Una obra que hace bien (así de sencillo)

Alejandro Cruz
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23 de marzo de 2019  

El recomendado

El amor es un bien

La obra se estrenó en 2015 en una sala bien pequeña de Villa Crespo con nombre que remite a ciudad de gigantes panorámicas de una país gigante (el Moscú Teatro). Pasó por festivales, obtuvo excelente críticas, ganó premios y fue cambiando de salas hasta llegar, actualmente, a las funciones de los sábados en La Carpintería. Su creador, Francisco Lumerman, se enamoró de Tio Vania, de Chéjov, y producto de ese amor nació esta propuesta. En este caso, la acción se desarrolla en un modesto hotel de la Patagonia regentado por Sonia y su tío Iván. Hay un único huésped permanente que se llama Pablo. Se sabe que es médico, se sabe que no se sabe hasta cuándo se quedará ahí. La llegada del padre de Sonia con su nueva mujer terminan alterando ese cotidiano compuesto de mínimos gestos, de simples capas de un transitar que parece inalterable. Pero no, todo estalla. Y en ese clima de estallido Lumerman va llevando a esos cinco personajes con una sensibilidad exquisita en medio del paisaje de Carmen de Patagones, canciones, dulces caseros, algún cigarrito y confesiones de personajes endebles. Quedan pocas funciones. Hace bien verla.

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