Florencia Peña, ¿fierecilla domada?

¿Es la primera arrepentida K? Sigue siendo kirchnerista, pero resolvió volver a su patria de origen: el humor
Pablo Sirvén
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17 de junio de 2012  

El día en que la Real Academia Española quiera sintetizar en un solo vocablo el concepto "volantazo" y "nadar contra la corriente" tendrá que pensar seriamente en crear la palabra "florpeñismo".

Es que Florencia Peña, sin medir consecuencias, en el momento menos pensado, y poniéndose como siempre en excesivo peligro, se mete de contramano y aprieta el acelerador. Escorpiana de pura cepa, primero se manda; luego analiza consecuencias. Hasta ahora siempre salvó el pellejo y capitalizó unos puntitos a su favor.

Procede de manera muy extraña para ser una figura consagrada. En vez de ser conservadora y cautelosa en sus movimientos para no perder el favor popular, se juega todo sin especulación alguna cuando intenta una nueva cruzada.

Se redujo el busto cuando todas pasaban por el quirófano para abultarlo, experimentó humor feminista en Chabonas, por América, en 2000, y abandonó Botineras, a principios de 2010, en desacuerdo con el rumbo de su personaje. Agitó con furia la bandera kirchnerista en soledad cuando la colonia artística todavía miraba para otro lado y no había tantos chupamedias por conveniencia ni medios cooptados por la generosa pauta oficial. En 2010 se fue a grabar una serie a Uruguay y el año pasado se sumergió en el semianonimato de la fallida Sr. y Sra. Camas ("el mayor fracaso de mi carrera", según su coprotagonista, Gabriel Goity). Pero del mustio 0,2 de rating que lograba en la pantalla de la TV Pública saltó el lunes último a la exposición total de ShowMatch, con picos de 44 puntos, por Canal 13, nave insignia televisiva del Grupo Clarín, una corporación que si en algún momento pudo resultarle "siniestra" ahora dejó de serlo. El canal la recibe sin reproches y con los brazos abiertos porque más allá de todos los maquiavélicos y oscuros móviles que le asignan el Gobierno y sus fans, su ideología excluyente consiste en conseguir cada día más audiencia. Y Flor Peña tiene para aportar en ese sentido. Negocio cerrado para todos.

Para que no se diga que escribimos esto porque la actriz ahora trabaja para "La Corpo", bueno es recordar que cuando todavía estaba totalmente entregada a ser una suerte de "Pasionaria K", el 16 de mayo de 2010, advertimos desde esta misma columna a aquellos que la empezaban a amar y a odiar sólo por eso que no se apresuraran. "Conviene repasar algunos momentos clave de la vida de Florencia Peña para constatar -escribimos entonces- que ésta no es la primera vez que da un imprevisto volantazo que deja a los demás, y quizás a ella misma, boquiabiertos. Y probablemente tampoco sea la última."

Y aquí estamos dos años después, en el momento en que todo el mundo vuelve a hablar de la actriz y que recibe fuego cruzado de todos lados por haberse atrevido a cruzar otra vez de vereda. ¿Es la primera arrepentida K? ¿es una oportunista que traiciona la causa nac y pop? Ni una cosa ni la otra: Peña sigue siendo kirchnerista, pero se liberó de las densas crispaciones oficialistas y para volver a su patria de origen: el humor. De su anterior personalidad sólo le queda una columna semanal en un diario afín, de escasa circulación, en el que aún escribe.

Más allá de que está golpeada por su reciente separación (pesa tan sólo 47 kilos) y que además ahora hace un papel dramático muy catártico psíquica y físicamente en El h de p del sombrero, a sala llena en el Complejo La Plaza, junto a Pablo Echarri y Fernán Mirás (tanto es así que muy pronto se agregarán a las dos funciones de los sábados, otro par los viernes), Peña se viene despojando de sus ropajes militantes para volver a ser la que era: una actriz especialmente dotada para hacer reír a los demás, sin distinción de banderías.

Es curioso que proviniendo de una familia radical, con abuelo periodista y socialista, se asombre todavía de poder charlar y ser aceptada por personas y empresas que no piensan como ella. Ahora que empieza a deshacerse de ese sectarismo de pensar que hay sólo una idea que sirve (la del Gobierno), y que lo demás es lepra (capaz que acentuado, en un cóctel que terminó siendo más nocivo para ella misma que para los demás, indirectamente por el trotskismo de la familia de su ex, el músico Mariano Otero), Flor se siente más ligera y apta para retomar su romance con la comicidad. No hay competidoras a la vista: no es común que a las mujeres les guste hacer humor sobre ellas mismas. Peña siente que está en la misma poco transitada ruta en la que brilló Niní Marshall.

Con esa disposición se la vio al menos, a fin de año, en su participación estelar (y muy graciosa) en Primeras damas del musical, y luego en la temporada de verano, en Carlos Paz, en Cuando Harry conoció a Sally, junto a Raúl Taibo. Nunca le retacean aplausos y en la calle jamás vivió ninguna situación incómoda porque cualquier ideología se rinde a los pies del siempre más poderoso cholulismo.

En tanto este proceso empezaba a darse, en febrero sucedió lo inesperado, algo que excedió sus expectativas, el triple salto mortal: la propuesta de ShowMatch para integrarse a sus huestes. Hasta entonces sólo había tenido una conversación con Telefé para hacer algo con Marley, pero la negociación quedó trunca. Mientras tanto arremetía con diplomacia y seducción la gente de Ideas del Sur.

-Sacá al medio del medio. Vos sos popular y la gente te adora -la lisonjeó Marcelo Tinelli y también se sinceró-; puedo ayudarte con eso y vos podés ayudarme a mí.

La cabeza de Peña volvía a menearse de un lado al otro; la figura más popular de la TV de todos los tiempos no cedía:

-Yo no te saco un sí, pero vos no me des un no.

Y ahí se fue un mes a pensarlo, a consultarlo con amigos y familia. Nadie se atrevió a decirle qué es lo que debía hacer.

-La decisión es tuya -se lavaban las manos sus afectos.

Todos conocen el fin de esta historia. Es, sin duda, una de las noticias bomba en espectáculos del año, con cantidad de connotaciones políticas en curso y cuyos efectos todavía están por verse.

Más allá de su gracioso arranque en un sketch casi improvisado, en el que Tinelli la privilegió al tenerla como partenaire en su apertura, y su performance técnicamente impecable inaugurando el "Bailando por un sueño" de este año con una coreografía de música disco, se espera ahora con expectativa que en sus sucesivas incursiones (bailará reggaeton en ocho días) explote la capocómica que lleva adentro y que ya empezó a dar indicios con sus delirios en su recién abierta cuenta de Twitter, en donde suma divertidos videos cortos en su campaña por ¡46 millones de seguidores! (en casi tres semanas desde que arrancó ya tiene más de 125 mil) y organiza concursos para regalar una panquequera, en un divertido guiño para aquellos que están más pendientes de la política.

Sea por casualidad, o buscado intencionadamente, tres jurados que evaluaron su coreografía, le pusieron 6, 7 y 8 puntos, respectivamente. Seguramente habrá más de estas travesuras.

Tras la rutilante incorporación de Jorge Lanata, "la Corpo" celebra ahora el regreso de la hija pródiga a la pantalla que le dio su primer gran éxito (Son de diez, 1992/95).

La parodia del kirchnerismo empieza a cocinarse a fuego lento...

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