Teatros independientes, en problemas

Son los que más sufren por las medidas económicas, ya que dependen del dinero en efectivo
Alejandro Cruz
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8 de diciembre de 2001  

Ante las nuevas medidas económicas, el teatro se ve obligado a una nueva reconversión. Por empezar, son muy pocas las salas que tienen el servicio de venta con tarjeta de crédito y ninguna posee el sistema de débito automático (sea de la red Banelco o Link).

Los productores de salas comerciales reaccionaron rápidamente y el martes (como anunció LA NACION en su oportunidad) se reunieron para intentar encontrar la forma de bancarizar sus boleterías. Porque si bien la mayoría de las salas de la avenida Corrientes poseen venta telefónica, el sistema de débito automático y tarjeta de crédito no forma parte de la cotidianidad. En ese aspecto, la sala que hace punta es el Paseo La Plaza, que fue el primer teatro que se reconvirtió al plástico .

En las salas oficiales, el Complejo Teatral de Buenos Aires tiene servicio de venta telefónica y mediante tarjeta (todas menos American) y desde el principio de esta semana están intentando instrumentar el sistema de débito automático. En el resto de los espacios oficiales la realidad es distinta. En el Centro Cultural Ricardo Rojas, que depende de la Universidad de Buenos Aires, la única manera de pago es en efectivo, esos papelitos que pasaron a valer oro. Lo mismo ocurre en el Centro Cultural Recoleta, aunque en ese caso se realizan ventas telefónicas con tarjeta, como en la mayoría de las salas comerciales de Buenos Aires.

Pero los que están en situación realmente de crisis son los propietarios de las salas independientes. Un circuito que, a los recortes de los subsidios nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires, ahora deberá sumar la reconversión de sus boleterías en sistemas conectados en un país al cual parecen no pertenecer.

Cortocircuito

El lunes, cuando las nuevas medidas se instalaron en la calle, muchos teatristas no salían de su asombro. Como Cristina Banegas, dueña de El Excéntrico de la 18, que estaba en actitud de mirar para los costados buscando respuestas. Justamente, su sala acaba de cumplir 15 años, pero en vez de festejar y cumplir sueños de agrandar el espacio, el espíritu de fiesta se aguó gracias a la crisis. A pocas cuadras de El Excéntrico, Ricardo Bartis posee su Sportivo Teatral, uno de los espacios más dinámicos del panorama teatral alternativo. "Esta medida simplemente nos aniquila", apunta Bartis en comunicación telefónica con LA NACION. Tanto El Excéntrico como el Sportivo se mantienen con las clases que se dictan allí. Pero, como apunta Bartis, "nuestros alumnos no tienen un mango . No creo que podamos pasar el verano. Esto nos funde".

La sala Callejón de los Deseos no depende de las clases. Ubicada en el corazón del Abasto, con el paso del tiempo ese teatrito se convirtió en una de las salas por excelencia de la renovación escénica. Una de sus dueñas, Alicia Leloutre, explica que las nuevas medidas económicas empeoran una realidad ya deteriorada desde que el Estado dispuso los recortes a los subsidios a la actividad. "Yo no puedo mantener la sala con la recaudación de boletería. ¿De dónde voy a sacar la plata para mantener a este elefante", se pregunta, sin encontrar respuestas. Casi la misma reflexión que el resto de los productores o propietarios de las salas consultados.

Por lo pronto, durante el pasado fin de semana las ventas de entradas en el Callejón disminuyeron un 30 por ciento. "Tengo un subsidio de Proteatro (organismo porteño a cargo del fomento del teatro no oficial) para instalar un aire acondicionado, pero, como el resto, no puedo sacar la plata del banco porque no tengo tarjeta, ni nada de eso. Y si pudiera sacar la plata e instalar el aire acondicionado, para eso me dieron el subsidio, no podría encenderlo, porque no tendría cómo pagar el aumento en la cuenta de luz. Si esto sigue así yo tengo que cerrar", apunta Leloutre, una verdadera trabajadora del teatro.

Los relatos son coincidentes y la suma se parece a los reclamos de los comercios minoristas, que bajaron sus ventas en un 50 por ciento. El efecto recesivo también se sintió en El Portón de Sánchez, la nueva sala que poseen la coreógrafa Roxana Grinstein y el actor y director Roberto Castro.

"Lo cierto -apunta Castro- es que no nos da la recaudación para operar con dinero plástico. La situación es tal que muchas veces tengo que atender la boletería porque no podemos pagarle a un empleado."

Pasado mañana se reunirá el directorio de Proteatro y, seguramente, se tratará el tema. Sin embargo, según explicó Onofre Lovero, presidente del organismo, "nadie nos llamó para evaluar esta nueva situación".

"De todas maneras -señala Edward Nutkiewicz, actor y dueño de la sala El Bardo, que funciona en su casa-, el tema ya no es si ponemos sí o no la maquinita. Ahora lo que estamos esperando es ver qué va a pasar con Cavallo, qué va a pasar con la Argentina."

A la luz de esta realidad, el teatro -como el país todo- anda con pronóstico reservado. Por lo pronto, este fin de semana servirá como un buen termómetro para ver cómo reacciona el público.

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