Escándalos a la hora del almuerzo

El primer envío del nuevo ciclo televisivo de Mauro Viale tuvo un rating modesto: 3,4 puntos
El primer envío del nuevo ciclo televisivo de Mauro Viale tuvo un rating modesto: 3,4 puntos
Natalia Trzenko
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29 de agosto de 2001  

Volvió Mauro. Volvió la polémica. O al menos el intento claro de conseguirla con cada invitado, cada tema y en cada bloque. Anteayer, al mediodía de América se sumó "Impacto a las 12", ciclo periodístico conducido por Mauro Viale. Ninguno de los temas de la actualidad quedó afuera del primer envío: desde el secuestro del empresario textil Abraham Awada hasta los patacones, pasando por el caso Cabezas, una gran cantidad de contenidos se sucedieron casi sin respiro durante las dos horas de programa.

"¿Me quieren, no ?", preguntaba Viale casi seguro de que, al menos en ese momento, la respuesta sería afirmativa. Porque el día del debut fue más un desfile de cariño y elogios que otra cosa. Un grupo de jubiladas que esperaba en la puerta del canal pasó de los insultos a las declaraciones de amor por el conductor que de todas maneras mantuvo su estilo y trató de encender la mecha de la polémica. "¿Usted lo pondría preso a D´ Elía?", le preguntaba al intendente Luis Patti al tiempo que acomodaba al mencionado dirigente piquetero justo frente a la cara del ex comisario. Y D´ Elía, sonriendo, expresaba lo evidente: "Empezaste con todo el programa, Mauro". Ese "todo" fue una larga charla con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, la presencia de Cacho Fontana, el enfrentamiento entre un "ex terrorista", Jorge Reyna, y un almirante de la Marina, Horacio Zaratiegui y móviles con la consigna de estar siempre en el "aquí y ahora" de los hechos.

En las dos horas del programa hubo espacio para mucho y tiempo para muy poco. Así pasaron los padres de José Luis Cabezas, las chicas de la selección argentina de hockey, Roberto Perdía y los legisladores Héctor Polino, Daniel Scioli y Mabel Muller, que opinó: "El programa es muy dinámico", tal vez porque no tuvo ni una silla ni tiempo para hablar de su candidatura a senadora.

La coconductora Marina Calabró se ocupó de los temas políticos, pero siempre cediendo el protagonismo a Viale. "Dos horas no alcanzan" decía el conductor mientras se movía en el estudio desconcertando a los camarógrafos y de paso retando a los productores, a los que es fácil imaginar corriendo detrás de cámaras.

Nada quedó afuera de la agenda del día de "Impacto a las 12". Incluso se trató un "tema tabú: el destape gay" (sic), que fue tapa de la revista Noticias. En cada charla se escondía una polémica que Viale siempre estuvo dispuesto a descubrir. De todas maneras, en este primer programa la semilla aún no dio sus frutos y todas las discusiones quedaron en sonrisas amables. Tal vez por eso el rating de anteayer no fue más que modesto, un promedio de 3,4 puntos que colocó a América en el cuarto lugar de la franja del mediodía.

Había algo de extraño en el ánimo de los invitados. Parecían sobrepasados por el estreno del ciclo y por ende obligados a destacar las bondades del programa. Dejaron sus preocupaciones para otro momento porque el torbellino de "Impacto a las 12" casi no dejó espacio para charlas. "Me ponen gente y yo hablo", decía Viale como para dejar claro que en el debut lo que importaba era más el número de invitados que lo que tuvieran para decir.

Tampoco hubo mucho tiempo para los columnistas. El doctor Claudio Zin apenas pudo desarrollar su tema del día: "El sexo en la Argentina " y el resto quedó para la próxima. Como es su estilo, Viale hizo de la mezcla su materia y para cerrar el programa alabó a la cantante lírica Gabriela Pochinsky y, ya sin tiempo para más, dejó que un grupo de jubiladas se reuniera a su alrededor para hacer todas las preguntas y los reclamos que quisieran.Allí, como del otro lado de la pantalla, no obtuvieron respuestas.

"Impacto a las 12" terminó con un Mauro Viale sentado en el decorado, agotado. Los espectadores habrán quedado igual.

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