La cuestión de fondo todavía no se discute

Marcelo Stiletano
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13 de septiembre de 2006  

Sería un error monumental creer que el problema que se debate hoy en torno de los horarios de los programas más vistos se resolverá del todo una vez que los canales cumplan con el compromiso acordado anteayer con el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) para evitar de aquí en adelante los molestos e irritantes corrimientos respecto de los tiempos que se anuncian y prometen desde el propio seno de las emisoras.

Es tan provechoso que el organismo oficial de control haya cambiado una actitud hasta aquí bastante morosa por otra más activa, que coloca a esta cuestión, por fin, en el centro de un debate amplio y abierto, como preocupante la actitud de los canales líderes. Después de establecer públicamente un principio de acuerdo destinado a respetar mínimamente los horarios convenidos de antemano, anteanoche se repitió la cuestionable práctica de correr horarios (ver detalles en esta misma página), seguramente con la intención de ganar tiempo y sacar alguna ventajilla más en la lucha por el rating antes de que aparezca alguna resolución escrita consensuada.

Pero ni unos ni otros han pronunciado palabra alguna sobre la cuestión de fondo, a partir de la cual se pone en movimiento la pesadilla que cualquier televidente sensato debe soportar con el juego de los horarios corridos. En rigor, el desplazamiento es mucho más grande y más grave de lo que significan algunos minutos de un programa ganados a expensas de otro: el verdadero corrimiento es el del propio horario central o prime time, que de una manera insólita se extiende entre nosotros hasta extremos inverosímiles. Anteanoche, Argentinos por su nombre demostró que es posible llevar el prime time del lunes al día siguiente, al iniciar su emisión cuando el reloj ya marcaba el comienzo del martes.

* * *

Lo peor que le podría ocurrir al cada vez más sufrido e insomne televidente local es resignarse definitivamente a que programas atractivos por muy distintas razones ( Hermanos y detectives , Caiga quien caiga , Argentinos por su nombre , Mujeres asesinas , Amas de casa desesperadas , La liga ) den comienzo siempre a las 23.30 o tal vez más tarde, según lo que se estipule en el todavía impreciso e indefinido compromiso de puntualidad entre los canales y el Comfer.

Nadie podría decir con fundamento que los horarios tradicionales del prime time (ficciones que empezaron toda la vida a las 21 y a las 22) son meras piezas de museo. En el resto del mundo, esa costumbre hoy descartada por nuestros posmodernos , innovadores y vanguardistas programadores se sigue aplicando. Y, que se sepa, tanto aquí como en otros países hay gente que todavía se levanta temprano y que se niega con toda razón a cambiar hábitos y a modificar calidad de vida porque a los programadores de TV se les ocurrió un día (como ocurrió en algún momento con los empresarios de los boliches bailables) empezar mucho más tarde lo que siempre funcionó más temprano. ¿Qué hubiese pasado si Hermanos y detectives comenzaba, como corresponde, a las 22, o a más tardar a las 22.30? Con toda lógica podría conjeturarse que los casi 30 puntos de rating de su estupendo debut de una semana atrás, con la emisión iniciada a las 23.30, hubiesen crecido todavía más en un horario más adecuado al espíritu del ciclo y, sobre todo, a las necesidades reales de los televidentes que están cansados de sentirse como si fueran rehenes. Cautivos de decisiones caprichosas y antojadizas.

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