos dimos cuenta que la cosa iba por otro lado. Por una disposición casual de una luz en diagonal que había en el estudio, empezamos a aprovechar ese haz como único espacio posible de acción, y nos dimos cuenta de que era la forma perfecta de hablar en ese tiempo roto en el que sucede la obra. Esa línea nos permitió asociarnos mejor con un concepto atemporal y sin espacialidad definida", detalla el director. Y ahí se la ve entrar a la señora Macbeth casi como por un sendero apenas delineado seguida y siguiendo a las brujas que la acechan, la examinan, la engañan, ¿la cuidan?

--La tríada Gambaro-Banegas-Audivert puede sonar a algo hermético, ¿es así?

--La obra no es hermética pero tampoco concesiva. Hay una muralla que se construye entre el público y la pieza que está puesta para excitar su atravesamiento. Esa muralla está y es posible atravesarla y en ese atravesamiento está la excitación artística a la que queremos llegar y a la que queremos que llegue el espectador. La pieza es una unidad perfecta y es perfectamente claro su planteo, de hecho no hace falta conocer "Macbeth" para acercarse a ella.

--¿Tuvieron algún temor por la leyenda que tilda de mufa a la obra?

--Al principio tuvimos algunos tropiezos y se los adjudicamos al mito, un poco en broma, otro poco en serio, pero después empezó a ir todo muy bien y nos olvidamos. Por suerte..., porque... ¡qué feo es empezar con eso!

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