Alternativas frente a un problema nada menor

Marcelo Stiletano
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27 de mayo de 2009  

La descomunal repercusión alcanzada en los últimos días por "Gran Cuñado" dejó en un ¿definitivo? segundo plano a la otra gran apuesta de Marcelo Tinelli para esta temporada, el segmento denominado "Bailando Kids".

Una combinación de factores alteró los planes del exitoso conductor y lo obligó a aplicar dos cambios simultáneos sobre la marcha: amplió la oferta de "Gran Cuñado", buscando así ampliar el eco de un programa que se reproduce a toda hora, hasta en los noticieros, y minimizó la de "Bailando Kids", tal vez con el paradójico propósito de no exponerse tanto en este caso.

No debe resultarle cómodo a Tinelli el efecto logrado hasta aquí por la traslación infantil de "Bailando por un sueño". Como ya se dijo en estas páginas, el comienzo del concurso resultó muy poco feliz. Hablar, por ejemplo, de "perreo" (en alusión a un elemento que caracteriza e identifica al reggaetón, ritmo elegido para abrir el ciclo) por definición constituye una degradación del papel de la mujer aun en términos adultos. Trasladar esas cuestiones a los chicos es aún más grave.

Así como dijimos hace siete días que "Gran Cuñado" es el colofón natural de un largo camino iniciado hace casi 15 años, del mismo modo lo que ocurre en el caso de "Bailando Kids" puede verse como la consecuencia inevitable de un extendido contrasentido. De un lado, la reproducción carente de límites en horarios completamente inapropiados de toda clase de vulgaridades, groserías y conductas obsesivamente ligadas al sexo, que en buena medida tuvieron el año pasado como fuente los escandaletes de "Bailando por un sueño". Del otro, la insólita reproducción de este concurso en clave infantil y dentro de un horario que en teoría encierra la obligación de proteger a los más chicos. Con este panorama, ¿es posible impedir que más allá de las 22 los chicos sean protagonistas y espectadores de un programa en el que se clonan algunos de sus contenidos más adultos? Parece difícil.

* * *

Sin embargo, cuando se recurre al ingenio creativo, al sentido común y al respeto por los chicos, las alternativas también surgen naturalmente. Nos hemos ocupado más de una vez en esta columna de El conciertazo , una sencilla y extraordinaria idea de Televisión Española que lleva ocho temporadas en el aire y que los argentinos pudimos descubrir a través de su canal internacional.

La propuesta no tiene secretos. Consiste en estimular entre los chicos con alegría, actitud espontánea, espíritu didáctico y nada de solemnidad el gusto por la música clásica y el ballet a partir de un desprejuicio bien entendido que nace del juego y no de la imitación forzada de comportamientos adultos.

En la Argentina están dadas todas las condiciones para reproducir esa idea, que podría extenderse al tango y al folklore. Canal 7, sin ir más lejos, cuenta con una orquesta sinfónica, estudios y medios técnicos. Ernesto Acher, el flautista Jorge de la Vega, Claudio Morgado y el fallecido Jorge Guinzburg abrieron senderos en los últimos años con espectáculos teatrales de igual inspiración. Lo más difícil será instalar en nuestro ADN televisivo una frase del creador de El conciertazo , Fernando Argenta, que en la realidad que vivimos hasta puede resultar peligrosa: "Un país culto será siempre un país libre y se dejará manipular menos".

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