Tres historias narradas

(0)
28 de junio de 2002  

"Hasta que me llames". Texto e interpretación: Ana María Bovo. Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova. Asistencia de dirección y vestuario: María Pérez Cigoj. Coreografía: Marcela Suez. Puesta en escena y dirección: Enrique Federman. En el Club del Progreso, Sarmiento 1334. Funciones: sábados, a las 19 y a las 21.

Nuestra opinión: muy bueno

Tres historias particulares dan forma al nuevo espectáculo de la narradora Ana María Bovo. Tres seres que esperan exponen su soledad, su angustia, su entereza, y, por sobre todas las cosas, su imperiosa necesidad de vivir. La primera es rescatada de la historia y es tan conocida en sus aspectos generales, la de Ulises y Penélope. La segunda proviene de una ficción, el argumento de "La flor de mi secreto", película de Pedro Almodóvar. La tercera tiene mucho de autorreferencial, pero está tamizada también por la ficción.

En el pequeño espacio del primer piso del Club del Progreso, la narradora se expone en su doble condición de dramaturgista y actriz. Por un lado resulta más que atractivo ese texto que concibe y la forma en que va hilvanando cada una de las historias que en todo momento van entrecruzándose y uno no sabe, por momentos, cuándo Ulises deja de ser él para transformarse en la protagonista de la película de Almodóvar o en Ana, la singular artista que regresa al pueblo de la infancia, atravesada por las secuelas de la dictadura militar.

Pero esa dramaturgia se enriquece, y con fuerza, cuando la intérprete narra construyendo unas imágenes internas de una potencia asombrosa. Cada uno de los personajes adquiere una magnitud inesperada en la mente del espectador. Porque Bovo no solamente les aporta brillo a quienes llevan la línea de la acción en sus narraciones, sino que, fundamentalmente, carga las tintas con los personajes secundarios y los hace tan fuertes que en verdad parecerían ser ellos los que les dan brillo a los protagonistas.

Las princesas que buscan conquistar a Ulises, la madre de Leocadia en el film español o el tío Vicente, en la última historia, son de una profundidad y una grandeza que uno no puede menos que agradecerles tanta inocencia y vitalidad. Y están tan solos y han vivido tanto que hasta tienen la fuerza para contener a los desesperanzados.

Ulises, Leocadia y Ana aparecen en el relato de Ana María Bovo dueños de una gran sensibilidad. El primero está construido desde un costado sumamente femenino y, aunque parezca extraño, esto le aporta una fuerte masculinidad. Leocadia sale de la locura almodovariana para mostrarse casi en carne viva y Ana habla con su corazón raído entre las manos.

Forma significativa

Enrique Federman diseñó una situaciones más que interesante, descubriendo nuevas posibilidades espaciales, casi impensables, para contener el relato. Una puerta abierta, un sillón, una copa en la mano de la actriz que se aparta hacia un lateral, son más que significativos para dar mejor forma a ese mundo que se describe con palabras. La iluminación diseñada por Gonzalo Córdova aporta los climas exactos y también con pequeños elementos, pero profundizados sensiblemente.

Ana María Bovo demuestra un importante crecimiento en su búsqueda dentro de la narración oral. En cada trabajo suyo esa disciplina se observa más ligada al teatro. Tampoco busca ya en las historias de autores conocidos los materiales para transitar. Una película, una historia conocida o su propio mundo personal asoman como los disparadores fundamentales para hacer crecer ese arte tan pequeño y eterno como es el de contar un cuento.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?