Un barrio tomado por una potente acción artística

El Abasto fue el escenario creativo de una muestra de ocupación del espacio urbano que impactó en el FIBA
Alejandro Cruz
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26 de enero de 2019  

Luego de la despareja jornada de apertura del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) la segunda fue su revancha. Desde la tarde hasta pasada la medianoche, tanto el jueves como ayer, el barrio del Abasto tiene algo de territorio tomado, estallado, envolvente y expansivo en el que sucedieron una infinidad de propuestas artísticas ligadas a obras cortas o de largo alcance (de apenas unos 10 minutos a 5 horas), instalaciones, acciones performáticas, una comparsa drag empoderada, shows musicales y talleres en un contundente aprovechamiento artístico del espacio urbano.

La movida se llama Maratón Abasto. Su punto de partida pueden ser varios. En la estación de subte Carlos Gardel está el posible primer mojón a cargo de las hermanas Marull (Paula y María). Copan dos de esos típicos locales calurosos del subte. En uno de esos escenarios hay un velatorio. En el del otro lado, una mujer está en proceso de parto. Entre una situación y otra, la inquietante irrupción de un hecho ficcional en medio del trajín urbano.

Algunos espectadores eventuales entran en acción. El juego se expande. En la esquina de Agüero y Guardia Vieja, hay otro mojón importante. Por Guardia Vieja hasta Bulnes esas 6 cuadras tienen algo de pasarela en la que variedad de trabajos multidisciplinarios invitan a descubrir la riqueza histórica, patrimonial y artística de un barrio con identidad propia. A las 19, en la esquina de Guardia Vieja y Mario Bravo, Louta hace bailar a centennials mientras una abuela con batón se asoma al desconcierto desde su comedor del primer piso.

Muchas horas después, ya de noche, copan la parada Carlos Casella junto a Alejandra Radano que, como es costumbre, entregan todo. Entre las presentaciones de Louta y la de Casella pasan muchas cosas. También hay escenas de desconcierto vecinal. Dos señoras del barrio se pasean por la cuadra. Una, ante una estructura en la que el fotógrafo Marcos López propone un living en el que la gente se puede sacar una foto, le explica a la otra: "Esto es de Marcos López". "Marcos Paz, querrás decir", intenta corregir su amiga. Dos pasos más adelante, jóvenes y no tanto, entienden que cada recoveco es el lugar indicado para un selfie mientras Dennis Smith interpreta canciones en el parking de bicicletas y en el balcón de más allá está Rosario Bléfari.

Maratón Abasto tiene una línea de fuga por Sánchez de Bustamante. Su esquina con Sarmiento es el kilómetro cero de Bombón Vecinal, la propuesta curada por Monina Bonelli y Cristian Scotton. Del Sanata Bar salen bifurcaciones hacia comidas ricas y sanas, mesas en las calles y clima barrial intervenido, tomado, encendido. En un tercer piso, en dos departamentos vecinos Nelson Valente propone una situación en paralelo con momentos sumamente atractivos. En la vereda opuesta casi a la misma altura, en el taller mecánico de Pini se arma karaoke, ronda de chistes, clima festivo en una propuesta que lleva las firmas de Marcos López y Martín Seijo. Unos pasos más allá está el taller del fotógrafo Marcelo Zappoli. Él recorrió casa por casa y retrató a sus vecinos en sus propios hogares que se proyecta en la esquina. En su estudio tiene lugar una que no debería pasar inadvertida: la coreógrafa y bailarina Josefina Gorostiza reunió a 8 vecinas de la cuadra.

De vuelta al parámetro Guardia Vieja, a 6 horas del inicio de esta crónica, la zona sigue en modo fiesta. Por cucaracha me informan que la mujer de la perfo de las hermanas Marull dio a luz. Obvio, llegaron gemelos. Y hubo aplausos. El Abasto arde. El Abasto está encendido. Está en modo maratón.

Hoy, en el FIBA

A las 13

Abnegación, 3, montaje de Lisandro Rodríguez. En Estudio Los Vidrios.

A las 20.30

Mi fiesta, performance con Mayra Bonard. En el Cultural San Martín.

A las 21

Estado vegetal, obra de la chilena Manuela Infante. En el Teatro San Martín.

A las 21

Proyección del documental Teatro de guerra, de Lola Arias, en el Parque de la Memoria

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