Ciclo pensado para la platea masculina

(0)
26 de junio de 2002  

"Los osos", programa de interés general conducido por Lalo Mir, Favio Posca y Alejandro Fantino. Sonido: Héctor Santoiano. Iluminación: Raúl Frega. Escenografía: Edgardo Bonelli. Dirección creativa: Marcela Campos-Marcelo Strupini. Dirección: Fernando Espinoza. Producción general: Pablo Martins. Una producción de Promofilm. Miércoles, a las 23, por Canal 13.

Nuestra opinión: Bueno

Tal vez desde "Los machos" la TV no había dedicado, con excepción de los programas deportivos que tienen al varón como espectador natural, un espacio para la audiencia masculina. Para ocupar ese espacio vacío llegó "Los osos", un ciclo que no sólo toma aquellos temas que interesan a la platea masculina, sino que los plantea y los desarrolla desde su punto de vista.

Así, cada conductor pone en juego una parte maximizada de su personalidad y asume un papel bien definido con el fin de complementarse uno con otro. Lalo Mir es la voz de la experiencia, Alejandro Fantino es el guapo sensible y Fabio Posca, sin duda, es el arquetipo del "zarpado".

El trío, rodeado de una tribuna de hombres, está en el centro de un ambiente cargado de testosterona, y todos crean un clima festivo en el que la celebración es compartida entre los miembros del sexo fuerte. Es decir, así como las mujeres han construido, al menos en los últimos tiempos, sus espacios de reflexión acerca de los tópicos que más les preocupan (el amor, la soledad, la familia, la belleza, la lucha contra los estragos del tiempo), los hombres tienen como asignatura pendiente la construcción de su lugar propio. Porque aunque la sociedad civil, definida en cuanto al derecho, ha avanzado en el plano de la conquista femenina y, por lo tanto, las diferencias entre un sexo y otro se han achicado ostensiblemente, esto no significa que, esencialmente, hombres y mujeres tengan intereses si no contrapuestos al menos distintos. Siempre habrá algún hombre que diga: "Yo me hago cargo de las tareas domésticas"; y alguna mujer que afirme: "Lo que más me interesa en la vida es el fútbol". Sin embargo, en términos de tendencias, las diferencias entre los sexos permanecen inalterables.

Mir, Posca y Fantino representan a ese tipo abstracto y a la vez reconocible de hombre que disfruta del juego físico, que se siente a sus anchas siendo unas veces ordinario y otras sensible, que apela al doble sentido, que fastidia al compañero con el viejo truco de actuar el estereotipo del homosexual, etcétera. Y no es esta enumeración un reproche del mismo modo en que no se podría juzgar mal a los hombres a quienes les gusta embarrarse y golpearse, es decir, jugar al rugby.

"Los osos", entonces, con el estilo jocoso que le imprimen sus conductores, incursiona en la crítica política y económica, las curiosidades de Internet, los avatares de la paternidad, las mujeres en sus muchos aspectos, y este conjunto de temas breves antecede o va a posteriori del segmento principal del ciclo: el reportaje.

En la instancia de la entrevista, la esencia masculina que impulsa el programa pierde, de alguna forma, su peso. Si bien tanto en las entrevistas a hombres como a mujeres (Charly García, Araceli González, Florencia Peña) impera el clima varonil, lo cierto es que las preguntas en sí mismas no tienen preferencias genéricas. La ausencia de un entrenamiento colectivo a la hora de formular las preguntas al invitado, queda de manifiesto y, en verdad, el trío sufre traspiés con aquel invitado que no respeta las tácitas reglas de cordialidad televisiva.

Invitadas como Araceli González o Florencia Peña ponen su mejor voluntad en acompañar el espíritu del programa y, de ese modo, el trabajo del terceto se ve no sólo facilitado sino, incluso, mejorado. Pero no ha sido ése el caso de Charly García. Cuando un preguntador se enfrenta a un personaje que desdeña las convenciones, es decir, a quien no le importa si hace quedar mal o bien a su entrevistador, el asunto cambia. En esa circunstancia, "Los osos" pierde el dominio -tan masculino- de la situación. Y, si se permite aquí un chiste final, en esos momentos queda la sensación de que no eran tan machos, sino que simplemente eran muchos.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.