La TV frente al cambio

El estreno de la temporada completa de la serie House of Cards en Netflix confirma una nueva forma de consumo de ficción
Natalia Trzenko
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31 de enero de 2013  

Ponerle una fecha a un cambio de paradigma es casi imposible y muy poco recomendable. Marcar un día en el calendario del consumo de entretenimiento para establecer un antes y un después en la forma que lo practicamos es riesgoso y sin embargo, a partir de mañana, cuando Netflix estrene/suba la primera temporada completa de su serie House of Cards , algo habrá que anotar.

Es que a partir de ese momento puede que la manera tradicional de ver televisión pierda algo del monopolio que sostiene desde que existe. La transición que ya hace años está ocurriendo gracias a la disponibilidad de contenidos televisivos online necesitaba de un fuerte impacto para consolidarse. Y pocas cosas más impactantes que intentar meterse en el negocio de los canales desde la Red creando y ofreciendo algunas de las ficciones más esperadas del año como la que produce David Fincher ( Red social ) y el retorno de la comedia Arrested Development . Ambas presentadas por temporada, con todos sus capítulos juntos y sin esperas. De eso se trata la gran apuesta de Netflix y el resto de las plataformas de video a demanda: modificar el modo en que se consume televisión.

La propuesta supone que dejaremos de ver las series semana a semana, un bocado a la vez, para darnos atracones de ficción. Glotones, impacientes y fanáticos seguidores de historias que antes mirábamos según las pautas marcadas por la lógica decimonónica del folletín. Un capítulo por semana y a comerse las uñas hasta la próxima entrega. Una práctica que ejercita –desafía– la paciencia del espectador, pero que, sobre todo, está planteada para que la producción televisiva funcione, haya tiempo de vender espacios publicitarios, grabar capítulos e ir construyendo la base de rating necesaria para subsistir episodio a episodio.

Un sistema que las plataformas como Netflix y sus competidores (ver aparte) no utilizan, ya que sus ganancias se obtienen por el pago de suscriptores alrededor del mundo. Esos que acostumbrados a que por una tarifa mensual pueden acceder a un catálogo de películas y series disponibles para ser vistas de a temporadas enteras ya no están cómodos viendo la "vieja" televisión. O al menos eso suponen los impulsores del video bajo demanda, que salieron a competir fuerte con la pantalla chica tradicional. Por eso, Netflix convocó al prestigioso director David Fincher y lo reunió con el ganador del Oscar Kevin Spacey para que se pusieran al frente de la adaptación de la serie británica House of Cards, un thriller político que transcurre en el corazón de Washington, en medio del Congreso y la Casa Blanca, donde el personaje de Spacey se mueve como –letal– pez en el agua. Ambicioso, furioso y tremendamente poderoso, el político que interpreta Spacey probablemente sea uno de los mejores y más entretenidos personajes de la TV modelo 2013. Excepto que no está en la televisión, claro. Y que para conseguir una serie tan contundente y asegurarse dos temporadas de trece episodios cada una, aun antes de que se viera siquiera un minuto del primer capítulo, Netflix invirtió nada menos que 100 millones de dólares para producir los 26 capítulos, cuya primera mitad estará mañana disponible para sus suscriptores.

Apostando fuerte

La cifra, enorme aun para los estándares de producción de Hollywood, dejó perplejos a canales de TV premium como HBO y Showtime, que también estaban interesados en el proyecto capitaneado por Fincher. Está claro que la pelea está planteada y que la apuesta de los novatos en el mundo de los contenidos originales es satisfacer de manera inmediata la ansiedad del espectador de una manera en que los veteranos nunca podrán conseguir.

Una estrategia que profundizarán en los próximos meses cuando se estrene la serie de terror Hemlock Grove, creada por Eli Roth –responsable de la sangrienta y exitosa Hostel–, a la que seguirá en mayo el regreso de una de las comedias con más fanáticos adictos de los últimos años, Arrested Development .

Más adelante llegarán las nuevas series de Ricky Gervais, Derek, la segunda temporada de su primera serie original Lilyhammer y Orange Is The New Black , de la productora de Weeds . Una programación completa cuyo visionado dependerá de las ansias de los espectadores. "Es posible que el atracón de contenidos haga que Netflix se vuelva más adictivo para el público, pero un espectador que se toma su tiempo para el consumo de ficción termina generando más ganancias", comentaba esta semana un artículo firmado por Andrew Wallenstein en la revista especializada Variety.

Argumentando en contra de las nuevas prácticas de consumo televisivo, la nota aseguraba que es fácil comprender el atractivo de ver toda una temporada de una vez tanto para quienes quedan desesperados por ver lo que sucederá la semana siguiente al final de un gran episodio televisivo o los que, por el contrario, se arman maratónicas sesiones en sus livings para ver una temporada entera, pero que con toda su adictiva fuerza de atracción el atracón de ficción acelera y por tanto diluye el interés del público por una serie. "La relación con un programa que de otra manera se extendería a lo largo de meses y hasta años en los canales tradicionales en las nuevas plataformas transcurre, se desgasta, en horas."

Más allá de lo que suceda en el futuro más o menos cercano, lo cierto es que hay un cambio en marcha y que mañana comienza una nueva serie de televisión que no estará en televisión.

UNA DURA COMPETENCIA POR EL CONTENIDO

Las plataformas de VOD sueñan con la serie propia

En la Argentina, además de Netflix, las plataformas de Speedy, Arnet, Cablevisión y Claro y los canales premium HBO y Moviecity ofrecen opciones de contenido bajo demanda. Sin embargo, por ahora, la lucha por ganar terreno con contenido propio se libra en el exterior. En los Estados Unidos Netflix encabeza una pelea a la que se suman Hulu y Amazon. De hecho, para su servicio de "instant video", Amazon ya empezó a crear su primera serie. Se trata en realidad de una suerte de continuación del film Zombieland que combinaba elementos del cine de terror con varios momentos de comedia.

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