Cuando la televisión tiene la última palabra

Marcelo Stiletano
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26 de enero de 2002  

Pasapalabra, programa de entretenimientos producido por Ideas del Sur, adaptado del ciclo inglés "The alphabet game". Conducción: Claribel Medina. Dirección artística: Damián Kirzner. Producción y dirección general: Marcelo Tinelli. Por Azul, de lunes a viernes a las 20.15.

El legado, programa de entretenimientos conducido por Jorge Guinzburg. Guión: Fidel Chiatto. Producción ejecutiva: Alejandro Chernov. Dirección: Marcelo Ferrero. Por Telefé, los martes y jueves, a las 23.

Nuestra opinión: Muy Bueno.

No hay demasiados secretos alrededor de "Pasapalabra" y "El legado", más allá de la lógica necesidad de que participantes y televidentes se acostumbren de a poco a una mecánica que no se aparta de los clásicos programas con preguntas y respuestas.

Ambos ciclos, que tienen más semejanzas de las que saltan a la vista, no hacen más que aggiornar una fórmula casi tan antigua como la televisión misma, la de los quiz shows. Pero lo hacen con el entretenimiento como bandera, de una manera tal que aparecen en condiciones de entregar un verdadero aporte cualitativo a esta devaluada TV de estos días.

Que quede claro: ni "Pasapalabra" ni "El legado" surgen como propuestas revolucionarias, capaces de dar vuelta como un guante una medianía que ya es endémica en la pantalla chica. A ambos programas les alcanza con apelar módicamente a la inteligencia, al ingenio y al respeto al público, atributos que aun utilizados en dosis magras alcanzan para sobresalir nítidamente en un medio poco acostumbrado a emplearlos.

Hay una materia prima común en ambos programas. Se trate de la adaptación de una exitosa fórmula ya probada en otros países ("Pasapalabra") o de un experimento concebido localmente en un ciento por ciento ("El legado"), ambos reclaman de los participantes una estimulante mezcla de conocimiento, rapidez mental, intuición y templanza para salir airosos de los desafíos planteados en juegos que reclaman respuestas rápidas, pero nunca vertiginosas.

Y en los dos casos la atención se sostiene en buena parte gracias a que cada bloque (o ronda) tiene características bien diferentes, que además de funcionar como antídoto contra el tedio muestran a las claras cómo se puede aprovechar al máximo una idea.

Ambos ciclos siguen una tendencia abierta el año último con títulos por lo general sólidos, pero de dispar respuesta. Hasta ahora, la experiencia demostró que los mejores resultados pueden conseguirse cuando los televidentes reciben dosis equilibradas y no insistentes de propuestas que requieren acostumbramiento paulatino. La fórmula aplicada hasta ahora por "El legado" (emisiones de una hora, dos veces por semana) parece más adecuada que la salida al aire diaria de "Pasapalabra", que además debió sobrellevar sobre la marcha un enroque horario con "Memoria".

Diccionario en movimiento

En "Pasapalabra", el nombre del programa es sinónimo de esa idea fuerza, cuyo punto de partida es el diccionario. Dos grupos, cada uno de ellos integrado por dos participantes del público y un famoso, ponen en juego habilidad, destreza y memoria en varios juegos en los que la palabra es protagonista.

Hay que adivinar definiciones (más por sentido común y conocimiento popular que por cuestiones académicas), descifrar el significado de curiosos americanismos, descartar letras para armar "escaleras" de palabras afines y, finalmente, participar de una exigente rueda, llamada "De la A a la Z", en la que se ponen en juego conceptos con todas las letras del alfabeto castellano. Todo debe hacerse en el menor tiempo posible, porque los segundos ganados por quienes responden más rápido sirven para sacar ventaja frente al competidor.

"El legado", con una propuesta más tradicional que gira alrededor de preguntas sobre cultura general planteadas desde varias perspectivas (son habladas o cantadas, surgen del diccionario o del sentido común, responden a un único tema o a múltiples fuentes) propone como novedad un arranque en el que los 12 participantes disponen del premio mayor (12.000 pesos) repartido entre ellos en partes proporcionales. Si uno de ellos se equivoca en dos respuestas consecutivas debe "ceder" el monto que ganó a otro competidor, que se lo asegura si contesta bien una pregunta.

Con este procedimiento, el programa propone un régimen de eliminación atípico, que puede incluso privar a uno de los dos finalistas del premio principal (aunque se haya impuesto en la ronda decisiva de preguntas) por un mecanismo establecido antes del comienzo del programa. Así las cosas, siempre habrá espacio para el azar al lado de la demostración de conocimiento y el programa, hasta el último momento, sostiene la incertidumbre acerca de quién será el ganador definitivo.

Buenos conductores

Entre una ronda y otra, o en la víspera de una posible eliminación, Jorge Guinzburg deja por un momento su papel de conductor para chancear a los participantes y jugar humorísticamente con el perfil de cada uno de ellos. Con sus clásicas y mordaces réplicas, Guinzburg despoja al programa de su carga de tensión y además de aportarle al programa un bienvenido toque de humor, logra que los participantes se sientan bien tratados y mejor dispuestos.

Como Guinzburg, la actriz Claribel Medina es una conductora atípica, inimaginable hasta ahora en estos menesteres. Pero en "Pasapalabra" cumple su nuevo papel a la perfección. Es precisa, rápida, atenta y se compromete a tal punto que a veces reta a los participantes y a veces sufre junto a ellos cuando cometen algún error.

Con semejante compromiso y una notable capacidad para contagiar estados de ánimo, Medina logra el raro efecto de que el televidente se concentre puramente en el juego y se olvide hasta de la recompensa. Como para dejar en claro que en estos dos programas, a todas luces los más originales y logrados de la TV abierta en lo que va del año, lo más importante siempre es competir.

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