Un juego potente

Carlos Pacheco
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26 de junio de 2014  

Museo/ Dramaturgia y dirección: Piel de Lava y Laura Fernández/ Intérpretes: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes/ Participación plástica: Mondongo y Sebastián Arpesella/ Realización de maqueta: José Escobar/ Investigación teórica y colaboración artística: Fernanda Alarcón/ Vestuario: Flora Caligiuri y Carolina Sosa Loyola/ Diseño sonoro y composición musical: Gabriel Chwojnik/ Luces: Matías Sendón/ Asistencia de dirección: Camila Palacios/ Sala: Espacio Callejón, Humahuaca 3759/ Funciones: viernes, a las 21.30/ Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

El grupo Piel de Lava vuelve a reunirse en torno a un proceso colectivo. Las creadoras de Colores verdaderos, Neblina, y Tren arriesgan en este proyecto una serie de hipótesis acerca de la labor en conjunto. Lo hacen con diez años de experiencia grupal y resulta muy atractivo comprender cómo muchas cosas que se afirman, cuestionan o ponen en duda en el espectáculo, no provienen sólo de una mera ficción sino de una realidad que el mismo cuerpo de estas actrices carga, seguramente.

En escena, cuatro inquietas mujeres están presentando un espacio que han concebido juntas. Un museo de arte contemporáneo que pareciera que fue fácil construir, aunque en esta noche particular, algo sucede y el mundo interno de las cuatro se abre y entonces el espectador toma conciencia de quienes son verdaderamente, cómo piensan, qué fricciones asoman entre ellas. Y fundamentalmente, en el intercambio de ideas, en las discusiones, asoman una serie de reflexiones sobre el arte que terminan resultando muy estimulantes.

Carricajo, Correa, Gamboa y Paredes son intérpretes muy intensas. Lo han demostrado en otros espectáculos del grupo, pero también en producciones conducidas por otros directores. En Museo, el equipo actoral crea un juego potente, que va construyendo con minuciosidad y siempre dejándose modificar por una energía especial que fluye de sus cuerpos y las va modificando casi sin percibirse.

El punto más endeble del espectáculo está en su dramaturgia. Hay ciertos momentos, muy claves, además, en los que las resoluciones se demoran o cambia abruptamente la historia y el ritmo se detiene. Sin embargo esto no quiebra sustancialmente la línea general de la obra.

La imagen de la propuesta es muy acabada: escenografía, vestuario, luz. Hay una fuerte investigación allí y esto hace que en algunos tramos la teatralidad se construya con aportes verdaderamente interesantes, como la escena de "El almuerzo del obrero", intervención del grupo Mondongo o la imagen final, fotografía de Sebastián Arpesella.

Piel de Lava vuelve a recuperar el valor de la creación grupal. Una apuesta segura en el marco de sus procesos que, hasta las expone con fuerte vitalidad a la hora de la representación.

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