
Soriano viene cantando
Después de su exitoso Mr. Doolittle en "Mi bella dama", encarna a Tevie en la nueva versión de "El violinista en el tejado"
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En estos días, la incertidumbre invade los ánimos y los argentinos están convulsionados por una situación tan irreal que ni el más fantasioso dramaturgo podría llegar a lucubrar algo semejante. Pero dentro del caos social y económico, Alejandro Romay no titubea en estrenar hoy, como lo tenía previsto, "El violinista en el tejado", musical basado en el cuento "Tevie y sus hijas", de Sholom Aleichem, seudónimo de Salomón Rabinowitz, que lleva a escena a 30 actores.
Cabe preguntarse, por el alto riesgo de inversión, si se trata de una locura, de una patriada o de la eterna disposición de Romay de no dejarse intimidar por la realidad, por más negra que ésta se presente.
"Nada de eso -responde el empresario-productor-: se trata de que a mí y a mi esposa nos gusta ir al teatro y al cine, y pienso que a muchas otras personas les debe pasar lo mismo, sobre todo en épocas como ésta. Me entusiasma y me da mucha alegría producir teatro, y también es una forma de dar trabajo a muchas personas, especialmente a gente joven."
Este mismo tono es el que emplea para afirmar que invirtió 1.600.000 pesos en la producción, faltando aún una erogación de 600.000 en publicidad. No vaciló en reformar la sala Narciso Ibáñez Menta del Broadway, extendiendo el escenario cuatro metros sobre la platea para tener una mayor profundidad, aunque debió sacrificar asientos en la sala y suprimir algunos palcos avant scéne . Además, adquirió nuevos equipos de sonido e iluminación para alcanzar el nivel óptimo de la tecnología más avanzada.
De toda su trayectoria empresarial, así como revivió "Mi bella dama", no pudo olvidar aquella primera versión de "El violinista en el tejado", que realizó en 1969 en el Astral, protagonizada por Raúl Rossi y Paulina Singerman. Ahora vuelve a revivir aquella experiencia con la presencia de Pepe Soriano y Rita Cortese en los papeles de Tevie y Golde, respectivamente.
Como sucede en los días previos al estreno, la sala está invadida por esos seres anónimos cuya tarea es mantenerla impecable, mientras algunos técnicos están abocados a la tarea de ultimar algunos detalles, hilachas e hilvanes de alta costura que Marcela Grandinetti, la coordinadora de escena, se preocupa en atender personalmente. En la platea, Elena Tritek, como coordinadora artística, conversa con cada uno de los actores, puliendo ciertas escenas del musical.
El vozarrón de Pepe Soriano anticipa su presencia. Se lo ve exultante y contento. No es para menos: vuelve al ruedo que más le entusiasma, el escenario, sobre todo después del éxito que le deparó su personaje en "Mi bella dama".
Recién recuperado de un fuerte resfrío, encara con entusiasmo el estreno, pero también con un poco de preocupación por la realidad social. Un café y una copa de coñac fueron la compañía que necesitaba para la charla. "Estamos afrontando este estreno en una época terriblemente difícil y complicadísima, notoriamente complicada, donde Romay juega a la suerte del teatro, lo cual es la cosa más extraña del mundo. Ha cumplido con todos los que participamos con seriedad y rigor, y cumple también con un deseo muy internalizado: reponer las obras que en algún momento hizo y que le dieron muchas satisfacciones, como «Mi bella dama» y «El violinista sobre el tejado»."
Y la memoria de Pepe Soriano, refrescada en este momento, también se vuelca hacia un pasado que parece tener relación con el presente, sobre todo con la aparición de aquellas imágenes queridas.
"A mí me tocó en suerte hacer dos obras que fueron interpretadas por dos actores con los cuales trabajé y con los que, curiosamente, tenía buena relación: Dringue Farías y Raúl Rossi. Dringue, muy buena persona y muy buen compañero, era un actor absolutamente revisteril que alcanzó su momento paradigmático de trabajo con "Mi bella dama", tal vez lo único de su larga carrera. Y en el caso de Raúl fuimos compañeros en muchas aventuras en televisión. Me quedó muy grabado una oportunidad en que hacíamos de dos hermanos en "El ojo de Dios", una historia de Caín y Abel, donde trabajamos con Milagros de la Vega. Después hicimos, al principio de la televisión, en la década del 50, algo que alcanzó notoriedad posteriormente a través de buenísimos actores: Osvaldo Miranda-Ernesto Bianco y Ricardo Darín-Luis Brandoni, en "Mi cuñado", que en mi época se llamaba "Con el pie izquierdo", de Miguel de Calasanz, que hacíamos con María Esther Gamas. Yo era el cuñado y sólo tenía 22 años. Después hicimos "Esperando la carroza". Raúl también fue un muy buen compañero y era un actor dotado. Tenía un físico de volumen y una voz de gran profundidad muy bien aprovechados. Es una pena que se haya muerto muy joven. Realmente siento que no me pesa hacer esta pieza sobre la que además pasaron más de 30 años. Me divierto mucho."
La trayectoria artística de Soriano le permitió acercarse a grandes personajes, como La Nona, Franco, Lisandro de la Torre. Como pocos actores de su generación ha mantenido una actividad continua sobre el escenario y en las pantallas grande y chica.
