Amplia caja de resonancia

Marcelo Stiletano
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26 de diciembre de 2001  

Será difícil alejar de nuestra memoria los hechos aciagos de la última semana. En buena medida porque allí están las contundentes imágenes de la TV para recordarlos en su dramática cercanía, aun cuando la crisis consume los tiempos y lo ocurrido apenas ayer parece inevitablemente lejano y perdido.

Una TV como la nuestra, que carga sin arrepentimiento pecados múltiples de frivolidad, soberbia, indolencia, superficialidad y escaso rigor, tuvo que afrontar entre el miércoles y el jueves últimos, no sin instancias traumáticas, la necesidad de cambiar de cuajo sus rutinas y dar cuenta de una realidad de ribetes extraordinarios que se modificaba minuto tras minuto, con la violencia y la incertidumbre como denominadores comunes.

En casi todos los casos, sobre todo en la durísima jornada del jueves 20, las transmisiones contaron con un despliegue técnico y humano digno de elogio y se hicieron casi sin interrupciones publicitarias. Hubo algunos, como Canal 9, que sacaron provecho del paulatino afianzamiento en pantalla de su área informativa, sumando nuevos espacios de opinión al hasta hace poco solitario "Hora clave". Y los que, como Canal 13, volvieron a exhibir un sincronizado dispositivo aprovechando el dúplex con la señal TN; hasta que los hechos se normalizaron mínimamente, los mayores esfuerzos de continuidad noticiosa volvieron a concentrarse en el cable, donde tuvieron un muy meritorio aporte los incansables Marcelo Bonelli y Gustavo Sylvestre.

Pero detrás de coberturas intensas, candentes y prolongadas (con excepción de Canal 7, que por razones que no se aclararon mantuvo sin alteraciones buena parte de su programación habitual en el apogeo del conflicto), queda un dato significativo como inventario para el futuro: la realidad devolvió al primer plano un perfil (el informativo) que hasta no hace mucho estaba muy relegado en el orden de prioridades. Y cuando no hace mucho tiempo se subrayaba en estas páginas la sistemática pérdida de horas que habían perdido los espacios noticiosos en la programación de aire.

América y en menor medida el 9 siguieron algunos de los acontecimientos desde los espacios de los clásicos programas frívolos de la tarde, que se convirtieron en improvisados (y desordenados) foros de análisis de la realidad. Telefé, en tanto, transformó a Juan Alberto Badía de moderador habitual de los debates de "Gran hermano" a conductor de una prolongada discusión de actualidad, con invitados de fuste, en la noche del mismo jueves.

La TV es siempre la primera caja de resonancia de cualquier acontecimiento clave de la vida nacional. Y también es la de mayor alcance. No estaría de más que sus responsables pensaran en el lugar que deben ocupar los espacios informativos y analíticos de la realidad en una programación que durante mucho tiempo los marginó y que ahora debió recurrir a ellos con el vértigo que impuso la realidad. No sea cosa de que, más temprano que tarde, haya que adoptar nuevamente a las apuradas una estrategia que debería ya ser analizada concienzudamente.

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