Sarah Kane, en el Abasto

Mariano Stolkiner vuelve a conectarse con un provocativo texto de la autora
Pablo Gorlero
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29 de julio de 2010  

Amor de Fedra , de Sarah Kane. Traducción: Pablo Rey. Intérpretes: Pablo Cura, Mónica Driollet, Alejo Mango y Flavia Sinsky. Luces: Julio López. Vestuario: Mercedes del Campo. Realización audiovisual: Marcos Pastor y Mariano Stolkiner. Actores en video: Guillermo Aragonés, Graciela Cravino, Mario Petrosini, Valeria Vogt, Mariano Tenconi Blanco y Miguel Christophersen. Asistente de dirección: Rodrigo Mujico. Producción ejecutiva: Bárbara Rapoport. Versión, escenografía y dirección: Mariano Stolkiner. Viernes, a las 21.30, en El Extranjero, Valentín Gómez 3378 (3980-1147).

Nuestra opinión: buena

Luego del estreno de 4.48 Psicosis , la dramaturga inglesa Sarah Kane se convirtió en una de las más buscadas, sobre todo, por el teatro independiente, para representar su cáustica visión de la vida. Basta recordar también obras como la inolvidable Crave o la inquietante Cleansed , dirigida por Mariano Stolkiner, quien esta vez abraza otro perturbador trabajo de Kane.

Fedra , la tragedia de Séneca, fue tomada en su trama por la autora para ser resemantizada y expuesta en un realismo crudo y salvaje. Aquí, Hipólito prácticamente no sale de su cuarto, donde está encerrado viendo películas, comiendo porquerías y teniendo sexo en forma permanente. Su madrastra, Fedra, hace esfuerzos por conducirlo a través de su rol maternal, pero eso se hace imposible ya que está enamorada de él y lo desea más que a nada. A tal punto que se suicida, pero no sin antes decir que él quiso violarla. Así, Hipólito seguirá su camino señalado por la condena.

A través del mito, Sarah Kane se ocupó de cuestionar los estratos intocables de la sociedad moderna: la familia, la religión y el Estado. Derruidos, corrompidos, se hacen añicos frente a un pueblo tan ensuciado y retorcido como ellos. ¿Por qué somos como somos? La pirámide tiene grandes y graves grietas desde su cima hasta su base. Todos somos responsables y conspiradores. En ...ste, uno de sus primeros textos (de 1996), la autora utiliza un lenguaje diferente al de sus textos posteriores. Es directa, brusca, escatológica, implícita, violenta.

El desafío es grande y Mariano Stolkiner lo asume desde ese realismo crudo impuesto por la autora. Para eso, ubicó a los personajes en parte de la casa palacio en la que viven, alternando la acción con el uso de un video, cuya realización no favorece al resultado final. Es desprolijo y poco de lo que allí ocurre resulta creíble.

En escena los actores circulan con distinta suerte por estas vías sinuosas que plantea el texto de Kane. Pablo Cura es eje de la acción y sobre su trabajo se mueven los demás. Captó la intensidad de su criatura y la expone con fibra gruesa, sin piedad. A su vez, Alejo Mango y Flavia Sinsky también realizan buenos trabajos, como Perseo y un Obispo, y como la princesa Estrofa, respectivamente. Como Fedra, Mónica Driollet se muestra un tanto insegura, pero seguramente se afiatará con el correr de las funciones.

Aunque con algunos pequeños grises (el video es el mayor), Stolkiner logró recrear una gran metáfora cuasi apocalíptica que deja movilizado, inquieto y perturbado al espectador.

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