Ternura y comicidad

Laura Ventura
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26 de junio de 2014  

El oído privado/ Autor: Peter Shaffer/ Dirección: Jorge Sánchez Mon/ Intérpretes: Ariel Mele, Jeremías López de Celis y Paula Russ/ Vestuario y escenografía: René Diviú/ Luces: Marcos Pastorino/ Sonido: Nicolás Pucci/ Asistente de dirección: Marisa Sosa/ Producción general: Clara Pizarro Pando/ Sala: Patio de Actores, Lerma 568/ Funciones: viernes, a las 21.

Nuestra opinión: muy buena

Antes de escribir la polémica Equus y la brillante Amadeus, el británico Peter Schaffer se dedicó a pintar su aldea y a sus contemporáneos. En el díptico El oído privado / El ojo público , el dramaturgo se adentró en el comportamiento de la clase media londinense de la década del sesenta, sus miserias y sus sueños. Jorge Sánchez Mon tomó la primera de estas piezas y le dio vida a un espectáculo sumamente entretenido, tejido con un humor exquisito y con buenas ideas. Una de las escenas mejor logradas es la del coqueteo entre dos personajes, mientras suena un aria de Madama Butterfly, una escena con todos los elementos del cine mudo.

Bob es un tímido joven, acomplejado y dueño de una torpeza de una dimensión que iguala su belleza interior. La música clásica es su refugio, aquel universo donde bucea y que comprende con naturalidad, pese a que carece de una educación formal. Con esta concepción platónica sobre la belleza y la virtud, Schaffer moldea una criatura de una naturaleza bella y noble que actúa bajo estos principios. Ariel Mele realiza un excelente trabajo con esta composición llena de ternura, comicidad, fragilidad.

Bob invita a su casa a una chica, a quien espera con una cena romántica. Aterrorizado con la cita, la primera de su vida, al protagonista se le ocurre la pésima idea de invitar también a su seductor compañero de oficina para que lo ayude con elaboración de la comida y para entretener con su simpatía a la dama. El devenir de esta comedia de enredos entre estos tres personajes es predecible. Jeremías López de Celis y Paula Russ son los otros dos vértices de este triángulo con dos interpretaciones logradas.

El oído privado tiene una cuidada ambientación, mérito de René Diviú, y un efectivo diseño de sonido (labor de Nicolás Pucci), un elemento clave en esta pieza donde la música juega un rol central.

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