"Vengo de la piel de "Lisandro", de "El inglés", de aquella experiencia un poco frustrante de "Tartufo" en el Botánico, de "Piazzolla y Borges". No me puedo quejar. Hoy le pregunté a mi mujer si en algún momento me manifestaba disconforme con la vida, porque siento que sería muy injusto. A lo mejor, lo hago y no me doy cuenta. "No, me respondió, se te ve contento". Me siento contento. La vida ha sido hasta hoy gratísima conmigo en la profesión. Es lo que más he amado hacer en el mundo, por eso he permanecido durante 52 años. Me tocó, pocas veces, pero también me tocó el pan amargo."
Pero reconoce que no es el momento para ser ingrato. Y mientras sigue escarbando en sus recuerdos rescata sus primeros trabajos, cuando Antonio Cunill Cabanellas lo dirigía, el elenco de la Facultad de Derecho, para detenerse en sus primeros trabajos profesionales.
"Hice revista por un año en los albores de mi carrera, en el teatro Comedia, por gestión de Osvaldo Miranda, amado por mí porque es un ser humano entrañable. Posteriormente, Carlos A. Petit me llamó para trabajar en El Nacional, ofreciéndome un dinero inimaginable para mí y yo en ese momento claramente le dije que esa experiencia había terminado. Algo similar le respondí a Alberto González, empresario del Maipo. No es cuestión de plata; siempre la mandé al último lugar. Por eso no tengo. No soy el único ni es un mérito especial. Hay algo que uno lleva consigo, y es la cara para mirar a la gente."
Esa cara que se ilumina con una sonrisa cuando recibe el aplauso de un público entusiasta que no deja de reconocerlo en la calle, en el bar, en el hall del teatro.
"Hasta ahora, hacer teatro con música es tan divertido como muchos artistas no se lo imaginan, salvo los que lo hacen. Algo similar le sucede a Rita Cortese, que es la primera vez que hace un musical. Está loca de contenta porque canta y se mueve. Pero reconozco que el musical no debe ser exclusivo. Tiene que haber variedad. En algún momento me gustaría hacer una obra de Tato Pavlovsky; si no, es quedarse en un género. Hay que cambiar. "Mi bella dama", por ejemplo, fue un cambio enorme para mí. Pero hay algo que no podemos eludir. Hay una frase que me quedó a fuego, que me dijo Cunill Cabanellas: "Nunca, nunca serás un actor argentino si no es a través de tus autores". Yo tenía 19 años y nunca me olvidé. Lo que pasa es que uno se mueve en medio de la necesidad, porque la Argentina no es un país que proporciona una condición estable de vida mínima. La mayoría de los actores no tiene trabajo, no hay salas, no hay publicidad para que la gente los vaya a haber. Tampoco ayuda la situación económica. El ciclo Teatro Nuestro, por ejemplo, donde pusimos tanto empeño y esfuerzo (N de la R: trabajaban Juan Carlos Gené, Carlos Carella, María Rosa Gallo, Lito Cruz, Pepe Soriano, Fabián Vena, Ulises Dumont, Gastón Pauls), fue un desastre económicamente hablando; a ninguno nos quedó ganas de nada, no veíamos un mango. En el pasado, a comienzos de los 50, era una época en que se podía, aun cuando estábamos en San Telmo, porque se sacaba a fin de mes unos pesitos para pagar el alquiler."
Estos recuerdos extraen lo mejor de su esencia actoral, de ese impulso original que lo llevó a encarar la profesión. "No hay nada que hacer. La obra existe cuando le hago mi declaración de amor al otro; el otro por su sola presencia se modifica y me modifico yo. El teatro son dos: el actor y el público. Si éste falta... Hay una cosa por la que tenemos que pelear. Estamos trabajando con producciones grandes, pero se nos está escapando la excelencia. Cuidado. Excelencia es Gandolfo y Gené, y tomemos esas referencias para que el teatro argentino sea excelente. Nadie se puede excluir. Entonces, vamos a ver qué hacemos con la excelencia."
De ayer a hoy
- En Broadway, el musical se estrenó en 1964, con producción de Harold Prince, y ganó nueve Tony; en Londres se conoció en 1967, y en Buenos Aires, en 1969.
- La versión cinematográfica se realizó en 1971 y ganó tres Oscar y dos Globo de Oro.
- En Buenos Aires, el espectáculo se estrenó en 1969, en el teatro Astral, donde la vieron 123.401 personas; en 1970 pasó a El Argentino, donde asistieron 126.926. En 1975 se realizó una versión concierto en El Nacional, donde se vendieron 10.987 localidades en 11 funciones. En 1980 se conoció una nueva versión que fue vista por 72.887 personas.
- El total de espectadores argentinos que vieron la obra en las diferentes puestas fue de 407.088.
- El elenco original estaba integrado por Raúl Rossi, Paulina Singerman, Estela Molly, Marty Cosens, Oscar Rovito, Simonette, María Alejandra, Kim Karam, Jacques Arndt, Cacho Espíndola y Jesús Pampín, entre otros. La coreografía era de Jerome Robbins, el vestuario de Eduardo Lerchundi, la escenografía de Juan José Urbini y la dirección de Wilfredo Ferrán.
- En la primera version, Alejandro Romay invitó al actor Topol, que había hecho las versiones neoyorquina, londinense y cinematográfica. Topol, ante las cámaras de Canal 9, cantó con Rossi el clásico "Si yo fuera rico".
- Del elenco original, en esta nueva puesta participa Estela Molly, que del papel de hija pasa a cubrir el personaje de casamentera.
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