"30/30", un western patagónico sobre el cuento de Dalmiro Sáenz

Marcelo Stiletano
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9 de diciembre de 2001  

"30/30", adaptación para TV de un cuento de Dalmiro Sáenz. Con Jean Pierre Noher, Cecilia Milone, Martín Adjemián, Tomás Fonzi, Alejo Ortiz, Marcelo Alfaro y elenco. Guión y dirección: Alexis Puig. Por Canal 7, en el ciclo "Cuentos de película", coproducido entre el canal oficial y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Se repetirá el martes, a las 22.

Nuestra opinión: bueno.

Tal vez, la única utilidad de las amables y exageradamente didácticas palabras que utilizó Víctor Laplace al presentar el segundo título de la serie "Cuentos de película" haya sido advertir al televidente que las acciones se desarrollan en un rincón de la geografía de nuestra Patagonia hacia fines del siglo XIX.

De no mediar esa observación, cualquier espectador hubiese asociado desde un comienzo las imágenes de este relato con las de cualquier historia que se desarrolla en polvorientos y desolados parajes del oeste norteamericano. Apellidos de raíz sajona (Morgan, Davidson), vestimentas, ámbitos y costumbres propias del western perfilan el comportamiento de los personajes fundamentales.

En vez de acercarse a los personajes de esta tierra imaginados por Dalmiro Sáenz, Alexis Puig parece haber elegido un camino más universal, surgido de su formación cinematográfica. Aquí hay un hombre misterioso y de pocas palabras (Jean Pierre Noher) que llega para vengarse a Sierra Leona, un pueblo que desde ese momento deja al desnudo que detrás de su calma esconde recelos y cobardías. Mata al comisario a sangre fría con un arma temible (un rifle Winchester cuyo modelo le da un nombre al forastero y sentido al título), se gana el odio general y profundiza la espiral de violencia que explota con su llegada.

Hasta que el acercamiento afectivo entre el enigmático matador y una mujer del pueblo termina dejando al descubierto que en realidad aquél decidió regresar con una cuenta del pasado sin saldar y un destino marcado que lo llevará, a su tiempo, también a perder la vida, precisamente en el momento en que los ciudadanos de Sierra Leona reemplazan el miedo por la ambición de cobrar la recompensa que se puso por su cabeza.

Un western crepuscular

Los ejes básicos de esta trama remiten a aquella etapa del western conocida como "crepuscular", en la que los conflictos psicológicos prevalecen por sobre el espíritu de aventura. Puig lo hace apostando al laconismo de sus personajes, sobre todo el de Noher, inspirado claramente en el "hombre sin nombre" que Clint Eastwood paseó en su período junto a Sergio Leone -y, más tarde, en "La venganza del muerto"-, y mediante una puesta en la que aspira a hacer triunfar el poder expresivo de la imagen por sobre cualquier palabra.

Lo más saludable es que el realizador en todo momento está dispuesto a sostener ese propósito. Puig muestra pulso firme y expresividad visual cuando retrata la muerte del desertor que persigue a 30/30 (tal vez la escena más lograda de todo el relato) y en la descripción de los hechos del pasado que explican y justifican la ambigua conducta de aquél mediante un largo flashback de significativa tonalidad rojiza.

Cuando, en cambio, se detiene en aquellos lugares donde por lo general no es posible sacar provecho del espacio y el aire libre (la pulpería, la casa donde vive la mujer que es objeto del deseo del protagonista), las secuencias se extienden más allá de lo necesario y se recargan de significados que ante todo son verbales, pero que también se extienden a la confusa utilización de una banda sonora en la que se mezclan antojadizamente el color musical casi paródico de los viejos "spaghetti-westerns" y el lirismo profundo de la guitarra de Ry Cooder. Confusa y exagerada, porque no hay una sola imagen que no tenga su correspondiente comentario musical, ni siquiera aquellas en las que el laconismo de las imágenes no reclama otra cosa que el silencio.

Quizá por el adecuado aprovechamiento dramático de los exteriores -rodados, en verdad, en un pueblo fantasma de La Pampa-, quizá por el logrado retrato del personaje central que logra Noher (su 30/30 sabe transmitir temor y también expresa una íntima debilidad), el relato logra imponerse en sus ejes centrales sobre los vaivenes apuntados y sobre algunas escenas que están decididamente de más.

La forma en que se muestra el momento en el que 30/30 y la mujer del pueblo consuman su pasión es el mejor ejemplo: primero se muestra, sin palabras, cómo ella resuelve acompañarlo superando los temores iniciales y más tarde hay un plano gratuito de supuesta carga erótica que le quita a la secuencia buena parte de su significado expresivo. De haber superado esas oscilaciones, que se extienden a un elenco algo desparejo, "30/30" hubiera logrado mostrar más de lo que insinuó en la búsqueda de un lenguaje genuinamente televisivo para adaptar obras de la literatura argentina.

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