Un rubro venido a menos

Ernesto Schoo
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3 de mayo de 2003  

Hasta mañana, estará abierta, de 16 a 20, en el Teatro Cervantes, la Primera Feria del Libro Teatral. Un acontecimiento que, dice la convocatoria, "permitirá al público la consulta y la compra a precios convenientes de publicaciones especializadas y ediciones agotadas, así como asistir a presentaciones de nuevos libros y participar de mesas de discusión".

Esta columna ha señalado ya la carencia, en el mercado local, de colecciones dedicadas al teatro, en sus variados rubros: textos de obras, ensayos teóricos, reflexiones, memorias. conversaciones, entrevistas. No siempre fue así. Hasta los años sesenta del siglo pasado abundaron aquí esas ediciones, incluyendo las obras que estaban en cartelera en ese momento. Los sellos mayores -Sudamericana, Losada, Emecé- ofrecían sus colecciones, donde alternaban los clásicos mundiales (Shakespeare, Claudel, García Lorca, Pirandello, O«Neill) con los autores representativos de la inmediata posguerra: Anouilh, Ugo Betti, Tennessee Williams.

Simultáneamente, editoriales más pequeñas -Talía, responsable de la revista homónima, dirigida por Emilio Stevanovitch; Losange, conducida por un fervoroso Fernando Sabsay- completaban la oferta con textos acaso menos populares (en el buen sentido de la palabra), en tanto Eudeba y el Centro Editor reimprimían a los pioneros del teatro argentino: Payró, Laferrére, Sánchez. Sin olvidar a Corregidor, que hasta hoy sigue publicando la obra completa de contemporáneos como Gorostiza y Gambaro. Ni al San Martín, que editó una valiosa colección (todavía disponible) con obras allí representadas.

* * *

Muchos factores inciden hoy sobre la menguada producción de libros de teatro. No sólo aquí sino en el mundo, aunque abundan en Gran Bretaña y Alemania, donde la actividad escénica sigue siendo prioritaria. El público de teatro se ha reducido en todas partes, frente a la competencia del cine y la televisión. Si bien un porcentaje no desdeñable de gente joven se interesa por la escritura teatral y la actuación, la música es hoy, sin duda, el medio de expresión favorito de la juventud. El número de lectores atraídos por el teatro impreso debe de ser mínimo, a lo que se suma el auge de la fotocopia y la transmisión de textos por vía electrónica.

La dramaturgia en sí ha experimentado también profundos cambios. Hoy son numerosas las obras carentes de un libreto propiamente dicho, resultado de acciones surgidas (a partir de un tema más o menos impreciso) de las improvisaciones de los actores. El cuerpo, la acción física, ha ido desalojando a la palabra como herramienta expresiva fundamental: la acrobacia, las técnicas circenses, la espontaneidad nacida de la ocurrencia momentánea (a la manera de la comedia del arte) y de la intercomunicación con el espectador, reemplazan al manejo de la voz, hasta ayer nomás considerada como el instrumento indispensable para transmitir la poética de la escena.

No obstante, pese a las dificultades, locales y mundiales, algunos signos alentadores aparecen. Norma prosigue con las obras completas de Shakespeare, en traducciones confiadas a escritores profesionales de toda América latina. El sello Adriana Hidalgo presentará en estos días también el teatro completo de Chejov, en un volumen que reproduce la vieja edición de Sudamericana, en la impecable traducción de Galina Tolmacheva, más el agregado de "Platonov", traducido por Federico Hšller. Tal vez haya comenzado así a reanimarse una vertiente que ningún editor responsable debería desdeñar.

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