La lección que nos deja Perdidos en la tribu

Marcelo Stiletano
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23 de mayo de 2012  

Hay un dato que no puede soslayarse cuando se habla de los programas más vistos y exitosos del momento. Entre los nombres más conocidos y trajinados ( Graduados , Soñando por cantar , Dulce amor , Periodismo para todos , El hombre de tu vida ) se colaron anteanoche los sorprendentes 23 puntos de un verdadero tapado : el reality show Perdidos en la tribu .

Deberíamos prestarle toda la atención a este dato, porque no resulta aislado si lo abordamos desde diferentes perspectivas. La primera -e inmediata- nos dice que estamos ante la ratificación de un modelo televisivo que funciona con destacable continuidad, porque Perdidos en la tribu sigue una línea de reality shows de atractiva factura y francamente útiles para el televidente que la productora Eyeworks Cuatro Cabezas inició con Clase turista , ciclo que mereció todavía más repercusión de la que tuvo. En este sentido, queda demostrado nuevamente que Cuatro Cabezas resuelve a la perfección el desafío de mostrar lo que ocurre con algunos de nuestros compatriotas enfrentados en las antípodas del terruño natal y local a complejos desafíos de arraigo ( Clase turista ) y, ahora, a desafíos de supervivencia misma ( Perdidos en la tribu ) en Etiopía, Namibia e Indonesia.

La segunda dimensión de este pequeño fenómeno tiene que ver con la identidad misma del más flamante de todos los géneros televisivos. Después de una década y media de presencia poderosa de los reality shows en la pantalla chica del mundo, queda bien claro que cuanto más fuertes quedan planteados ciertos contrastes en el esquema básico de un ciclo más plausibles pueden ser sus resultados. Sobre todo en aquellos ciclos que obligan a sus participantes a desarrollar una cierta habilidad o ponen a prueba la capacidad de resolver situaciones adversas.

* * *

El punto de partida del experimento no es nuevo. Ya lo hemos visto en producciones de carácter más doméstico, como el que promovía por un tiempo el enroque entre madres de diferentes perfiles sociales y geográficos con la idea de ver cómo podían reaccionar frente a circunstancias desconocidas o inesperadas.

Aun en estos casos el televidente no puede evitar exponerse a los excesos de este tipo de programas (comportamientos deliberadamente forzados, sobrecarga de sentimentalismo), pero también sale ganando -como los participantes- a partir del simple hecho de ponerse en el lugar del otro, dejando de lado prejuicios, alardes de falsa superioridad.

Una lista de futuros participantes de Perdidos en la tribu debería incluir a todos los cronistas mundanos que aprovechan el privilegio de viajar (sobre todo en los mundiales de fútbol) para mofarse con un deleznable sentido del humor de la buena fe de sus ingenuos interlocutores ocasionales. También a Mauricio Benítez, el militante kirchnerista que al repartir medias con la leyenda "Clarín miente" en Angola se aprovechó de los niños pobres de Luanda para una campaña política completamente ajena a sus urgentes necesidades. Y, sobre todo, a los integrantes de Gran Hermano , que podrían encontrarle alguna utilidad a su desesperada búsqueda de fama.

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