Shopping & fucking

Carlos Pacheco
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4 de mayo de 2012  

El autor: Mark Ravenhill / Traducción: Rafael Spregelburd / Intérpretes: Daniel Toppino, Luciano Ricio, Eugenia Blanc,Lucas Lagre, Alfredo Urquiza / Escenografía: Santiago Badillo / Luces: Julio López / Vestuario: Merlina Molina Castaño / Música Original: Fernando Sayago / Video: S. Badillo y M. Stolkiner / Asistentes de dirección: J.Cajg, M. Sassone / Dirección: Mariano Stolkiner / Teatro : El Extranjero, Valentín Gómez 3378. Funciones: Viernes, al as 21. Duración: 70 Minutos

Nuestra opinión: Muy buena

Vital exponente del teatro inglés de los años 90, Mark Ravenhill se da a conocer por primera vez en la Argentina. En Shopping & fucking expone una teatralidad similar a la de Steven Berkoff, aunque la virulencia de sus palabras es mucho más agresiva. La pintura que expone de la sociedad de su época es devastadora y el lenguaje y las acciones con que la expresa –rozando lo soez– grafican con creces un mundo neoliberal que al autor le interesa retratar en sus máximas bajezas.

La trama muestra la pobre vida de un matrimonio que convive con un hombre mayor, supuestamente con quien también se relaciona el esposo. Drogadicto y alcohólico, ese ser sintetiza una desesperanza que lo lleva a mentir y a mentirse en cuanto a la realidad de sus hábitos. A la vez, en una de sus escapadas del departamento, un muchacho joven se siente enamorado de él y su mundo aparenta abrirse. Esa relación crece. Los dos hombres se vinculan de manera extraña con los personajes anteriores y dan forma a un cuarteto en el que todo es posible: amores, desamores y traiciones se entretejen como una manera de fortalecer unos vínculos nefastos.

Un personaje, Brian, desde afuera, sabio conocedor de hacia dónde se dirige el mundo, trata de poner claridad a tanto caos. Lo suyo no es fácil. También él sabe de traiciones. En ese grupo hay demasiado menosprecio por el ser humano. La degradación los ha llevado a construir unas personalidades en las que el "todo vale" resulta moneda corriente.

El director Mariano Stolkiner, que en sus últimos proyectos transformó en un fuerte bastión a otra inglesa, Sarah Kane (puso en escena Cleansed y Amor de Fedra), vuelve a introducirse en la oscuridad de unos planteos que sabe manipular con inteligencia y mucha sagacidad. Concibe aquí una puesta austera, pero en la que ahonda en las conductas de esos personajes con total seguridad. Así consigue que ese mundo, casi trágico, crezca y se convierta en tan revulsivo como provocador, a la hora de reflexionar sobre los vaivenes de la sociedad.

Un buen grupo de actores lo acompaña en este derrotero. Es cierto que cada uno de ellos resultan modelos comprensibles, pero también lo es que el autor les ha a aportado una intriga singular que los diferencia y los potencia. Resultan muy sobresalientes las interpretaciones de Daniel Toppino (Mark), Lucas Lagré (Gary) y Alfredo Urquiza (Brian), sobre todo porque cada una de sus conductas o reacciones frente al mundo contemporáneo, aportan una fuerte sorpresa.

El diseño escenográfico de Santiago Badillo no termina de expresar, con la misma profundidad con la que se encauza la puesta, ese realismo sucio que reclama el autor y que debería estar expresado desde una estética más profunda.

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