Atrapa a un ladrón: Juan rompe su juramento y se prepara para volver a robar

Crédito: Telefe
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9 de octubre de 2019  • 23:31

Con tal de atrapar a El Gato, el fiscal Gabriel Prieto (Luis Machín) es capaz de cualquier cosa. Diez años antes la desaparición de unas pruebas clave frustraron sus chances de atraparlo, por lo que un nuevo robo con su modus operandi es su oportunidad de recuperar el prestigio. Cueste lo que cueste.

La aparición de una de las obras de arte robadas en la casa de Román Robles (Roberto Carnaghi) llevó al fiscal a meterlo preso, aún cuando por su edad y por estar enfermo de Alzheimer, es imposible de que sea el ladrón.

Así Juan Robles (Pablo Echarri), quien una década atrás era el auténtico Gato, decidió empezar a investigar quién está detrás de estos nuevos rombos, con su marca y estilo. Además de reencontrarse con su banda, fue a visitar a tres ex cómplices: Alberto Castro (Daniel Casablanca), Hugo Zanetti (Carlos Belloso) y Norberto Mansilla (Juan Pablo Geretto), los tres con muchos conocimientos y motivos para tratar de perjudicar la imagen de El Gato, y la de Juan en particular.

En un capítulo de Atrapa a un ladrón repleto de fashbacks (que incluyeron el momento en que Juan y Lola se conocen), también se pudo conocer los motivos por los cuales el protagonista abandonó el crimen. Luego de su último golpe, Juan le prometió a su esposa en su lecho de muerte que se iba a reformar para poder cuidar a la hija de ambos (Liz Fernández). Desde entonces, El Gato colgó los guantes.

Sin embargo, en la encrucijada por ver cómo hacer para que su tío recupere la libertad, Juan entiende que el único camino posible es romper ese juramento: Si El Gato (el verdadero) vuelve a robar, tanto la policía como la opinión pública entenderán que tienen preso al hombre equivocado, y Román podrá salir en libertad. Aun a pesar de la estrategia de Prieto de utilizarlo como cebo.

Mientras tanto en Barcelona, Lola (Alexandra Jiménez), descubrió a través de un ex que también es investigador, la verdad sobre los vínculos delictivos de la familia de su flamante esposo, y el motivo de su repentino regreso a la Argentina durante su luna de miel. Sobre el final del capítulo, Lola se le aparece a Juan repentinamente en Buenos Aires, de la mano de su hija. "Estamos donde tenemos que estar" le dice, sin que quede claro si su llegada la convertirá en parte del plan para el regreso de El Gato o, al contrario, su deber policial la lleve a convertirse en la peor enemiga de su propio marido.

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