Propuesta que naufraga

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23 de junio de 2002  

"Las incertidumbres de un torturador discreto", de Claude Bourgeyx. Traducción, adaptación y dirección: Fito Dorin. Intérpretes: Alicia Palmes, Susana Behocaray y Darío Fernández. Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Iluminación: Iván Nirich. Asistente de dirección: Darío Fernández. En El Excéntrico de la 18.

Nuestra opinión: regular.

El dúo actoral Alicia Palmes/Susana Behocaray, que en la temporada anterior conmovió a los espectadores porteños con su espectáculo "Marta y Marta", propone ahora un nuevo trabajo conjunto. Se trata de una pieza del francés Claude Bourgeyx (por primera vez se da a conocer en nuestro país) que busca describir ciertas zonas del mundo femenino. Los dos personajes -Reina y Doña Elvira- comparten una habitación en un supuesto hospital, en la que además se impone la presencia de una moribunda.

Ellas provienen de lugares muy disímiles, en un comienzo. Reina dice ser una estrella cinematográfica y Doña Elvira es apenas un ama de casa que teje sin cesar y a veces recuerda la existencia de un marido no vidente. Bourgeyx trabaja en su obra la realidad de dos mujeres aisladas de un sistema que les dio forma, las hizo sensibles y apasionadas, las enloqueció o trastornó y las conminó a un espacio sin salida para que confronten el estado en el que se sumieron. De a ratos, la muerte es la única salida posible. Pero nunca termina de aparecer como el verdadero escape.

Lo más inquietante de la propuesta autoral reside en cómo se expone a esos seres, aislados de la belleza y de todo signo de femineidad conocido. En verdad, al autor le gusta pintar un ámbito conocido en cierto teatro contemporáneo en el que dos personajes no tienen más posibilidades que mostrarse, mientras un exterior desconocido y que produce miedo, asombro y los vuelve patéticos va acosándolos sin definirse con exactitud de qué o quién se trata.

Un tanto a favor

Lo valorable del espectáculo está en la labor de equipo que concretan los intérpretes y el director. Sobre todo porque esas mujeres van encontrando un sentido muy fuerte a sus personajes, gracias a que profundizan la relación y descubren múltiples posibilidades de juego al pasar de una situación a la otra. Por lo demás, "Las incertidumbres de un torturador discreto" no pasa de ser un material con poco nivel de trascendencia, cuya acción no expone una progresión interesante y que termina agotando la capacidad de atención del espectador.

Resulta muy atractivo el diseño escenográfico que propone Alberto Bellatti con un juego de elásticos de camas de hospital que cubren el ambiente y generan una fuerte sensación de opresión.

Carlos Pacheco

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